PROLOGO

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Sola en la habitación de una posaducha se encontraba sentada en la cama observando todo a su alrededor... Había caminado ella sola por una ciudad que no conocía, cargando sus pertenencias hasta encontrar un lugar donde poder descansar mientras encontraba la forma de regresar a Arendelle... ¿Cual era el paso a seguir? no tenía mucho dinero con ella, no conocía a nadie, no sabía como regresar. ¿Como llegar a Arendelle y explicarle a Anna lo que había ocurrido? ¿Como explicar el llegar sola? Muy seguramente después de muchos abrazos, llegaría indudablemente un -"Te lo dije"- Soltó un sollozo, y un par de lagrimas. Recordó el momento torpe en el que volteó a mirar hacia la embarcación y ésta se alejaba del muelle dejándola atrás... No podía arrepentirse de sus palabras y mucho menos de su decisión, no es como si esperara que él se bajara del barco y fuera tras ella... No, para nada.

-Después de todo, Hans tiene su orgullo- Pensó para si misma... Se recostó en la cama adoptando una posición fetal y en silencio empezó a llorar. Saberse sola en un lugar lejos de su reino la angustiaba, extrañaba a su hermana como no lo hacía desde hace mucho... Extrañaba a su sobrina como lo hacía todos los días desde que había tomado su propio rumbo. 

-¿Y ahora que hago?- Se dijo a si misma entre ese silencioso llanto, mientras con sus brazos rodeaba su cuerpo en un abrazo.

Cerró los ojos por un momento, estaba tan cansada, tan adolorida de haber estado los últimos tres días en el vigía del barco, se sentía tan agotada física como emocionalmente, y sin más dejándose ir lentamente concilió el sueño.

Un par de días pasaron, había sido difícil empezar a asimilar el estar sola en un lugar desconocido, sin nadie que la apoyara. Empezar a planear el regreso a casa fue la prioridad, había ido un par de veces en busca de un barco así fuera mercantil que la llevara de regreso a Noruega, sin embargo con poco éxito había regresado a la posada, y resignada a extender su estadía involuntaria empezó una vez más a desempacar sus pertenencias. El dinero se le estaba agotando, tendría que pagar un par de noches más estadía en ese lugar, tendría que comprar algunas cosas para alimentarse... -Uhmmm... Tendré que conseguir un trabajo.- Pensó. No era mucho lo que le quedaba para poderse sostener hasta encontrar un navío que la regresara a casa. Sin más salió de la habitación rumbo al mercado de la plaza para comprar algunas cosas de comer, su alimentación en los últimos días se había basado en lo más económico que consiguiera, algunas frutas y un poco de pan, muy poca proteína un par de veces pudo acceder a algo de lácteos, no estaba acostumbrada a ese tipo de vida, ni siquiera cuando estando en la embarcación del pelirrojo empezaron a tener problemas de dinero habían llegado a eso. 

Caminó a la salida de la posada no sin antes pasar por el vestíbulo y pagar una noche más de hospedaje, dejándola con menos dinero para comer algo y no acostarse con hambre. En silencio salió de la posada y se dirigió a una plaza no muy lejos de ahí para poder conseguir algo de comer antes de que los vendedores recogieran sus puestos, estaba casi anocheciendo tal vez podría comprar más económicos los víveres si se conformaba con lo que no se había vendido en el día. Al llegar pudo comprar un par de manzanas, un poco de queso y una hogaza de pan. Éste ultimo no estaba muy fresco, pero era eso o solo comer una manzana antes de dormir. Nunca se imaginó tener que pasar por algo así... -Si tan solo hubiera escuchado a Anna...- Se reprendió mentalmente, aún que no se arrepentía de haberse ido de Arendelle, conoció muchos lugares, tuvo muchas experiencias nuevas y enriquecedoras, aprendió sobre nuevas culturas, aprendió a navegar, aprendió a leer las estrellas para guiarse en el mar, todo lo que aprendió se lo enseñó él... También aprendió a no dar nada por sentado, y menos el amor, la lealtad y el respeto de una persona. Suspiró melancólica para no echarse a llorar, había sido difícil no pensar en él... Evitaba hacerlo para no desmoronarse, tenía que ser fuerte. Esas crueles palabras que él le había dicho resonaban algunas veces en su cabeza, tal vez eso le había ayudado a sacarlo de su corazón, esa espantosa sensación de querer sacar a alguien de tu mente, de tu vida y de tu alma no estaba siendo tan difícil, ya lo había experimentado antes y definitivamente esta vez le estaba costando menos trabajo, sin embargo el desacostumbrarse a alguien con quien se compartió tanto y se vivió tanto era lo que algunas veces le costaba... Igual ya no importaba, muy seguramente Hans ya estaba en otro lugar, también pensando en rehacer su vida. 

HAPPY EVER AFTERWhere stories live. Discover now