Maika.
Shawn se encuentra encadenado de brazos y piernas en el centro de una de las habitaciones de los sótanos. Su cuerpo simplemente está lleno de ríos de su propia sangre. Su rostro no se reconoce mucho debido a los golpes que le han propinado. No tiene camisa. Sólo tiene unos raídos pantalones, rotos y sucios. Está descalzo. Está siendo golpeado en el torso por dos hombres y electrocutado con varios Taser por otros tres hombres, dejando su cuerpo lleno de los dardos que contienen los electrodos. No puedo imaginarme el dolor que debe estar sintiendo.
Y pensar que lleva allí dos semanas.
Un jadeo sorprendido me delata y los hombres que están revisando las cámaras de seguridad voltean a mirarme. Ellos me miran con algo de temor en sus expresiones, entonces recuerdo que debo tener un aspecto terrible con el vestido lleno de sangre y el cabello revuelto. Doy un par de pasos hacia atrás cuando ellos cierran completamente la puerta justo sobre mi cara y me doy la vuelta para correr hacia el primer piso. Bajo las escaleras rápidamente y giro hacia un pasillo estrecho que lleva a los sótanos.
Las paredes se ven tan estrechas, que siento como si en cualquier momento pudieran caer sobre mí. Incluso, miro hacia atrás constantemente, porque en mi atrofiada mente siento como si me estuvieran persiguiendo para rebanarme la garganta. No dejo de correr en ningún momento, hasta que llego a esas escaleras de cemento poco iluminadas y de aspecto sombrío. Gritos y gemidos de dolor salen del interior y reconozco de inmediato la voz de Shawn, o lo que era de él.
Tengo que hacer algo.
Bajo rápidamente las escaleras y llego a las puertas dobles de madera vieja que raramente no están custodiadas y trato de abrirlas, pero las perillas no ceden. Empiezo a golpear las puertas con mis puños y justo cuando estaba por empezar a gritar, una mano cubre mi boca y un brazo pasa por mi cintura para levantarme en el aire. Gimoteo contra la mano que me cubre y empiezo a patalear y a pegarle al hombre que me sostiene, hasta que me da la vuelta y puedo ver a mi padre y a Taylor en lo alto de las escaleras.
―¿Qué esperabas lograr, pequeña Maika? ―cuestiona entonces mi padre con voz divertida, una vez que el hombre me deja de nuevo en el suelo, frente a ellos.
―¡Te odio! ―escupo simplemente, arremetiendo contra él y tratando de alcanzarlo con mis uñas, hasta que su hombre agarra mis brazos y los inmoviliza detrás de mi espalda. Me retuerzo en su agarre, pero es inflexible.
―Cariño... Shawn debe ser castigado por su traición ―Me dice simplemente, observando su reloj con desinterés―. Nadie sale vivo después de traicionar mi confianza ―asegura con desdén y entonces me mira a los ojos―. Y tú tampoco lo harás, linda... Tarde o temprano, terminarás como Jennifer y su madre ―sentencia y eso me hace gritar con furia.
―¡Eres un ser despreciable! ―gruño, revolviéndome en las manos de su hombre y logrando moverlo apenas unos pasos de su lugar―. ¡Tarde o temprano morirás como la rata cobarde que eres! ―siseo, y entonces, en un movimiento tan rápido que no alcanzo a ver claramente, siento que mi cabeza es girada con fuerza hacia la derecha debido a la fuerte bofetada que me suelta mi padre. Jadeo y pierdo el equilibrio, respirando con dificultad debido al intenso dolor del golpe. No caigo al suelo porque el hombre me tiene firme en su agarre.
―¡No le hables así a tu padre, niña! ―gruñe mi padre, organizando su corbata y parándose derecho una vez que se aleja de mí. Simplemente lo ignoro y no dejo que las lágrimas se derramen por mis sucias mejillas―. Taylor, encárgate de limpiarla, de llevarla a otra habitación con el mocoso y de conseguirle un vestido nuevo para mañana ―ordena a su hombre de confianza y luego siento que Taylor toma mi codo.
―Enseguida, señor ―promete Taylor y me insta a caminar de nuevo hacia el pasillo principal de la primera planta.
