Capítulo 1

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Jungkook avanzaba por el pasillo a paso firme. Como general de la guardia, su postura era recta, su mentón alto. Todo en él desprendía una infinita seguridad en sí mismo, convencido de que hacía lo que debía y como se debía sin errar en ni una sola de sus decisiones.

Un chico caminaba en sentido contrario. Su pelo era negro como el carbón, sus ojos azules contrastando contra la palidez casi preocupante de su piel. No debía de salir mucho a pasear, quizá le viniera bien alguna que otra vuelta por los jardines reales, bajo el sol.

Se miraron a los ojos un instante. Ambos hicieron un gesto con la cabeza en señal de saludo. No se detuvieron, ni siquiera cruzaron una sola palabra.

Los zapatos siguieron resonando contra la piedra fría hasta que el salón del trono apareció ante Jungkook, dejando atrás su casual encuentro. Sentado en lo alto de una tarima, el emperador lo observó con cautela mientras jugaba con una manzana roja como la sangre en su mano derecha.

El chico hizo una reverencia hacia su superior, incorporándose seguidamente y quedándose en silencio mientras el hombre se mantenía pensativo en su lugar.

- ¿Sabes por qué te he hecho llamar?

-No, señor-negó Jungkook con un tono alto y claro, como siempre hablaba desde que se había acostumbrado a ser una de las personas al mando en el palacio. Debía dar ejemplo.

-Tal como acordamos el otro día, se les envió las propuestas de matrimonio a las casas Lee y Park. Hoy mismo he recibido la respuesta-la voz del hombre era grave, gruesa. A sus largos cuarenta ya parecía algo cansado de su poder.

Jungkook esperó, era su deber.

Recordó la última reunión que se había llevado a cabo hacía tan solo unos días, sorprendido de que las respuestas fuesen tan rápidas. ¿Habían acaso llegado a pasar dos semanas? Lo dudaba mucho. También era cierto que la importancia de las cartas había conllevado al hecho de que los caballos más rápidos fueran los designados para aquella misión, pero...había por lo menos cinco días de viaje a cada una de las casas, sin contar los descansos o las paradas para dormir.

-Han aceptado. Las dos.

Jungkook apretó la mandíbula disimuladamente, el único signo de disconformidad que se pudo percibir en él.

- ¿Cuándo llegarán las princesas? -preguntó solamente.

-De eso justo quería hablarte-el hombre se puso de pie, caminando hacia el general de la guardia con paso lento-. Ya han partido hacia aquí. Llegarán dentro de 3 días.

- ¿3 días? -no pudo evitar preguntar el chico. La sorpresa lo había hecho hablar, más había sido capaz de contener cualquier otra posible reacción.

-Sí. Tienes hasta entonces tiempo para prepararte y descansar, porque a partir de ese día estarás muy ocupado con tu nueva asignación.

Jungkook quiso fruncir el ceño, pero se quedó en silencio de nuevo. Vio como el emperador se colocaba justo frente a él, las pesadas ropas haciendo ruido con cada roce.

-Tu nueva misión será preparar al nuevo emperador para la vida que se le avecina. Aquí tienes las principales tareas que debes asegurarte de cumplir-le entregó un pequeño papel doblado que el joven cogió. El hombre le dio la espalda para subir de nuevo a su trono, su rostro cansado.

Jungkook abrió el papel para empezar a leer la lista de tareas. Debía enseñarle a luchar, cazar, planear estrategias, recibir visitas, todo tipo de bailes de la corte y...

- ¿Hay algo que quieras decirme? -preguntó el de pelo canoso desde su asiento.

-Yo...-dudó de intervenir-. ¿Por qué debo hacerlo yo?

El hombre levantó una ceja.

-Es la primera vez que me cuestionas en todos estos años. Solamente por ese motivo te contestaré-se interrumpió para toser con fuerza. Se recuperó y procedió-. Eres una de las únicas personas en las que confío plenamente, por no decir la única. Sé que no me fallarás porque nunca antes lo has hecho.

