Capítulo 11

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Las playas de Miami eran aún más relajantes que como la gente las describía.

Aunque, el simple hecho de ver a Shawn jugar con una pelota de volleyball me relaja bastante.

Tal vez muchas de ustedes se han dado cuenta que cuando Shawn se expone al sol, sólo la parte baja de sus mejillas se sonroja.
No me miren mal, me da gracia lo que le pasa, pero al mismo tiempo me da ternura.

—¿No piensas venir, Hapi?—Quité mis rayban y me levanté de la arena. Caminé hasta donde hace algunos momentos, Shawn jugaba divertido como niño pequeño.

—Te ves tierno.—Me regaló una sonrisa ladeada.

—¿Ah sí?—Asentí.

—Cuando te da mucho el sol tus mejillas se ponen rojizas.

—Eso le pasa a todos.—Me tomó de la cintura, dejando el balón en la arena.

—Lo sé, pero a ti sólo te pasa en esta parte.—Puse ambas de mis manos en la parte baja de sus mejillas, casi llegando a la mandíbula.

—Eres rara.—Besó mi nariz.

—Tú igual, Shawn.

—Bésame.

¿Qué?

¡Cuidado, Hapi!Oh, perfecto. Un balón de volleyball cayó justo a un lado de mi cabeza. Me hubiera roto la nariz de nuevo. Pero bueno, que relajantes las playas de Miami que me he quedado dormida.

¿Entienden? Era el momento perfecto con Shawn. Pero por supuesto tenía que ser sólo un sueño.

[...]

Allí se encuentra él, ¿sí es él?
Realmente no sé, lleva puesta una sudadera gris con su gorro puesto, las manos metidas en sus jeans y aquellos Vans desgastados azules. No sé si es él, cualquiera podría vestirse así.

Pero, tomando en cuenta su perezoso caminar y que ya es casi hora del concierto, puede que sea él.

—¿Shawn?-Volteó, efectivamente era él. Estaba gracioso, sus mejillas olvidaron aquel color rojizo y sus pupilas estaban muy dilatadas.—¿Qué tienes?

—Es hora de que sepas mi secreto número dos.

—Mientras no sea que te drogas todo está bien.—Bromeé pero Shawn no dijo nada.—¿Acaso...?

—¡No!—Chilló Shawn, tan bromista como siempre.—Es que...bueno, tienes que prometer que no te burlarás.

—Vamos, no puede ser tan malo.—Shawn inclinó su cabeza.—Bien, lo prometo.—Puse mis ojos en blanco esperando su respuesta.

—Le tengo fobia a las mariposas.—Sonreí ampliamente.

—¿Qué? ¡No me digas! Y estás tan pálido porque acabas de ver una.—Reí levemente.

—¡Prometiste no burlarte, traicionera!—No está enfadado, de hecho, reía conmigo.

—Lo siento, ya no me burlaré.

—Está bien, eso te da el derecho de saber el secreto número tres.

—¿Cuál es?

—Soy virgen.—Espetó. Así de la nada. Wow.

—Oh.—Apuesto a que estoy roja en este momento. Mierda y más mierda.—Yo también lo soy, no te preocupes.

—¿No te sorprende? Porque creo que deberías de estar preguntándote cómo es que este dios griego puede ser virgen.—Ambos carcajeamos.

—Tú deberías ser el sorprendido, como es que esta chica tan...sexy y con novio no se ha acostado con él.

—Eso si lo pensé.—Arqueé una ceja.—La parte del novio, tranquila. ¿Cuánto tiempo llevan juntos?

—Unos pocos meses.

—Ah ya veo.—Asentí. Cualquiera que sea igual de mentiroso que yo... ¡Nos vemos en el ifierno!

—Bueno, creo que deberíamos ir a backstage a arreglarnos y eso.

[...]

Aún quedaban treinta minutos para que el concierto iniciara y no tenía nada que hacer. Ya estaba lista, sólo me encontraba recostada en el sofá pensando.

Sí, en que Shawn es virgen.

Es bastante raro, digo, ¿qué chica no hubiera querido estar con Shawn?

Hablando de él...justo entra por mi puerta.

—Hapi...—Sus mejillas sonrojadas, su pulso agitado.

Caminó hasta mi, sin dejarme decir una palabra, me besó.

Con ternura y pasión, con alegría y tristeza, con frío y calor, con furia y paz, con amor y odio.

No me negué en ningún momento a sus caricias, las acepté y las devolví.

Pronto, las prendas volaron. Y tal vez, sólo tal vez, ya sabía lo que pasaría y venía preparado con un preservativo.

No me importó, no iba a sobre actuar y dramatizar la situación.

—Hapi...tranquila. Yo...te amo. De verdad que eres la mejor persona que he conocido en todo el mundo. Honesta, tierna, linda y graciosa. Eres todo lo que busco.—Dijo, mirándome a los ojos con ternura. Acariciaba mi cabello sin borrar la sonrisa de su rostro.

—Shawn, creo que yo también te amo. Eres el chico perfecto, y sé que llevamos pocos días de conocernos, pero estoy enamorada.

—¿Segura que estás lista?—Asentí, con mis ojos cerrados.—Será como si hiciéramos música juntos...—Susurró.

No podría pedir por un chico mejor. Lo amaba, y sabía que este pasó sería el correcto.

Siguió con movimientos despacios, besos utilizando su húmeda lengua, llenandome.

—¿Está bien si voy más rápido?—Asentí e intenté decir sí, pero pareció más un gemido. Juraría que si Shawn no me hubiera dicho que es virgen yo no me hubiera dado cuenta.

Lo hacía tan bien, era cariñoso pero a la vez apasionado.

Terminó con un gruñido.

Nos vestimos, sin decir alguna palabra.

—¡Aly!—Se escuchó el grito de Andrew llamándome. Le sonreí a Shawn en forma de despedida; antes de salir por la puerta revise mi rostro. El color del labial había disminuido la intensidad, gracias a los besos de Shawn.

Lo miré sonriente. Terminaba de subir sus pantalones, su cabello revoloteado, sus labios hinchados y manchados de rojo al rededor, y no podía faltar la inmensa sonrisa en su rostro.

—Limpia tus labios, cariño.—Le guiñé un ojo.

—Suerte, te amo.—Y salí por la puerta.

Entonces, sabía que esta noche daría el mejor concierto de mi vida.

Porque nadie me hubiera podido desear mejor suerte.

Lo amaba, y él lo hacía.

Chicos, de verdad está pasando.

11.♛s.m.[1]Where stories live. Discover now