El camino de regreso al segundo piso se vuelve tenso y se llena de un silencio lleno de incomodidad. El agarre de Taylor sobre mí es firme, pero no doloroso. Él me guía con suavidad por los pasillos, me sostiene cuando de repente ya no tengo fuerzas para caminar y me anima a continuar con una simple mirada de sus tranquilos ojos azules. ¿Por qué este hombre se comporta de esta manera conmigo? ¿A qué mujer le recuerdo? Acaso... No, imposible... ¿Ha estado aquí todo este tiempo por mi madre, Samantha Philiphs, la mujer más fría del planeta? Eso sería algo realmente extraño y desagradable, pero al mismo tiempo, no tan descabellado.
Eso explicaría muchas cosas.
―Ésta será su nueva habitación, señorita Maika ―Me dice Taylor de repente, instándome a ingresar a una de las habitaciones de huéspedes del segundo piso. Veo que Taylor les da un asentimiento a los hombres de papá a su cargo y ellos asienten, mientras se van por el pasillo acatando su orden silenciosa―. Ellos se encargarán de traer el vestido que he encontrado para usted a petición de su padre ―comenta al ver mi leve curiosidad―. Por ahora, tome una ducha y vístase con la nueva ropa que el señor Anderson trajo para usted desde ayer ―Él me señala el clóset de la habitación y yo, a pasos lentos y desganados, me dirijo hacia él. Abro una de las puertas y me encuentro con la ropa de más fina calidad y de todas las marcas que antaño me encantaban. Qué superficial era antes. Tomo un conjunto de ropa interior, una camiseta y unos simples vaqueros, para dirigirme al cuarto de baño―. La esperaré aquí, señorita ―dice Taylor y yo simplemente lo ignoro.
Me observo por un momento en el espejo de cuerpo completo que hay en el baño y me doy cuenta que en realidad parezco un espanto, o por lo menos, una actriz de películas de terror. Muy lentamente, bajo la cremallera del vestido ensangrentado y me lo quito rápidamente, tirándolo dentro del bote de basura del baño. El largo vestido por supuesto que no cabe en el pequeño recipiente, pero me encargo de introducirlo todo lo posible, con la rabia y el odio dominándome. Me saco la ropa interior y ésta también sufre el mismo destino.
Finalmente me introduzco en la ducha y dejo que el agua caliente me moje. La sangre de Jennifer que ha quedado en mi piel es lentamente lavada de mi cuerpo y yo me abrazo a mí misma mientras los sollozos se apoderan de mí. Las lágrimas se camuflan con el agua y mi llanto con el sonido de la ducha. Siento un dolor tan intenso y asfixiante al ver el rastro de su sangre siendo absorbido por las tuberías, que temo desmayarme en cualquier momento.
Me aplico el jabón líquido que hay en todas las habitaciones de la casa y no dejo de llorar hasta que ya no queda rastro del color rojo en mi piel. Dejo que el agua me aclare y me quedo ahí por un largo rato, hasta que los sollozos pierden intensidad y mi llanto cesa. Siento que he quedado vacía de cualquier emoción, buena o mala. No siento nada. Mi mente se pierde en recuerdos dolorosos, en momentos felices, en instantes placenteros. Y luego ya no pienso en nada más que en Zack.
¿Qué estás haciendo, Zack?
¿Estás bien?
¿Vendrás...por mí?
Cierro la regadera y decido que es hora de salir. Tomo una toalla y me seco, para luego vestirme rápidamente y salir al encuentro de Taylor. Él está mirando fijamente algo que hay sobre la cama, pero no logro ver nada porque su cuerpo me lo impide. Está de espaldas a mi, con sus manos entrelazadas en la parte baja de su espalda y con los hombros tensionados. A su lado, veo una caja blanca que tiene el nombre de un famoso diseñador en la tapa y supongo que es el maldito vestido de novia. Con un toalla en la cabeza y descalza, doy unos pasos hasta estar junto a Taylor.
Entonces abro mis ojos como platos al ver lo que tiene sobre la cama. Doy un paso hacia atrás y llevo una mano hacia mi pecho, tratando de calmar mis latidos, los cuales se aceleran de inmediato. Taylor tiene un maletín plateado de esos que siempre llevan armas o dinero, esos que ves en las películas de acción y que siempre son llevados por los tipos malos. Me llena el miedo cuando observo una bolsa, larga y delgada, llena de sangre.
¡Sangre, por todos los santos!
―¿T-Taylor...? ―jadeo, asustada.
Entonces, sus ojos se clavan en los míos.
