Cuando me fui de aquella casa deje todo atrás, mi familia, mis amigas... pero sobre todo a Noah. Aunque pareciese un poco drástica la elección fue la única forma de arreglar lo que estaba pasando.
Han pasado tres años desde que escapé y no me arrepiento de haberlo hecho. Vivo en un pequeño piso de dos habitaciones - para dos personas que somos - que me permito pagar con mi sueldo. No me puedo quejar de mi trabajo ya que mi jefa me trata como si fuera su hija. Además también voy a la universidad con ayuda de muchas becas.
En fin, mi vida no es para tirar cohetes pero es la que me gusta y no la cambiaría por nada del mundo.
He intentado olvidarlo todo pero no lo he conseguido, sobre todo al tener a un mini Noah correteando por la casa.
