1 - La escena

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La casa de repente quedó en silencio. Tan solo unos segundos antes todos estaban vivos. Los vidrios de la habitación se encontraban empañados. La reunión era un éxito, la tarde había sido más que agradable y ellos parecían casi no darse cuenta que habían muerto; sus cuerpos sin vida relajados en sus asientos como si nada hubiese pasado. Sus cigarrillos seguían despidiendo humo, sus bocas permanecían húmedas, sus pechos inmóviles y sus últimas carcajadas todavía resonaban como ecos póstumos. Tres de los cuatro hombres estaban muertos, sus vasos de whisky vacíos, sus ojos abiertos, sus cuerpos sin tensión alguna hundidos en la comodidad de los sillones.

El ritmo de un ruido acelerado irrumpió, unos pasos frenéticos asaltaron la quietud aberrante de aquella escena. El cuarto hombre abandonaba la habitación a toda velocidad. Bajó las escaleras, llegó hasta la puerta, la abrió sin cuidado y huyó. Salió corriendo y se esfumó entre el delito y la noche.

El viento soplaba agitando los árboles y las nubes se iban amontonando de a poco. Aquella sala en el piso de arriba de la casa, donde la reunión tomó lugar, se había convertido en la escena de un crimen. Un crimen bastante particular para la época.

El cuarto hombre escapó y todo volvió a quedar en calma. Los cuerpos atravesaron la noche sin más sobresaltos hasta la mañana del día siguiente.

La Revolución de la sombraStories to obsess over. Discover now