Serios y decididos.
―Tengo un plan.
*****
Dicen que cuando estás a punto de morir, tu vida pasa en segundos frente a tus ojos.
Que en tu mente se reproduce tu vida como si fueran las escenas de una película mal montada. Que no puedes pensar excepto en todas esas situaciones que hubieras querido cambiar, en todas las veces que pudiste haber hecho las cosas diferentes, en las personas a las que les pudiste haber pedido perdón o dicho palabras distintas. Todo eso regresa a tu mente en cuestión de segundos y así como llegan para perturbar tu paz, así mismo se van.
Me siento de esa manera ahora mismo.
Siento que en cualquier momento podría morir por hacer esto.
Por casarme.
Mientras camino por el estrecho pasillo que se ha hecho para la ceremonia, ese de alfombra roja y decorado con flores que hace de camino hacia el altar, temo desmayarme en cualquier momento. Siento que mi pecho se aprieta y que no puedo respirar muy bien. Quiero pensar que no es la almohadilla llena de sangre falsa descansando en el interior de mi mejilla, ni la almohadilla sujeta alrededor de mi cuello, oculta por el cuello alto del maldito vestido de novia. Sé que es el temor de que mi padre descubra el teatro que Taylor y yo estamos a momentos de protagonizar.
Sería terrible si alguien lo descubre.
Taylor me contó esta mañana el plan que tienen Zack y los chicos. Piensan emboscar la mansión y rescatarnos a Shawn, a Sigmund y a mí. Que habían pedido ayuda de alguien muy importante para poder llevar a cabo su plan, pero siento como si algo malo pudiera suceder de repente. ¿De verdad puedo tener esperanzas? ¿Podré quedar libre de las garras de Dustin y de mi padre con el esfuerzo que posiblemente estén haciendo los chicos en este momento? Siento que tropezaré y caeré desmayada en cualquier momento. Mis pasos vacilan un instante, pero el agarre inflexible de mi padre llevándome al altar me impide hacer el ridículo, o mejor sea dicho, me impide escapar.
Tengo muchas ganas de salir corriendo, pero sé que no lograría nada. Sé que simplemente podría echar a perder el plan de Zack y los chicos. Sé que debo soportar esta maldita ceremonia hasta el final, incluso entiendo que los chicos podrían no llegar a tiempo para impedir la boda y que finalmente tendría que unirme a Dustin. Pero no quiero eso. No quiero tener que pertenecerle, porque lo odio. Odio al hombre tan profundamente como a mi padre por prestarse a actos tan bajos como éstos: obligarme a ser su esposa, llevando en mi vientre el hijo de alguien más.
Ignoro ese pensamiento que en cualquier momento me puede hacer derramar lágrimas y mejor me distraigo observando las personas alrededor, invitados de mi padre que de alguna u otra manera se han ganado su lugar en esta boda por hacerle favores ilícitos a cambio de jugosas recompensas monetarias. Observo sus sonrisas alegres y de admiración, apreciándome como un trofeo y no puedo evitar pensar en lo hipócritas que son. Sé que saben perfectamente que esta boda no es precisamente por mi voluntad. Saben que mi padre me obliga y no hacen nada por ayudarme. Pero, ¿quién lo haría? Nadie es tan loco como Zack para enfrentarse a mi padre.
Ya deseo verlo.
No escucho las palabras que mi padre burlonamente le dice a Dustin cuando me entrega en el altar, simplemente me giro hacia el cura sin ver a Dustin y espero a que mi padre se aleje de mí lo antes posible. Él se va a un lado del altar, con Taylor a su lado como su principal escolta. Comparto una leve mirada con Taylor y sus ojos estoicos me hacen sentir nerviosa de repente. Tranquila, Maika, me digo, simplemente debes sacar tus dotes de actuación. Respiro hondo y pienso en cosas banales, triviales y de poca importancia para no escuchar lo que dice el cura. Simplemente intervengo cuando debo hacer o decir algo.
La parte del intercambio de votos es lo peor.
Tengo que escuchar la mierda que mi padre le ordenó a Dustin que dijera.
Toda una proeza.
―...prometo respetarte, serte fiel y permanecer a tu lado hasta que la muerte nos separe... ―Resoplo con burla cuando realmente escucho unas cuantas palabras.
