La habitación estaba repleta de oficiales, tan siquiera conocía a una cuarta parte de ellos, sin contar con su escolta personal. Estaba sentado en el trono de bronce, las manos escondidas en su túnica negra y dorada, tiritantes ante la inacabable espera. Eso era lo peor de los juicios, el esperar. Había murmullos por todas partes, no era de extrañarse, un evento así no sucedía desde hacía años, cuando su hermano pasó por la misma condena. Aún si su semblante parecía serio, sus consejeros sabían perfectamente lo aterrado que el joven príncipe se encontraba; lo habían arruinado. Deberían haber sido más cuidadosos, deberían haberles advertido de disimular, las cosas podrían haber resultado de otra forma. Y no podían hacer otra cosa más que permanecer pegados a una de las paredes del excéntrico palacio, rezando en silencio, rogando perdón a su destrozado príncipe.
Seungmin era capaz de desmayarse si se movía tan solo un centímetro, si respiraba más de la cuenta. No quería que las puertas se abrieran, no quería que aquel chico entrara por ellas. Estaba comenzando a ahogarse en su propia mente, mientras la pesada corona de plata y oro le aplastaba los cabellos, interfiriendo con su libertad.
Él nunca había sido realmente libre, lo sabía, desde el momento en que se anunció que la reina estaba esperando un segundo hijo varón, luego de que sus otras dos hermanas mayores fueran casadas con los reinos vecinos, el destino se le selló encima de la cuna, cuando ni siquiera tenía la capacidad de hablar.
No lo odiaba realmente, su vida estaba repleta de emociones, muchos trabajos e historias que aprender, talentos que adquirir, negociaciones que practicar. Siempre intentaba sacarle el lado positivo al estar encerrado en aquel enorme castillo. Y aún si no detestaba la idea de no poder ir a ningún lado sin compañía, ni el hecho de que no podía ser visto interactuando demasiado con la gente que portaba menos adquisición económica, era bastante feliz. Sus consejeros lo hacían feliz, su guardia lo hacía feliz.
Nunca olvidaría aquel primer encuentro, donde con tan solo 11 años comprendió la grandeza que su nombre representaba, al haber sido llevado a la sala de tronos por uno de sus antiguos maestros, que lo ayudó a sentarse en aquel enorme trono de bronce -el cual le correspondía al hijo que heredaría la corona- donde se le presentaron sus tres escoltas.
El primero de todos, un chico alto de 16 años con cabello largo y rubio como el mismo sol, y unos ojos amables a la par que atemorizantes, se había presentado como Hwang Hyunjin, un caballero aprendiz con mucho potencial, a la par que un carácter bastante interesante. El segundo de los guardias se presentó como Han Jisung, con 17 años había dominado el arte de la espada y era un excelente candidato para ser ascendido a escolta del primer príncipe, pero al estar ese lugar ocupado fue enviado con el más joven de los hermanos, y aunque desde el primer momento no tuvo la mejor afinidad con el principito, estaba claro que entregaría la vida en su nombre de ser necesario. Y el último, que captó la atención del niño apenas se arrodilló frente a la plataforma de los tronos, no era ni más ni menos que un pequeños chico de unos 13 años, con el cuerpo delgado y cabello tan negro como la noche, al igual que sus rasgados ojos, bendecidos con la característica de reflejar hasta la más mínima luz, dándoles vida. Seungmin quedó fascinado ante tan extraños orbes, y luego de que su maestro lo dejara solo en la gran habitación para que conociera a los tres escoltas, lo primero que hizo fue correr hacia el pequeño, y arrodillarse frente a él para admirar de cerca las gemas que se creaban dentro de los oscuros ojos.
— ¿Qué está haciendo, su majestad?— el niño de pelo negro se alejó con sorpresa del príncipe, cayendo sentado al suelo una vez la eminencia se acercó una vez más. Los otros dos caballeros no interrumpieron, tan siquiera miraban la escena con cierta curiosidad. Que un príncipe se agachara a la altura de su subordinado no era algo que podía verse todos los días.
— ¿Cuál es tu nombre? Tus ojos son muy lindos.— Seungmin sonrió un poco, rompiendo la personalidad que le habían enseñado a portar frente a extraños y gente de menor rango, mostrando por unos instantes a ese pequeño pre-adolescente de corta edad qué realmente era, el cual ansiaba poder tener una amistad para jugar sin tener que llamar a su hermano y sus escoltas. Después de todo, Seo Changbin siempre se encontraba pegado a su escudero Minho sin importar la situación, y él no era la persona más divertida del mundo para pasar el rato.
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♕ King ♕ / Seungin
FanfictionLas lágrimas caían sobre la cabellera oscura, la espada trémula entre sus manos, sus respiraciones aún conectadas. No estaba listo, tenía miedo. - Seungmin, mírame.- sus ojos se encontraron por un instante, y lo supo, era el momento- Vas a ser un gr...
