IV DISCRETAS

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-Bonita casa, Ruth.

-Señora Morgan.

-Haz el favor, estamos a la misma altura. No es necesario que te trate te usted.

-Para mi eres una completa desconocida, así que pienso que lo es.

-No era una pregunta. Ahora, ¿dónde me siento?

-Pase al salón, Vanessa preparará un poco de té. Sé breve, Linda.

-Al grano, entonces. Nuestra época ha quedado atrás. Ya no causamos atracción, impacto. Quedamos en el olvido. A mis 53 años, y a tus 57, se creen que no somos capaces de seguir trabajando. Lo somos, pero no lo hacemos, porque nosotras también preferimos creernos esa teoría. Se han olvidado de nosotras. Pero hay que hacerles recordar. Quiénes somos y por qué estamos en la cima, o por lo menos, por qué algún día lo estuvimos. Me he pasado los dos últimos años escribiendo Las Hermanas Heathrow, una novela que arrasará en todas y cada una de las librerías del estado. Quiero asegurar la victoria. Quiero rodar una película. Y quiero convertirte en Jane Heathrow. Ella es una mujer madura, consciente de sus actos, un tanto maliciosa, y llena de orgullo y ambición.

-¿Me está intentando decir algo, acaso? 

- En absoluto. Solamente un personaje ficticio. ¿Qué me dices? ¿Lo harás?

-Rodar una película no es fácil. Necesitamos un productor, director, un equipo, extras, etcétera. Yo no tengo nada. Lo dejé todo. No tengo recursos. Ya no valgo para esto. Lo siento, me retiré hace tiempo.

-¿Qué es lo que quieres? ¿Poner tu casa en venta al cabo de unos años? ¿Irte a vivir a un piso en Florida? No puedes hacer eso. Tienes glamour. Una reputación que mantener. Hazlo. Aunque solo sea por el dinero. Yo puedo conseguir un equipo completo. Solo tendría que hacer un par de llamadas, no más. Sé que... ¿Qué es eso? ¡Ay! ¡Haz que pare!

En el salón de Ruth, la pared estaba cubierta por un gran ventanal, casi ocupando toda la pared frontal. Un fotógrafo había acudido a su encuentro en el exterior de la vivienda y sacaba fotos efusivamente para congelar el encuentro de estas dos estrellas enemigas. El flash era muy molesto.

-Hace años que no venían, ya se me había olvidado qué se siente. Descuida, Linda. Pásame ese mando a distancia de la mesilla, cerraré la persiana.

-Toma.

...

-¡¿Qué has hecho, Ruth?! ¿Cómo has...?

-¡Mierda! Ya lo tenía olvidado. 

-Ru...

-¡SAL FUERA, AL JARDÍN!

Las dos mujeres salen al encuentro del fotógrafo.

-Joder. No puede ser.

-¿Está...?

-Parece que sí. ¿Qué demonios hacemos ahora, Ruth?

-En mi casa no hay sitio para cadáveres.


DIÁLOGO Y PLATAWhere stories live. Discover now