¿De verdad? ¿Por qué esto me suena como la estupidez más grande jamás dicha por él? Antaño hubiera anhelado escuchar esas palabras salir de sus labios dirigidas especialmente para mí, pero ya no lo deseo más, gracias al cielo. Odio el recuerdo de mi yo anterior, la cual se sentía menos cuando este mismo hombre le decía palabras terribles de desprecio y la cual se maravillaba con un insulso "te quiero" de su parte. Agradezco haber abierto los ojos y darme cuenta de que yo no era la culpable de nuestra pésima relación, sino que él era el único responsable de que mi autoestima se viese afectada.
Ahora, dejando de lado el hecho de que me estoy casando con él, puedo decir con libertad que lo desprecio profundamente y no tengo ningún remordimiento. Deseo que se pudra en el infierno.
El cura me concede el permiso para decir mis votos y yo los escupo de manera robótica, mecánica, como si no fuera yo misma quien las dice, sino la máquina en la que de repente me he convertido. Después de eso nos colocamos las sortijas y yo alejo mi mano rápidamente del agarre de Dustin.
―Continuemos ―dice el cura nuevamente, levantando sus manos hacia el cielo como si ofreciera una plegaria o diera gracias a Dios―. Dustin Parrish, ¿acepta usted a la señorita Maika Anderson como su legítima esposa, para respetarla, serle fiel y acompañarla por el resto de su vida hasta que la muerte los separe? ―Esas palabras del maldito cura me paralizan.
¿Era necesario armar el teatro completo?
¿Tanto así quería burlarse mi padre de mí?
―Acepto ―dice entonces Dustin, mirándome con sus ojos altivos y burlones.
Le lanzo mi peor mirada de odio, fulminándolo.
―Maika Anderson, ¿acepta usted al señor Dustin Parrish como su legítimo esposo, para respetarlo, serle fiel y acompañarlo por el resto de su vida hasta que la muerte los separe? ―Me pregunta finalmente el cura.
La pregunta del millón.
¡Por supuesto que no!
De repente, quiero gritar y llorar mi desagrado con toda esta situación. De pronto todo es demasiado y toda esta farsa me supera. Mi corazón se acelera y, nerviosa, me pongo a mirar alrededor, desesperada, esperando que alguien, ¡quién sea!, pueda ayudarme y me saque de esta situación. ¿Por qué mi padre me hace esto? No tengo la más mínima intención de responder esa pregunta. Observo un movimiento de mi padre y veo que lleva su mano hacia su cintura, donde mueve parte del saco de su traje para dejarme ver el brillo de su Glock 9 milímetros enfundada en la cinturilla de sus pantalones. Mis ojos conectan con los suyos y sé que me ordena que responda, pero no puedo, mis cuerdas vocales se niegan a cooperar llegados a este punto. Niego con la cabeza, imperceptiblemente, y el gesto de furia en mi padre alcanza proporciones épicas.
―Por favor, padre, continúe... Mi hija simplemente está nerviosa, por eso no puede contestar por sí misma lo que tanto la emociona ―interviene mi padre y entonces me paralizo.
Es cierto, llegados a este punto, mis deseos no importan.
Recuerdo entonces que todo esto fue comprado y organizado por mi padre, todas las personas aquí presentes fueron compradas por mi padre, ¿por qué el cura sería diferente? Eso me queda confirmado cuando el cura carraspea, evita mi mirada y sigue adelante con la ceremonia como si nada hubiera pasado y como si no estuviera yo aquí, gritando internamente para que alguien me ayude. Observo levemente a mi izquierda, hacia donde se encuentra mi madre sentada junto al pequeño Sigmund y me la encuentro como siempre: con la mirada perdida y el semblante taciturno. ¿Acaso no le importa lo que le pase a su hija?
Es obvio que no.
Estoy por observar a Sigmund, pero las palabras del cura me hacen girar la cabeza de golpe.
―...si existe alguien en este lugar que considere que esta ceremonia no debe llevarse a cabo, que hable ahora o calle para siempre ―dice de pronto el cura que está oficiando la boda y al instante abro mis ojos como platos.
Pero entonces no me puedo sorprender del todo, cuando se oye el estruendo de las puertas del patio principal siendo abiertas de un solo golpe. Y de repente se oye un grito atronador que resuena por todo el lugar.
―¡Malditamente me opongo! ―grita con furia una voz que conozco demasiado bien y que me hace darme la vuelta sobre el altar en un instante, mientras un silencio sepulcral y un ambiente de tensión se forma en la atmósfera.