-Pero yo no sé hacer muchas de estas cosas. ¿Cómo se supone que debo saber cuál es el trato a una mujer? ¿Realmente debo tratar también el tema del lecho?

El emperador rió. Era divertido ver al muchacho enrojecer cuando siempre se mantenía concentrado e impasible.

-Por eso mismo tienes tres días. Si hay algo que no sepas, lo aprenderás. No por nada te llaman "el chico de oro". Sé bien que no hay nada que se te resiste, desde montar a caballo a dibujar. Cazas, dominas el trato a la sociedad, tienes todos los modales, peleas...y podría seguir-al oírlo hablar así, Jungkook sintió, aun sin querer, un enorme orgullo y, a su vez, complejo. No le gustaba destacar, prefería pasar desapercibido-. ¿Por qué no puede ser mi hijo como tú? La de problemas que me habría ahorrado de ser así. Pero no. Solo sabe encerrarse en su habitación y leer esos malditos libros...

- ¿Hay alguna condición que deba saber?

-No. Dispones de total y completa autoridad ante cualquiera después de mí y, obviamente, mi hijo. Tendrás a tu disposición todos los recursos que necesites, solo tienes que pedirlos.

Jungkook asintió, pero no tenía todavía ni idea de cómo haría todo aquello.

-Puedes usar los métodos que consideres más convenientes. Dibujos, explicaciones, o incluso práctica-le guiñó un ojo al joven, el cual así pudo entender a qué se refería con esto último-. Si necesitas mujeres también puedes pedirlas, aunque quizá las rechace, te aviso. Ya intenté llevárselas alguna vez, pero nunca las ha probado. No estoy seguro de si es lo suficientemente católico como para esperar al matrimonio o si tiene alguna malformación. ¡Pero debes asegurarte de que cumpla también esa tarea como esposo! Si no le genera un heredero, la corona podría perderse en las manos equivocadas.

Jungkook quiso irse corriendo de allí. ¿Por qué le estaba contando algo como aquello a él? ¡No iba a poder mirarlo a la cara si seguía así!

- ¿Es eso todo, señor?

-No. También prepararás a las posibles futuras emperatrices.

- ¿Qué?

La carcajada del hombre fue tan escandalosa que se pudo oír en el pasillo de fuera.

-No temas. El único requisito es que sigan vírgenes para el ritual matrimonial, ya lo sabes.

-Pero...

-Ya puedes retirarte. No me falles, hijo. Cuento contigo.

Jungkook hizo una reverencia y salió de allí con necesidad urgente de ir a por aire fresco. ¿Cómo se suponía que iba él a conseguir todo aquello? Si todo salía como habían planeado en la última reunión, la boda sería dentro de tres meses. ¿Debían todos estar listos para entonces? Pero ¡era imposible que él solo entrenase de tantas formas a tres personas diferentes!

Pero lo peor no era aquello. Tendría que... ¿verlo a él? ¿Pasar tiempo con él? Parecía tan frío y distante...aunque solo habían cruzado un par de palabras en toda su vida. Para el guardia, el príncipe parecía un vampiro, de una belleza inquietante y perfecta, pálido y reservado. Era misterioso, siempre encerrado en su habitación.

Además, había algo que lo inquietaba. Desde pequeños, no había vez que el chico no se quedase mirándolo, incomodando a Jungkook con aquellos ojos que parecían cristales de hielo que lo atravesaban por completo. La mayoría de las veces reprimía un escalofrío y seguía sus tareas, ignorándolo por completo. Tampoco es como si pudiesen hablar.

-Oh señor-susurró antes de bajar las escaleras a trote-. Necesito ver a Jimin ya.

Pero el rostro del futuro emperador, Taehyung, no se iba de su mente.

Mi deberWhere stories live. Discover now