Pablo:
-Pensaba invitarte a cenar para celebrarlo.
Ana:
-Pues yo quiero carne.
Según dijo esto me quitó la camiseta y dejó besos desde mi cuello hasta mi ombligo. Me quitó los zapatos y el pantalón y siguió con los besos por todo mi cuerpo. Llegó hasta mi boca y se paró.
Ana:
-Ahora vengo.
Se levantó y entró en la habitación. Unos minutos después volvió a donde estaba yo y me llevó al hasta el baño.
Pablo:
-¿Y esto?
Ana:
-Hay que celebrar que eres libre y todo para mí. Dice mientras se acerca a mí.
Pablo:
-Todo tuyo.
Le quito la ropa mientras nos besamos, ella me termina de desnudar y nos metemos en la bañera. Un rato después ya estamos en la cama, agotados tras varios asaltos.
Pablo:
-Oye.
Ana:
-Dime.
Pablo:
-Que me acabo de acordar de que tengo los perros en el coche.
Ana:
-¿Qué? ¿Y me avisas ahora?
Pablo:
-Es que no he tenido oportunidad. De todas maneras tampoco ha pasado tanto tiempo.
Ana:
-¿Y por qué te los has traído?
Pablo:
-Pues porque ya no estoy con Marta, no los iba a dejar en su casa.
Ana:
-¿La casa no es tuya?
Pablo:
-N... no. ¿Por?
Ana:
-Joder Pablo ¿por qué no me lo habías dicho?
Pablo:
-Porque no me lo habías preguntado. Además ¿que tiene que ver que no sea mi casa?
Ana:
-Si tiene que ver. Eso significa que lo hemos hecho a escondidas y en su casa, si hubiera sido la tuya no sé..... es diferente.
Pablo:
-Eso ya da igual, lo importante es que ya no nos va a molestar. Yo te quería pedir algo.
Ana:
-¿El qué?
Pablo:
-¿Me puedo quedar aquí hasta que venga Hugo?
Ana:
-Claro, ¿te crees que te iba a dejar quedarte en un hotel? Además, tengo que aprovecharte lo máximo posible el tiempo que estés aquí.
Nos vestimos y cogimos mis cosas junto con los perros. Preparamos la cena, comimos y nos pusimos a ver la tele acurrucados en el sillón con los perros.