Mis ojos siguen abiertos de par en par mientras observo que nada más y nada menos que Zack, Dios santo, ¡Zack!, ingresa al patio y levanta su mano haciendo una señal extraña hacia los árboles que rodean esta parte de la mansión, para que finalmente resuene en el aire un silbido extraño que ocasiona que muchos hombres armados hasta los dientes y vestidos completamente de negro salgan de su escondite y empiecen a llenar la estancia a cada segundo que pasa.
Tengo mis ojos abiertos como platos, mientras no aparto la mirada de Zack.
―¡Al suelo! ¡Todos al suelo! ―grita de repente un hombre al que reconozco como Parker, el cual sale detrás de un árbol, y los demás hombres lo imitan gritando lo mismo, los cuales empiezan a amenazar a los invitados con sus armas.
Todos los presentes empiezan a gritar y se asustan claramente al verse en la mira de las armas que poseen los hombres de Zack, pero hacen lo que les piden y se lanzan al suelo entre sollozos y temblores.
―¡Taylor, qué es ésto! ―exige saber mi padre de repente, con un tono de claro enojo resaltando en su voz, lo que me hace apartar unos segundos mi mirada de Zack para posarla en mi padre.
―No tengo idea, señor ―responde simplemente Taylor y yo trago saliva al recordar el papel que debo actuar en unos momentos.
Vuelvo mis ojos a Zack y él llega al lugar más cercano al altar.
Alcanzo a oír como ecos lejanos los gritos de los invitados que han venido a la boda esperando una gran ceremonia, pero solamente han encontrado desgracia. Puedo ver por el rabillo del ojo y oír que algunos hombres socios de mi padre creen que pueden hacer algo en esta situación, sacando sus malditas armas para defenderse, pero que en el instante siguiente son rápidamente reducidos por Parker y sus hombres. Pronto casi todas las personas han sido reducidas a rehenes y nadie se atreve a hacerse el valiente. Aunque algunos conocidos de mi padre han sido dados de baja y sus esposas sollozan desconsoladas a sus pies.
Y sólo entonces, Zack me mira.
La intensidad de su mirada me golpea con tal fuerza, que temo salir corriendo hacia sus brazos de inmediato. Me detengo cuando recuerdo que eso puede echar a perder todo lo que Taylor y Zack han logrado para ayudarme. Zack está muy guapo, por supuesto, como siempre. Tiene este atuendo de color negro que se le ajusta a los músculos y que para nada le hace justicia. Sus ojos se vuelven brillantes con anhelo cuando me ve. Y yo quiero estar allí, a su lado, abrazarlo y besarle como si no hubiera un mañana, pero no todo sale como queremos.
Porque a mi lado, aún está Dustin.
Aún está mi padre.
Y toda esta situación aún nos envuelve.
―Jefe, lo encontramos ―dice de pronto alguien a mi derecha, que hace que Zack aparte sus ojos de mí y los centre en el hombre a su izquierda. Entonces me doy cuenta de que ese hombre tiene a Sigmund tomado de su mano, me alarmo por unos instantes, pero me relajo al ver que el niño le sonríe a Zack y que éste le devuelve la sonrisa, al parecer sorprendido y conmovido.
―Llévenselo ―ordena Zack finalmente y me complace saber que estará lejos de este lugar.
Me doy cuenta de que el hombre carga sobre su hombro a Sigmund y trata de salir corriendo por el patio, pero se detiene al ver que mi padre enloquece con su arma.
―¡Alto ahí! ―grita mi padre, sacando su 9 milímetros, pero Zack le apunta con su arma y se quedan mirando fijamente―. Maldito Zackary... ―sisea y yo me angustio al oír que mi padre dice el nombre completo de Zack.
―Maldito Chuck ―sisea Zack―. Ya basta viejo, esto es entre tú y yo... Déjalos a ellos jodidamente en paz ―gruñe, dando un paso al frente.
―Supuse que harías algo como ésto, pequeño Z, pero como ya sabes... Siempre tengo un plan de reserva ―dice y veo que mi padre sonríe como si fuera un gato que se ha comido al canario―. Taylor ―espeta y me paralizo un instante, al ver que el hombre de confianza de mi padre se acerca a mí en un instante, pasa su brazo por debajo de mi cuello y coloca aquel afilado cuchillo justo en mi yugular, sobre el vestido.
