Ahí estás, cantándole a la oscuridad, cambiando las notas a tu parecer, llenando la habitación con el suave timbre de tu voz.
Tumbada, sin más ropa que las sabanas, dejando ver un tímido atisbo de piel que promete un deseo que se encuentra demasiado lejos de mí.
Es cruel como el destino utiliza la distancia a su antojo separándome del tibio roce de tu piel, cruel como me condena a vagar en la soledad de esta cama.
Solo pido una noche más a tu lado, que sea tu aliento el que empañe mis pupilas y tus manos las que limpien mi alma.
Solo pido, que cuando las primeras luces del alba bañen la ciudad de la Alhambra, sea mi rostro lo que veas al despertarte.
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El libro de los principios
RandomTodo es triste cuando acaba, la única solución era no acabarlos nunca. Una travesía a lo largo de los años de mi sueño de ser escritora. Principios de historias que nunca acabé, escritas con temáticas y estilos tan distintos como lo era yo en el mom...
