Dentro de lo malo, siempre hay alguien que está bien bueno.

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Ser estudiante de intercambio no era fácil.

Noriaki se decía esto así mismo casi a diario. No es como si sus padres lo hubieran amenazado de muerte para salir de Japón y aventurarse en la jungla de concreto que era Nueva York con el objetivo de estudiar artes visuales cuando podía haber hecho lo mismo en Tokio. No, él por voluntad propia lo había elegido así. Pero eso no quitaba el hecho de que seguido se arrepentía de haber tenido la osadía de mudarse al otro lado del Pacífico de la comodidad de su patria.

El ritmo de la ciudad no era inconveniente, después de todo, la vida en Tokio era igual de ajetreada y acelerada. El problema era la tan reprochable cultura americana que le hacía su rutina entre semana tan difícil. Empezando con lo irresponsables que podían ser los americanos con los horarios del metro y el transporte público, pasando por la suciedad y contaminación que había en las calles, para terminar con lo inseguro que se sentía camino a su pequeño departamento por las noches. Sin embargo, la ciudad era hermosa a su modo, y sentía que asumir el reto de venir hasta aquí lo recompensaría en el futuro.

Para hacer su vida de foráneo un poco menos austera, Noriaki decidió conseguir un empleo de medio tiempo pasado un año de haber llegado. Un trabajo que no requiriera experiencia previa, con flexibilidad de horarios y que al menos le permitiera comprar algo más que no fuera ramen instantáneo para la cena y que tuviera un buen ambiente laboral para un joven japonés como él. Después de entrar al portal web de: "www.trabajoscercadeti.com", le tomó unos cuantos segundos a la interfaz obtener su ubicación y mostrar el primer resultado.

Repartidor de pizza.

Bien, no era la mejor opción. Deslizó el cursor más abajo para ver los demás resultados, los cuales eran de lo más variopintos.

Niñero para perros.

La paga era muy buena, aunque la ubicación quedaba del otro lado de Manhattan, al parecer, dentro un complejo de edificios propiedad de un anciano millonario. Claro, sólo un viejo loco y adinerado pagaría 300 dólares la hora por cuidar a un pequeño perro. Pasó, no contaba con el certificado en entrenamiento para animales que requerían.

Luego le siguió otra oferta por demás sospechosa, cuya descripción decía:

"SOY UN JOVEN ABOGADO RECIÉN LLEGADO DE INGLATERRA Y BUSCO JÓVENES AMBICIOSOS PARA UNIRSE A MI CORPORATIVO. DETALLES SE DARÁN EN ENTREVISTA PRESENCIAL. ÚNICOS REQUISITOS: DISCRECIÓN Y LEALTAD. CON OPORTUNIDAD DE ESCALAR DENTRO DE LA EMPRESA Y OBTENER MÁS PRESTACIONES A CORTO PLAZO."

Demasiado bueno para ser verdad, leyó más abajo y la ubicación para acudir a la entrevista ni siquiera aparecía en Google Maps. No gracias, le gustaba tener ambos riñones. Además, la foto que agregó el autor del anuncio (del que se suponía era él) se veía algo vieja, como escaneada de una fotografía tomada en los ochentas. Y eso que decía que era joven, eh.

Siguió buscando más ofertas sin éxito, por mucho que le pesara la mejor opción era el trabajo en la pizzería. Podía trabajar las horas que quisiera después de clase, recibiría un extra por las propinas y contrataban a extranjeros y estudiantes. Repartidor sería entonces, oler a queso y andar en una destartalada motocicleta no era el empleo de sus sueños, pero era mejor que nada.

Resultó ser que trabajar en "Pizzerías Zeppeli" no era tan malo después de todo. El dueño era un anciano italiano que se mudó de Nápoles cuando estalló la segunda guerra mundial con su amigo inglés quien se dedicó a las bienes raíces. El hombre ya estaba cansado de administrar el negocio, así que casi no rondaba por el local. En su lugar, el mánager y jefe inmediato de Noriaki era un joven hombre egipcio, quien a diferencia de lo que había visto en las películas americanas de su infancia, era de lo más amable y comprensivo con él. Incluso lo dejaba faltar cuando tenía que quedarse más tiempo en el taller de dibujo y le daba la comida e ingredientes que sobraban del día. Casi no interactuaba con sus demás compañeros debido a la naturaleza de sus funciones, pero igual podía decir que se llevaba bien con ellos.

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