Allí donde nuestra sangre falsa descansa.
Veo que Zack apunta de inmediato su arma hacia la frente de Taylor y que la duda se refleja en él por un instante. De repente, el miedo me atraviesa. El miedo de que mi actuación arruine completamente la misión. Respiro hondo y me obligo a hacer esto. Taylor ya me explicó muy bien lo que debía hacer. Sé que tengo que hacer esto para zafarme de mi padre, aunque a Zack le duela. Porque sí, Taylor me aseguró que no saldría viva de esta casa. Mi padre sospechaba que no podría librarse de Zack por más tiempo y planeó hacerlo sufrir al asesinarme. Y lo hubiera logrado, si Taylor no estuviera de nuestro lado.
Así que le daremos a mi padre lo que quiere.
Moriré frente a los ojos de Zack.
―¡No, Taylor! ¡Por favor! ―grito entonces, visiblemente aterrada y llorando con fuerza, retorciéndome todo lo que puedo entre el agarre firme pero gentil de Taylor.
―¡Déjala, maldito! ―gruñe Zack, ajustando su arma contra Taylor.
―Será breve, un sólo corte ―Empieza a decir Taylor y por un momento, siento como si fuera a hacerlo de verdad, cuando ajusta la punta de la navaja contra mi cuello―. Señor, déjeme hacerlo en otra parte ―pide entonces Taylor, tal vez en su último intento de lograr que esto no le afecte a Zack, pero el grandioso Chuck Anderson se burla.
―No... No... Quiero que él lo vea ―sentencia mi padre y eso me paraliza.
¿Cómo es posible que tu propio padre sea capaz de ordenar que te asesinen sin ningún remordimiento? ¿Qué clase de hombre es él? ¿Por qué tuve la desgracia de ser su hija? Miro levemente hacia donde mi madre está sentada en el suelo, siendo reducida como rehén por uno de los hombres de Zack, mirando a la nada como si no estuviese pasando algo importante. Están apunto de asesinar a su hija y nada. Aparto mis ojos de ella cuando escucho lo que Taylor me dice.
―Es hora, Maika ―advierte Taylor en mi oído en un susurro imperceptible.
Me pongo tensa, mis manos se aprietan en puños y mis ojos se unen a los de Zack una última vez, transmitiéndole un sentimiento de desolación, lo que le hace fruncir el ceño. Sé que he de parecer como si me hubiera dado por vencida, pero eso es lo que Taylor y yo acordamos. Que teníamos que actuar muy bien, como profesionales.
―Enseguida, señor ―dice Taylor y hacemos algo loco.
―¡NO! ―oigo el desgarrador grito de Sigmund en la lejanía y me odio un poco por eso al oír la tristeza y la desesperación de su infantil voz atravesarme, cuando Taylor hace un corte limpio horizontal, muy rápido, en mi cuello, lo cual ocasiona que la sangre falsa debajo del cuello alto de mi vestido empiece a emanar de "la herida" de manera escandalosa.
Y yo me meto de lleno en el papel.
Empiezo a gorgotear y gimotear, mientras muerdo con fuerza las cápsulas de sangre falsa dentro de mis mejillas y respiro con aparente dificultad, para que la sangre "obstruya mi vía aérea" y pueda derramarla por mi boca como si me estuviese ahogando, logrando que la sangre manche mi vestido blanco de manera aterradora. Dejo también que mis piernas cedan y que mi cuerpo caiga entre los brazos de Taylor, observando con dolor que Zack cae de rodillas al suelo, suelta su arma en el suelo y agarra su cabello entre sus manos con fuerza mientras aprecia con horror cuando dejo de moverme y mis brazos caen a mis costados.
Cierro mis ojos y me desplomo sobre Taylor, derramando mis últimas lágrimas.
―¡No, no, no! ―Oigo que está gritando Sigmund, claramente sollozando desconsoladamente y soltando desgarradores gritos.
Siento que Taylor lanza mi cuerpo "aparentemente sin vida" sobre sus hombros una vez que oigo el chillido metálico de su cuchillo en el suelo y empieza a caminar hacia la puerta de seguridad que está detrás del altar y se encuentra cubierta por las plantas que antaño plantó mi madre. Seguramente pasamos a lado de Dustin, quien posiblemente está con sus ojos abiertos y retorciéndose en el suelo como si fuera él al que acaban de cortarle la garganta. Eso simplemente me llena de una intensa furia y me entran unas irracionales ganas de bajarme de Taylor y darle unas cuantas bofetadas.
