o1

846 96 10
                                        

Desde aquella primera vez que Ian se folló al menor de los Milkovich, supo que nada iba a volver a ser igual. Sus muslos, regordetes pero firmes, su piel tersa y azucarada, abriéndose alrededor de su caliente miembro. Quizás eran sus ojos, o los trucos que sabía hacer con la lengua de manera innata, pero algo en él le cautivó hasta tal punto de olvidar su propio nombre.

Mickey había sido durante el instituto, y también después, el sueño húmedo de todas las jóvenes del barrio y el sueño inalcanzable de todos los hombres. Las más guapas omegas babeaban por el chico malo. Ian, en particular siempre había pensado que poseía una cara angelical, que poco conjuntaba con su soez lenguaje. Sin embargo, como todos los demás, creyó durante todo ese tiempo que el chaval era un beta. Jamás hubiera imaginado que el heredero Milkovich se trataba realmente de un caliente omega.

Al menos hasta la noche pasada, rectifica, mientras observa fijamente como Mickey duerme a su lado, calmado, durante un momento luciendo tan puro que resulta increíble pensar que aquel chico es el mismo que tiene aterrorizado a todos los comercios y a los padres de cada adolescente de la vecindad.

Joder, él desde luego no esperaba acabar así cuando se acercó a su casa a eso de la una de la mañana. Durante unos segundos, se permite cerrar los ojos, perdiéndose en el recuerdo.

«Ian llamó a la puerta de los Milkovich, sus nudillos fríos contra la desgastada madera. Al no hallar contestación, golpeó de nuevo, esta vez mucho más fuerte, haciéndose notar.

—¡Voy, joder! —gruñó una voz desde dentro —¡Joder! —repitió.

La puerta se abrió rápidamente, con un brusco movimiento que hizo temblar la vieja fachada. Allí, se encontraba un Mickey Milkovich sin camiseta y sujetando un porro en la mano, claramente enfadado.

—Jesucristo, Gallagher, ¿qué coño haces aquí? Mandy estará hasta mañana fuera. Haz el favor de irte a tocar los cojones a otro lado.

—Lo sé, he venido a verte a ti —la voz de Ian flaqueó un segundo, el imponente alfa sintiéndose amenazado por el tono cabreado que el beta había adquirido —. Tu hermana me ha dicho que estás en cosas mayores que eso —dijo, señalando el pey con la cabeza —. Quería un poco de eme, para Lip y para mí. Aunque si tienes algo más...

—Bueno, me pillas en mal momento, Gallagher, pero pasa, desde luego no te quedes en la puerta —aceptó a regañadientes, haciéndose a un lado para dejarle espacio —. Es jodidamente sospechoso si no. Veré que puedo hacer por vosotros. Sígueme.

Ian mantuvo un bajo perfil, en silencio, mientras le acompañaba rumbo a la habitación del pelinegro. Sus manos sudaban, si bien había estado en aquella casa incontables veces viendo una película con Mandy o jugando a la play, no era lo mismo cuando el único con él era el peligroso Mickey Milkovich.

—Ciérrala —ordenó el beta, cuando ambos entraron en su habitación —. Tengo algo de speed y algunos cartones de lsd y lsa aquí, y otro puñado de psicotrópicos, pero para uso personal. No te veo de keta, fentanilo, coca o crack. Supongo que te daré el premio gordo. Tengo el éxtasis más puro de toda la ciudad, nada que ver con el tusi ese para princesitas que se lleva ahora. Si estás dispuesto a pagar su precio, déjame unos minutos y te lo traigo. No guardo todo junto, como entenderás.

Ian asintió, observando como el chico se dirigía al baño anexionado. Diablo. Para ser beta, tenía un culo muy bien formado.

Mientras, en la habitación de al lado, Mickey se hallaba en serios problemas. Joder. Él definitivamente no esperaba ninguna visita aquel día. Su celo se había adelantado sorpresivamente, y como acostumbraba a hacer cada vez que presentía su llegada, había echado de la casa a todos sus hermanos. Si no fuera porque el negocio era el negocio... Bastante duro le resultaba ocultar su naturaleza a todo el mundo cada día, ejercer algún autocontrol sobre sí mismo todos los meses para censurar la parte que rogaba ser follado, destrozado. Y ahora, aguantar la presencia del alfa. Aunque únicamente fueron unos minutos el solo efluvio del pelirrojo ya había activado en él aquel instinto animal.
Mierda. Si tan siquiera encontrara de una jodida vez los supresores.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Jan 11, 2025 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Cocktail {a/b/o} Donde viven las historias. Descúbrelo ahora