Prólogo

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¿Fácil? Nada en esta vida es fácil, o al menos eso solía decir mi mamá. "Tienes que trabajar duro para conseguir lo que quieres, querida" recuerdo que alguna vez mencionó. Pero todo por lo que he pasado va más allá de ser fácil. Mi mamá mentía respecto a mí; tenía todo arreglado: ropa, fiestas, amigos, dinero. La vida perfecta. La vida que muchos quisieran tener. Menos yo.

Y gracias a eso nunca aprendí a valerme por mi misma, no aprendí a cuidarme o mínimo a hacer algo. Sólo tenía que chasquear los dedos y lo obtendría. Bueno, tal vez no tan literal, pero más o menos así era. Cualquier cosa que pedía sería mío, sin importar lo que fuese: un permiso, un vestido nuevo, un auto. No había límite.

Todo ha cambiado y realmente ya no sé si eso es bueno o malo. Lo que más quiero está a punto de irse y no sé de qué manera evitarlo. Me he aferrado tanto a mis deseos que ya no sé qué es real y qué no. Rezo por que todo sea un mal sueño del cual despertaremos en algún instante.

No tengo la menor idea de por qué han pedido mi ayuda para detener esto si ya saben que soy la menos indicada para hacer que algo funcione. Yo nunca he sido una heroína y nunca lo seré. Simplemente no nací así, no fui hecha para esto. La gente cree lo contrario, ellos creen en mí. Pero, ¿yo creo en mí? Para nada.

Quiero desaparecer, evaporarme y llegar a otro lugar. O quizás, quisiera regresar el tiempo, retroceder dos años y ser feliz una vez más. ¿Qué si estoy aterrada? Más que eso: estoy entrando en pánico. No hay salida esta vez. Un simple hechizo no detendrá esto. Un simple chasqueo de dedos no lo detendrá.

Se nos acaba el tiempo, todos cuentan con mi ayuda. Estoy en blanco. Las caídas eran una señal pero nadie prestó atención. No hay un plan B porque ni siquiera hay un plan A. El viento no sopla a nuestro favor y la tormenta está a punto de llevarnos a todos con ella.

Perderé lo que más amo, a las personas que más quiero, a las personas que marcaron mi vida definitivamente. Me rehúso rotundamente a no verlas jamás. Pero aun así admito que no sé como arreglar el gran daño al que nos enfrentamos.

La magia. La magia no siempre es buena. Las personas que la usan no siempre son buenas. Hay quiénes la usarán para sus propios beneficios y no les importará a quién dañen con ella mientras ellos no salgan afectados.

Quiero volver a casa. Quiero que todo regrese a la normalidad. Quiero vivir. Lo sé, parezco una niña pequeña, perdida y asustada. No sé qué más hacer. Y sí, también quiero muchas cosas; y tal vez suene egoísta al decirlo pero dicen que cuando deseas algo con todas las fuerzas de tu corazón se cumple.

Por fin logro salir por un instante de estos pensamientos míos que me atormentan y miro a mi alrededor. Todos están callados, pensativos, tratando de buscar una solución, supongo. Su mirada se cruza con la mía y yo no puedo evitar desviarla hacia la ventana. El mar se encuentra en calma, todo lo contrario a mi mente. Me pierdo en el horizonte, preguntándome qué habrá más allá, si es que aún hay algo.

Escucho pasos aproximarse hasta dónde estoy. Lo que menos quiero es hablar con alguien, sobre todo cuando ese alguien es una de las personas a las que no volverás a ver jamás. Los pasos se detienen y mi cabeza gira inmediatamente para buscarlos. No hay nadie ahí, estoy sola. Comienzo a alterarme y me levanto del suelo. Busco por toda el lugar pero no hay ni un alma, no hay ruidos. Sólo la marea subiendo y bajando tranquilamente.

Regreso al balcón, me siento en el suelo y analizo mi situación. No puedo creerlo. Les fallé. Me siento tal y como cuando comenzó todo.

Sola y atrapada.

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