PARTE 1: Introducción

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- En primer lugar, oficial, el que propuso la idea de tener nombres en clave fue Paniagua. Él dice que fue porque vio Reservoir Dogs, la de Tarantino, ¿la conoce? Yo no le creo.

- Si, la conozco, Fuentes. Pero esto no me interesa.

- Bueno, se lo digo para que sepa, capaz qué es importante para su informe. Además, yo sé muy bien que es una mentira más grande que una casa lo de Paniagua, ¿sabe? Sé muy bien que no es por Reservoir Dogs. ¡JA! Me caigo y me levanto el día que el nabo de Paniagua sepa de cine.

- Fuentes...

- No, no. O sea, digo porque Paniagua vio La Casa de Papel y le habrá gustado esa onda de utilizar nombres de provincias.

- Fuentes, esto no me interesa.

- Igual, le tiro un dato de color, Tarantino tampoco es el primero en usar el temita de los nombres en clave, ¿sabe? Eso lo vi primero en Pelham 123. Es más, quizás la ideíta nace más de antes que esa peli.

- ¿Pelham? -dudó Alonso-. ¿No es la de Denzel Washington y la de Travolta? ¿La del subte?

- No, no. Esa, la de Denzel y Travolta, es la remake de la peli original.

- Bueno, bueno -interrumpió Alonso-. Nos estamos yendo del tema principal, Fuentes.

- Está bien, tiene razón, oficial. ¿En dónde me había quedado?

- En los nombres en clave. Vuélvame a repetir quién era quién.

- Ah, sí. Ok. Yo era "Corzatár".

- ¡Cortázar! -corrigió Alonso-. ¿Cómo puede ser que sea dueño de una librería y no sepa pronunciar bien ese nombre?

Fuentes se rió.

- Yo manejaba los números solamente, mi hermana se ocupaba del negocio -argumentó, y continuó-. Cuestión que yo era ese, Paniagua era Borges, mi hermana Carolina era Piñeiro, Cecilia era Ocampo y el pibe era Piglia.

- Cecilia... ¿Era Silvina o Victoria Ocampo?

Fuentes volvió a reírse más fuerte.

- Yo qué sé, oficial. ¿Tengo cara de saber eso? Ni siquiera sé pronunciar el nombre del escritor que me tocó.

- No son nombres, son apellidos -corrigió Alonso pensando en que en verdad era irrelevante saber cuál de las dos hermanas Ocampo era Cecilia, y preguntó-. ¿Paniagua fue quien designó los nombres?

- Ponele que sí. Él quiso que sean escritores o escritoras. En realidad, Carolina fue quien dijo que tenían que ser de Argentina. Más que nada para no que no hayan confusiones.

- Está bien -replicó Alonso-. Fuentes, sé que se lo preguntaron varias veces ya, pero vuelvo a preguntárselo, ¿usted sabe el nombre del pibe?

- ¿De Piglia? No, ni idea. Nunca supimos su nombre verdadero.

Alonso se esperó esa respuesta y siguió ordenando los papeles.

Los dos hombres estaban en una reducida habitación de paredes color crema. La misma se encontraba en la tercera planta de la Jefatura Departamental de Merlo. Enrique Fuentes veía al oficial Alonso con ojos maravillados. Admiraba el virtuoso detallismo que el policía respiraba cada vez que buscaba un expediente, o cuando ordenaba los archivos para que no haya ninguna equivocación en los papeles. Por suerte, el termo Stanley de Alonso estaba lleno de café caliente para las siguientes horas que debían estar allí.

Fuentes tenía un sweater bordó que le quedaba grande, su barba estaba desprolija y cada tanto largaba un largo bostezo. Mientras hablaba con el oficial, veía la noche azul oscura a través de la única ventana que había en la habitación. Alonso, en cambio, vestía una camisa verde agua abotonada hasta el cuello y estaba concentradísimo en el trabajo que le habían encomendado sus superiores. Al lado de él había una cámara Canon sostenida con un trípode que apuntaba hacia Enrique. Alonso estaba enfocado e intentaba generar un clima cómodo para que su labor sea más tranquila, y también para que el tic del párpado de su ojo izquierdo sea menos frecuente.

- ¿Su nombre completo es?

- Enrique Fuentes.

El oficial tomó unos papeles que estaban en la mesa y se aseguró de que la información sea la correcta.

- Soltero, treinta y seis años. Usted junto a su hermana Carolina son dueños de la libería "La Celestina".

- Así es -confirmó Fuentes.

Luego de un breve silencio, Alonso ordenó todos los archivos de la mesa para empezar la grabación y miró a Fuentes.

- Ahora, Enrique, voy a pedirle que me cuente la historia tal como ocurrió. Los detalles son importantes. Eso decía alguien en Reservoir Dogs, ¿no? -dijo con una sonrisa, y siguió-. Necesito saber cómo distribuían la droga, qué vínculos tenía con Ponce, cómo murió su hermana Carolina, qué pasó con Gutiérrez, y todo lo demás. Mientras más me ayude a hacer mi labor, más puedo ayudarlo a usted en su situación con el fiscal, ¿ok? En los momentos que quiera detenerse, nos detenemos, con eso no hay problema. Nadie nos apura. Hoy el tiempo es nuestro.

A todo esto, Fuentes sonrió cuando oyó la referencia a la película de Tarantino y asentía a todo lo que Alonso hablaba. Cuando el oficial terminó de hablar, Fuentes acomodó ambos brazos en la mesa y se preparó para relatar lo sucedido. Alonso se arremangó la camisa, encendió la cámara y buscó una página en blanco en su libreta para escribir; llenó ambas tazas de café y esperó.

- Bueno, ¿por dónde quiere que empiece, oficial?

- Por donde toda historia tiene que empezar -respondió Alonso-. ¡Por el comienzo!

LA CRISISWhere stories live. Discover now