―Deshazte de ella, Taylor ―ordena mi padre de repente en la lejanía, soltando sendas carcajadas por toda esta situación.
―Sí, señor ―responde Taylor simplemente y pronto hemos desaparecido por la puerta, hacia los límites de la propiedad.
Respiro con un poco más de tranquilidad cuando abandonamos la mansión y nos adentramos al pequeño bosque que rodea la propiedad. Tanto Taylor como yo conocemos estos lugares con exactitud, pues era aquí donde él mismo me enseñaba a manejar las armas que mi padre avalaba. Pero entonces, justo cuando sentía que nos habíamos librado de lo peor de la noche, se oye el siseo de una bala cortando el aire y pronto Taylor suelta un gimoteo de dolor, mientras tropieza con sus propios pies y cae al suelo.
Suelto un pequeño grito aterrado cuando me veo en el suelo también y trato de proteger mi vientre con mis brazos, haciéndome un ovillo sobre la tierra. Volteo discretamente mi cabeza hacia atrás y veo a Dexter bajando de un salto de uno de los árboles más cercanos, disparando hacia Taylor, impactando en uno de sus brazos, ya que su pierna fue herida para hacerlo caer. Entonces lo entiendo. Sé lo que debe estar pensando al vernos. Yo, inmóvil, sangrando, en los brazos de Taylor, cuando debería estar caminando a su lado. Sé que debe imaginarse lo peor, que Taylor los ha traicionado.
―¡Espera! ¡Dexter, espera! ―grito, cuando veo que el amigo de Zack está apuntando con el láser de su arma en la frente de Taylor―. ¡Espera, no dispares! ¡Estoy bien, estoy bien! ―digo en un sollozo, cuando toda la situación me supera y termino llorando como bebé frente a ambos―. Estoy bien, sí... ―Cubro mi rostro con mis manos y rompo en un llanto desconsolado, pensando en lo terrible que se debe estar sintiendo Zack.
Santo cielo, debe pensar que estoy muerta...
Y Sigmund.
Dios.
―Ya... Tranquila, todo está bien, estás a salvo ―Miro por entre mis dedos que Dexter pone su arma sobre su espalda y se agacha a mi lado para levantarme en sus brazos―. Ya veo que el plan de Zack no salió como esperaba ―comenta y Taylor asiente.
―Conozco a Chuck, iba a asesinar a Maika si Zack aparecía y yo no lo iba a permit...
―¡Deténganlo! ―Uno de los tres hombres vestidos de negro que corren desde la mansión hacia nosotros se oye en el silencio y me alarmo, pero Dexter mueve su mano y los detiene.
―Tranquilos, chicos... Hubo un cambio de planes ―dice Dexter y yo me relajo sobre su pecho, llorando silenciosamente―. Ayuden al hombre a llegar a la camioneta ―ordena finalmente y se dispone a correr suavemente conmigo en brazos.
Cierro mis ojos y me desconecto por un momento de todo.
Por ahora, estoy, estamos bien.
Llevo mis manos a mi vientre y una sonrisa desigual aparece en mis labios, muriendo al instante. La tristeza que me embarga al saber que Zack aún está allá dentro, luchando contra mi padre, corriendo peligro, consume cada uno de mis pensamientos cuerdos y me impulsan a cada segundo a la locura. Mis ojos oscilan abiertos cuando oigo el desconsolado llanto de un niño en la lejanía. Aparto mi rostro del pecho de Dexter y miro hacia el lugar donde se origina el ruido.
―Bájame, por favor ―pido amablemente en un susurro y el hombre cumple de inmediato.
Mis piernas se sienten temblorosas y débiles, lo que me hace pensar que en cualquier momento podría caerme de nuevo al suelo, pero resisto y camino hacia el pequeño que está colgado del cuello de Trenton, sollozando. Trenton abre sus ojos como platos al verme y también al ver que los hombres de hace un rato llegan con un maltrecho Taylor a su camioneta.
Llego finalmente a donde se encuentra Sigmund y toco su hombro, logrando que me mire.
El niño abre sus ojos como platos y llora con más fuerza.
