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La vida en la Tierra no era la misma que milenios atrás. Luego de la cuarta guerra mundial, el planeta comenzó a deteriorarse hasta alcanzar niveles precarios. La vegetación murió y los animales fueron cazados hasta la extinción, dejando entrever quiénes eran la única plaga residente. Los humanos que no murieron en consecuencia a la guerra bio-tecnológica corrieron hacia un caos general que afectó la, ya de por sí, fragmentada sociedad. Los países ordenaron la destrucción de todo tipo de biotecnología y dictaminaron una cuarentena indefinida para salvar la escasa cantidad de gente que sobrevivió a las pandemias, envenenamientos o a las ondas expansivas de las bombas atómicas. Sin embargo, estas decisiones fueron lo que llevó al planeta a la dominación total.

A medida que Estados Unidos perdió su magnífico poder como la máxima potencia, se vio en la desesperación de realizar un último intento por permanecer en la cima. Con tecnología no autorizada, ellos enviaron a un grupo de personas al espacio para probar un nuevo experimento en el que habían estado trabajando desde el siglo XXI. Se llamó "el desastre de Cloverfield" desde que hubo un error que hizo que otra dimensión colisionara con esta.

El horror superó la humanidad, por supuesto. Decenas de personas fueron asesinadas cuando las primeras réplicas llegaron a este mundo.

Las réplicas eran, en realidad, personas idénticas a las que ya habían fallecido en la guerra. Específicamente doppelgängers. De hecho, a nadie le importó pretender que su familiar muerto había sido traído a la vida por una fuerza mística misteriosa hasta que nuevas réplicas comenzaron a aparecer. Esta vez, eran imitaciones de personas que sí existían en esta dimensión, así que el universo se enfadó y quiso restablecer el equilibrio de las cosas mediante la prevalencia de un solo individuo. Era inconcebible que dos entes exactos coexistieran en una misma dimensión, por lo que tanto réplicas como humanos murieron a causas desconocidas por muchos años antes de concluir que sólo uno de cada par podía sobrevivir. Fue entonces que Estados Unidos quiso regresar al equipo de Cloverfield del espacio, mas una nueva explosión creó un agujero que expulsó a quienes se les conocería en la actualidad como Lenan.

Criaturas aladas, de casi ocho pies de alto, con aspecto enfermizo cayeron del cielo o se abrieron camino a través de la tierra. Los humanos pronto descubrieron el hambre voraz que caracterizó a los Lenan al ser cazados y devorados por ellos. Unos muchos, incluso, fueron utilizados como concubinas para complacer a la abeja reina. Decían que estar con ella era una experiencia brutal que terminaba con la vida humana al instante, porque sus activos eran diferentes a los de una fémina.

A partir de ello, se formó una rebelión, cuyo éxito nunca logró. Los Lenan contaban con ejércitos y armas de combate que los convertía en seres invencibles. Y como si fuera poco, tanto humanos como réplicas fueron marcados como animales para el matadero. En la parte interna de sus muñecas, fue colocado un símbolo a punta de fuego. Cada símbolo era una casa a la que servirían y un príncipe o princesa a quienes sus cuerpos complacerían, creando así una nueva raza híbrida de asquerosos engendros. ¿Qué hacían con los bebés? Nadie parecía saberlo, sólo que una vez nacían eran llevados a otro lugar. Sus madres humanas jamás los volvían a ver, lo que era a la vez un alivio y una pesadilla.

Mayhem tenía una leve idea de lo que sucedía con las criaturas recién nacidas, pero intentó no ahondar demasiado en ese pensamiento teniendo en cuenta el lugar por donde era arrastrado. Tenía la mente trabajando a toda máquina para descubrir una oportunidad de escape, mas era inútil. Las instalaciones estaban reforzadas con máxima seguridad y para salir debía contar con una tarjeta de acceso, que por supuesto él no poseía.

Sabía que había metido la pata hasta lo más profundo del asunto, pero él era alguien curioso y temerario. No vio el peligro hasta que estuvo en el suelo de aquel bar de mala muerte, completamente inconsciente luego de ser sofocado con alguna sustancia inolora. Casi se arrepentía de haber salido aquella noche en busca de más información y recursos puesto que ahora debía seguir órdenes como un prisionero más, lo que era una tarea más difícil de seguir de lo que inicialmente se figuró. Pese a ser su tercer, tal vez cuarto día allí, ya contaba con magulladuras y moretones alrededor de su cuello, mandíbula y ojos.

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