PRESAGIO

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Tic tac, tic tac, tic tac. Y no para. Tic tac, tic tac, tic tac. El sonido del reloj no deja de golpearme la sien como un martillo. No consigo organizar mis pensamientos, ni ningún suceso, siento que mi cabeza está nublada. Cada vez que cierro los ojos repaso los últimos meses y no entiendo la mitad de cosas. Mi padre se lo merecía. No dejo de pensar en si ella estará bien. No es justo. Tic tac. ¡Quiero reventar ese reloj!, ¡Quiero que pare todo esto! No sé ni siquiera cuando podré salir de aquí, ni que va a pasar con Mike. Solo quiero que ella esté bien. Tengo frío y la luz es tan tenue que casi no puedo ver a través de los barrotes. Es como si hubiera una enorme pared negra y estuviera encerrada dentro. Me siento imbécil.

Debía de haberlo visto venir desde el primer minuto que llegué a este maldito pueblo y bajé del estúpido autobús a ver a mi padre: a Mike. Era lo último que quería hacer con mi inútil vida: hacerla más inútil aún. Realmente solo sé que después de diez años sin verle ahora el hombre había sentido que era el momento de volver a ver a su hija. Aquella que dejó con la loca de su mujer porque él no la soportaba pero yo si debía hacerlo. No quiero recordar los detalles de cuando le vi la cara por primera vez después de tanto tiempo, solo sé que estaba gordo y calvo. No me apetece repasar todos los detalles que me contó de su vida sin mí, como se había vuelto a casar y tenía un hijo del cual se sentía tremendamente orgulloso porque era el rey del mambo del fútbol. Cuando vi la casa donde iba a tener que sobrevivir la idea de que me iba a volver loca aumentó. Para seguir con el protocolo me presentó a su mujer, que era el doble de alta que Mike y el doble de idiota. Su sonrisa al verme fue tan falsa que pude sentir las discusiones que habrían tenido los dos porque yo venía a vivir con ellos. Pero el momento más sublime fue el de conocer a mi hermanastro, era enormemente alto y tenía una cara como esculpida por los dioses. Se llamaba Eric. Realmente no me creía que ahora mismo debía de vivir aquí, preferiría seguir viviendo sola, fingiendo que mi madre y yo éramos felices y que ella no caía en un agujero negro. Pero no, el puto vecino que nos espiaba llamó a los servicios sociales y dedujeron que ella no me podía cuidar (cosa que era evidente) así que me enviaron con mi otro progenitor. Ni siquiera podía llamar a mi madre, no podía verla porque no sabía dónde estaba y nadie me decía nada. Resulta que el que yo fuera su hija no era motivo suficiente para saber cómo estaba. Para cuando creía que la cosa no podía caer más en el desastre, se me informó que debía ir a un nuevo instituto. Allí la vi por primera vez. Vi a Angie. Me habían gustado muchas chicas a lo largo de mi vida y me había liado con muchas más pero ella, dios, ella me golpeó tan fuerte que por un momento toda la basura que era mi vida parecía haber desaparecido. Evidentemente era heterosexual, (o eso fingía) y heterosexual de manual y debía mantenerme debajo del radar lo máximo posible. Os adelanto que no fue así.

Todo era rancio: las clases, este instituto, la gente... y yo no encajaba de ninguna manera. Mike creo que llegó a creerse como siempre hacía que todo iba bien y que yo era feliz con él. En aquellos días Angie se presentó en casa con Eric. La primera vez que hicimos contacto visual de cerca fue en el pasillo. Si creéis que dije algo ingenioso os aviso que no, simplemente dije el hola más seco que jamás haya dicho. Pero ella siempre fue muy lista y me respondió con un hola y una media sonrisa. Lo sabía, sabía que la miraba y sabía todo. Venía mucho por casa y siempre hacíamos ese ritual. No sabía si Eric y ella estaban juntos, pero no era algo que a mí debía importarme y yo como tal lo fingía. En uno de esos encuentros en el pasillo Angie me preguntó cómo me llamaba y desde ese momento la rutina de simplemente vernos en el pasillo cambió a hacernos preguntas cortas. Pasaron meses hasta que recibí un mensaje suyo en el teléfono y empezó el principio del fin. Hablábamos a todas horas y me contó tantas cosas sobre ella que pensé que había llegado a conocerla de una manera profunda e íntima. Empecé a contarle mi vida. Error. Estúpida. El momento que me di cuenta de la verdad fue cuando después de enviarme un mensaje diciéndome que se moría por besarme salí al pasillo y la vi comiéndose la boca con su novio. Ahí supe que nunca estaría conmigo. Pero si pensáis que paré todo en ese instante os equivocáis. Si no podía estar de la manera que yo quería, podía estar de la manera que Angie quería. Menuda idiota. Sin embargo ya no había vuelta atrás y estaba harta, así que la esperé en la puerta de mi habitación y cuando la tuve delante no aguanté y la empujé hacia dentro, apreté su cuerpo contra el mío y la besé. Por fin pude sentir su piel. Su tacto en las yemas de mis dedos era una sensación extraordinaria. Ahí es donde empezó mi verdadero autoengaño, ya que cada vez que venía a casa estábamos unos diez minutos besándonos y luego se iba. Al rato venía su novio a por ella y los veía besándose por la ventana.

presagioWhere stories live. Discover now