―Ma... ¿M-Maika? ―jadea, incrédulo.
― Sí, soy yo pequeño, estoy bien...
―¡Pero...! ―Me interrumpe en un grito desgarrador―. ¡Pero ese hombre te cortó la garganta! ―grita con furia, señalando al desvalido Taylor sentado en una esquina de la camioneta. Llevo mis dedos a sus tiernas mejillas para secar sus lágrimas, pero cada vez que lo hago, nuevas gotas se derraman sin descanso.
Así que lo abrazo.
―Estoy bien, pequeño ―aseguro―, era necesario que hiciera eso y lo lamento... Lamento que hayas tenido que ver algo tan terrible como eso ―Acaricio su cabello y dejo que solloce en mi pecho, cerrando mis ojos.
―Eso fue mucho más terrible que presenciar las torturas de Anderson ―dice el niño con rabia y unas cuantas lágrimas escapan de mis ojos.
Beso su cabeza y lo aprieto con más fuerza.
―Lo sé ―digo simplemente.
De pronto, se oye un poco de interferencia desde uno de los radios que están en la parte trasera de la camioneta y todos los amigos de Zack vienen a escuchar. Y puedo verlos a todos: Antonio, Trenton, Dexter, Parker. Además, puedo ver a otro hombre que se me antoja demasiado parecido a alguien. Sin soltar a Sigmund, miramos el intercomunicador como si pudiera cobrar vida y saltarnos a la cara.
―¡Aborten la misión! ―Grita entonces la voz furiosa de Zack por el aparato, soltando una maldición luego de decir eso, como si no tuviera otra opción―. La señorita Maika ha muerto, pero tenemos a Shawn y a Sigmund... Salgan de la casa, vuelvan a la base y envíen a los muñecos de verdad ―ordena, lo que me hace fruncir el ceño. Se oye un pequeño estruendo y luego la interferencia les hace soltar una maldición a los chicos.
―¡Mierda! ―grita el hombre cuyo nombre no conozco y frunzo el ceño.
―¿Qué pasa? ―cuestiono, aparte del hecho de saber que Zack está sufriendo realmente mal por creerme muerta.
―Perdimos el contacto con Zack ―explica―, seguramente pensó que ya no podía hacer nada más y rompió su radio para enfrentarse él solo contra Chuck... No pudimos decirle que estabas bien, maldición ―sisea y se pasa las manos por el cabello, mientras pienso sobre eso. Rayos, ahora él irá tras mi padre―. Un gusto, soy Nevin, hermano de Shawn ―dice, ofreciéndome su mano.
Por eso se me hacía familiar, tiene el mismo color de cabello y los mismos ojos que Shawn.
―Un placer ―digo simplemente, desorientada.
―Bien, chicos... Ya oyeron al Jefe... ―Nevin se aleja de nosotros y empieza a ladrar órdenes por aquí y por allá.
―Maika, ve al auto que está allá, Nevin te llevará con su esposa mientras todo esto pasa ―Me dice Antonio y yo asiento, llevando al pequeño Sigmund conmigo.
Es entonces cuando un destello dorado me hace detenerme. Miro mi mano donde descansa el maldito anillo de la boda que gracias al cielo jamás se realizó y me lo saco rápidamente, con afán, como si me quemara la piel, y lo lanzo lejos, hacia los matorrales, con un movimiento furioso y la mirada llena de odio y rencor. Espero no volver a ver a Dustin Parrish en lo que me queda de vida. Le doy la espalda al lugar en el que la seguramente-valiosa-joya cayó y empiezo a caminar con el niño hacia el auto que Antonio amablemente me señaló.
Tanto Sigmund como yo nos llevamos una grande sorpresa cuando abrimos la puerta del copiloto del Jeep que Antonio nos señaló y nos encontramos con un bultito envuelto en mantas y sumido en un profundo sueño. Claramente la misión fue un éxito en el rescate de Shawn. Le indico a Sigmund que haga silencio y cerramos la puerta del auto para luego abrir las puertas traseras y meternos allí. Ya instalados en los asientos traseros del Jeep, esperamos a que todo esto pase. Sigmund se abraza a mí y yo me abrazo a él, cerrando mis ojos y cediendo finalmente al cansancio mientras esperamos a que la caravana se ponga en marcha.
Por favor, que Zack esté bien.
Lo necesito a mi lado.
Todos lo necesitamos.