1. Realidad

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Aquí me hallo de nuevo caminando por estas calles, estas calles que tan bien conozco. No hay ni un alma por ellas, al menos vivas no. Ni siquiera puedo catalogar mi propia alma como viva ahora mismo. Apuro las últimas caladas de mi cigarrillo, apuro mis últimas fuerzas y mis ganas de ti con cada calada. Mi paso es lento y sin ritmo, me dejo llevar por las ráfagas de aire frío que azotan mi cuerpo. Me detengo un momento y miro sobre mis pasos ya dejados, sobre esas huellas invisibles que solo puedo ver yo. Un panel vertical que cita "HOTEL" con luz amarilla de fondo. Todo está como siempre.

«¿De verdad todo está como siempre? Já, mira dentro de ti, ¿no ves cómo se derrumba todo?».

- Cállate

«¿De verdad quieres que me calle? Soy tu única compañía y estaré aquí para siempre. PARA SIEMPRE».

Otra vez esa maldita voz de mi cabeza, una de tantas, vuelve a atacarme en mi momento más vulnerable. Las emociones fluyen dentro de mi al igual que la sangre fluye por mis venas. Muchas veces no las notas, al igual que la sangre corriendo dentro de ti, pero ahí están.

Continúo viendo aquel panel amarillo, parece que la letra "H" se encuentra un poco apagada. Pequeños parpadeos amarillentos seguidos por el ritmo de mi corazón. O quizás mi corazón siguiendo el ritmo incesante de esa luz. Me obligo a apartar la mirada y centrarme en mi posición actual. Miro mis zapatillas, unas Vans algo desgastadas tras años de uso. Mi cigarro en el suelo. Ni siquiera recuerdo haberlo tirado. El presente ya no es el presente para mi. Mis tiempos se han mezclado: pasado, presente y futuro. Ahora forman uno y lo son todo y nada. Una espiral de tiempo, una espiral de emociones, una espiral de sentimientos.

Dirijo mis pies cansados al primer banco que veo, no recuerdo cuánto tiempo he estado caminando, pero ha parecido una eternidad.

«Estaremos juntas para toda la eternidad. En ti hábito».

Suspiro. Suspiro dejándome caer en el banco. Estoy cansada de discutir con las voces de mi cabeza, realmente cansada. Estoy cansada que jueguen conmigo, mis emociones y distorsionen mi realidad a su gusto. Abro mi mochila sintiendo pesadez en mis brazos, sintiendo como la pesadez recorre todo mi cuerpo. Saco el tabaco, lo abro y lo huelo. Reseca mi nariz al igual que reseca mis labios cada vez que recurro a él. Saco un filtro y un papel. El sonido del papel de liar de vuelve estridente en el silencio de la noche, solo acompañado por las ráfagas de viento y mi respiración entrecortada. Mis manos temblorosas lían con todo el cuidado del mundo aquel cigarrillo, como acariciando una piel que solo está en mi mente ahora.

«Conoces cada milímetro de esa piel mejor que la tuya propia. Conoces el tacto de esa piel mejor que la tuya. ¿Alguna vez te has parado a sentir y ver tu propia piel?».

Meto el cigarrillo en mi boca, lo enciendo e inhalo fuertemente, hasta llenar mis pulmones por completo de ese humo rancio y pestilente. Bajo la vista hasta mis brazos, cubiertos de tatuajes y pulseras. Acaricio con fuerza las numerosas cicatrices que hay en ellos, cubiertas hace ya tiempo por tatuajes. Pero más profundas son las cicatrices que se encuentran bajo mi piel, en lo más profundo de mi ser. Aquellas que no pueden ser tapadas fácilmente, aquellas que son invisibles para aquel que no quiere ver.

«¡Hazlo! Hazlo ya».

Abro los ojos para darme cuenta como la ceniza aún prendida ha caído sobre mi mano. La aparto para dejar a la vista una pequeña quemadura. ¿Qué es una pequeña quemadura comparada con las llamas que arden en mi interior cada día?

Doy un par de caladas más al cigarrillo, lo apago en el banco y lo lanzo al suelo. Unos pequeños destellos saltan cuando choca contra las baldosas rojizas. Cuando estoy a punto de levantarme del banco, una ráfaga de aire frío me hace estremecer. Mala idea ir en manga corta en esta ciudad y época del año. Suspiro pesadamente mientras mis pies me dirigen a aquella "H" parpadeante.

Al entrar a la recepción sonrío a la recepcionista, una sonrisa sin ganas, por pura amabilidad. Me dirijo al ascensor y una vez dentro me quedo mirando mi reflejo en el espejo. Pulso el botón del piso donde se encuentra mi habitación. La subida se vuelve interminable. La ansiedad me reconcome, me empiezo a morder las uñas sin darme cuenta. El párpado superior de mi ojo izquierdo comienza a temblar sin control.

«Vas a quedarte encerrada, en este pequeño rectángulo lleno de espejos. Así verás el deterioro en tus ojos allá dónde mires. Así me verás a mi y verás que yo tengo el control de tu vida».

Por fin el ascensor se para, conforme las puertas se abren salgo corriendo hacia mi habitación, con el pulso a mil por hora y respirando con dificultad, como si acabase de escalar la montaña más alta del mundo.

La habitación está tal cual la dejé: mochila sobre el pequeño escritorio, ropa en la silla, cama deshecha... ¿Balcón abierto? Miro fijamente al balcón y el movimiento suave de las cortinas movidas por el viento. Sinceramente, no recuerdo haber dejado el balcón abierto. Hay muchas cosas que ya no recuerdo, ni siquiera sé si las he vivido o no. Pedí amnesia y recibí falsos recuerdos.

«Sal, sal afuera y recuerda. Seguro que de eso no te has olvidado y no lo olvidarás jamás».

Mis pies vuelan solos hacia el balcón. El aire se ha vuelto demasiado frío y furioso. ¿Antes ya era así? Sinceramente tampoco lo recuerdo. Me acerco a la barandilla cubierta por cristal. He de decir que tengo miedo a las alturas, pero ahora estoy perdiendo el miedo a las alturas y ganando miedo a las distancias. Quizás podría verse como algo similar, solo que una es vertical y otra horizontal... Vertical, horizontal... Estoy mareada, creo que necesito fumar otra vez.

Otra vez el mismo ritual de liar, solo que esta vez añado unas hojitas verdes a mi cancerígena creación. Me apoyo en la pared de la izquierda del balcón, bien pegada al cristal de la barandilla. Desde ahí puede verse la "H" con claridad y parte de la "O". También puedo ver aquel bar de toldo verde, justo en la esquina de la intersección.

Fijo mi mirada en aquel toldo, mientras comienzo a fumar. En apenas tres caladas noto una relajación profunda en mi cabeza que va extendiéndose por cada parte de mi cuerpo. Dejo volar mi imaginación: dos siluetas en el balcón, una apoyada en la barandilla y la otra...

«1...2...¡3!».

Amor (propio)Unde poveștirile trăiesc. Descoperă acum