Parte 1

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 Hacía horas que había abandonado el bosque, a sus compañeros y a su objetivo. No debió haber aceptado esa misión, ni tan siquiera sabía para quién estaba trabajando. Debía ser alguien poderoso, seguro, nadie ofrece ciento veinte millones de yenes en una simple tarea de transporte, aunque todo cobró sentido cuando la noche antes de tener que partir, le fue informado que debía formar equipo con otros dos hombres, dado que la misión acababa de cambiar. Debían secuestrar a una mujer, morena y no excesivamente alta que viajaba sola, transportando consigo información de interés; no se contestaría ninguna pregunta.

La descripción dejaba mucho que desear, sin embargo, es cierto que el camino que lleva hasta la Aldea Oculta del Humo nunca había sido especialmente transitado, y tal y como nos habían informado una única mujer morena se adentró en el bosque, acelerando el paso. Aquello nos extrañó, sin embargo, no hicimos caso.

Levanté mi cabeza y no sabía dónde se suponía que estaba. Sentí la saliva pasar por mi garganta, y con ella, un sabor metálico. No sabía qué hacer, si ella me encontraba, me mataría, habíamos tardado demasiado en identificarla, y ahora, mis compañeros estaban muertos, y si no lo estaban, no les quedaba demasiado. En medio de ese torbellino de pensamientos e imágenes macabras, recordé cierto mapa que siempre llevaba en el bolsillo, viejas costumbres como aquella, no morían con facilidad.

- Si yo fuera tú -hablaron a mi espalda, mientras un incómodo frío se posaba en mi cuello. El arma estaba ligeramente pegajosa- no abriría eso. Tus compañeros no corrieron muy buena suerte.

- Por favor, -hablé mientras levantaba mi mano derecha, con el mapa a medio abrir.- Ni tan siquiera he cobrado todavía. No me mates.

- ¿Cómo sabíais que pasaría por ahí?

- Nos lo dijeron

- Y no me dirás quién os lo contó -dejó la frase en el aire, convirtiéndolo en una pregunta. Cerré los ojos con fuerza, a lo que ella sólo suspiró y apartó el arma de mi cuello. Un poco más adelante, había unas rocas enormes en las que se sentó, aparentemente tranquila, aunque el tatuaje que llevaba en su brazo derecho anunciaba la verdad.- Entonces, ¿Me dirás quién es tu jefe al menos?

- No lo sé -ella entrecerró los ojos y volvió a abrirlos, en su mirada creí ver una advertencia- Me contactó a través de cartas, no tenían remitente y cada día que pasaba las dejaba alguien distinto... O eso decían los vecinos

- ¿Conservas alguna de esas cartas? ¿Las llevas contigo? -preguntó, parecía interesada en el tema, aunque la única pista que tenía era el hecho de que por fin, sus preguntas parecían haber cambiado de objetivo. Hice memoria.

- ¡Sí! Bueno, más o menos -corregí algo nervioso. Cogí mi mochila y me enderecé, pareció asombrarse de ese movimiento y retrocedió para ponerse en guardia. Continúe hablando mientras sacaba el sobre y lo abría.- Esto es lo único que aún no he abierto.

(...)

Agotada, Kaede atravesó las puertas de Konoha. Realmente, la misión no había sido dura, en absoluto, pero desde hacía ya tiempo que no tomaba misiones sencillas, y la hokage insistió en que era la indicada para unas misiones diplomáticas, por mucho que fuera una villa menor. Debido a eso, la sorpresa de la rubia al ver su ropa manchada y su pelo pegajoso a causa de la sangre fue notada inclusive en los campos de entrenamiento.

- ¡Kaede! ¿¡Se puede saber qué demonios te ha ocurrido!? ¡Se supone que era una misión diplomática! -habló desconcertada, frente a ella, la kunoichi mantenía la postura recta y una mirada impasible, tras ella, apareció la joven ayudante de la hokage, quien al ver a Kaede, retrocedió y cerró la puerta.

- Y así fue Hokage- sama -su voz carecía de emoción alguna- Llegué a la villa del Humo, el día y hora previstó, mantuve conversaciones con los líderes y visité la academia, y si me permite la observación, tan solo ví a uno o dos jóvenes con potencial. Aquí tiene el pergamino que me mandaron entregar -finalizó depositando frente a ella un pergamino, guardado meticulosamente en una extraña cobertura tubular gris, con el símbolo de la villa remitente estampado diversas veces.

- Eso no contesta a mis preguntas Kaede.

- Durante la vuelta, tres hombres me asaltaron. Uno de ellos quedó preso del propio ataque de su compañero y facilitando su apresamiento, tras eso, los dos que quedaban se dispersaron. Cuando logré alcanzar a uno de ellos, ya había fallecido y tuve que regresar sobre mis pasos, fue entonces cuando me encontré también con el cadáver del rehén.- Soltó un pesado suspiro, parecía que se debatía entre la indiferencia y la curiosidad, aunque en sus ojos fue visible la curiosidad. Todo aquello no tardó más de dos segundos, pero fue suficiente para Tsunade.- El tercero logró llegar más lejos, logré hacerle algunas preguntas, pero no tenía respuesta para nada. Ni quién les contrató, ni cómo me habían encontrado. Se limitó a abrir un sobre pero falleció al instante.

- Sería alguna clase de veneno de rápida absorción -murmuró para ella misma- Supongo que escondiste los restos para evitar el pánico entre los civiles.

- Me hubiera resultado imposible, Tsunade-sama

- ¿Y eso? ¿Por qué?

- Sus restos se encontraban dispersos, los tres fallecieron de la misma forma -volvió a tomar la palabra. En aquella ocasión, dejó que su voz reflejara libremente la confusión que la invadía.- El sobre que abrió el tercero, explotó casi al instante sin dejar rastro del papel, por otra parte el cuerpo se encontraba despedazado. Teniendo en cuenta que trabajaban juntos y la similitud del estado de los cadáveres, supongo que todos murieron de la misma forma.

- ¿Podrías indicar el lugar en el mapa? -habló de nuevo la superior, dejando clara su repulsión hacia el acto. Tras un asentimiento de la más joven, endureció su mirada y posicionó sus manos entrelazadas a la altura de su boca.- Ahora pues, la autentica cuestión es ¿por qué? -dejó la pregunta en el aire, y segundos después suspiró.- Kaede, si vuelves a tener algún encuentro similar o alguna pista de lo sucedido, informame de inmediato. Estudiaré el mensaje de nuestros vecinos e informaré a un escuadrón ANBU a registrar la zona. Puedes retirarte.

La joven se limitó a realizar una reverencia ante la máxima autoridad del lugar para desaparecer en una bola de humo. La rubia, por otra parte, observo detenidamente el pergamino entregado durante el tiempo suficiente como para que centenares de ideas nublaran su pensamiento, al final, lo dejó sobre la mesa, aún cerrado. Se levantó del gran sillón que presidía la sala y observó el cielo, que parecía no decidirse entre nublado o despejado, a través del enorme ventanal. "Sea lo que sea" pensó "no será nada bueno. No tiene sentido. Y nunca es bueno, ni sencillo, enfrentar a un enemigo sin sentido aparente"

AtarashīTahanan ng mga kuwento. Tumuklas ngayon