No había tristeza más grande que la de un amor no correspondido. Que no pudieses alcanzar lo que más amabas en el mundo. Esa clase de dolor que solo se experimenta en un funeral, o en un rechazo, era el más hermoso en realidad.
Aoyama siempre había pensado de aquella manera, no porque fuese un masoquista, sino porque supo apreciar la belleza de los sentimientos que se desparramaban en aquellos instantes tan desgarradores. Tan puros, en bruto, como diamantes; joyas preciosas, raras de encontrar. Y todos eran distintos. Porque había quien los relucía llorando, gritando a todo dar, reprimiéndose, golpeándose, incluso riendo. Absolutamente nadie se expresaba de la misma forma, no en su totalidad, y era precisamente aquel detalle lo que hacía del dolor un arte.
Pero no era como si Aoyama nunca hubiese sufrido nada, o que no tuviera sentimientos. Él sabía lo que era perder a alguien: haberse alejado, peleado. Que algún ser querido hubiera tenido que perecer por cualquier motivo. Y cada una de esas veces, el dolor y su expresión habían sido diferentes. Impotencia, enojo, tristeza, melancolía. Llantos quedos, llantos a todo pulmón. Melancolía por un día, por una semana, por un mes o por años.
Había algo que ponía en duda al chico. ¿Podía ser considerado maravilloso el cargar con emociones tan fuertes por tanto tiempo? ¿Incluso cuando empezaba a arder, cuando, cada día, desgastaba todo su ser? Porque se sentía horrible, debía admitir, estar enamorado de su mejor amigo y que este amara a alguien más.
Había escuchado a Midoriya hablarle de su interés amoroso desde el primer momento que fue flechado. Y al principio se le había hecho lindo, hasta digno de admirar en un lienzo, el conjunto de aquellos sentimientos tan puros y suaves que brotaban del pecoso muchacho. A Yūga no le sorprendía en absoluto que fuese así como su amigo se comportase cuando alguien le gustaba: tierno, torpe, nervioso y emocionado. Lo que sí le había tomado desprevenido era que el enamoramiento de Izuku no hubiese sido tan efímero como había pensado; no, había crecido con el tiempo, dejando de ser superficial. Se había enamorado de un alma.
Aoyama estaba feliz por su mejor amigo, pero, al mismo tiempo, estaba sumiéndose en la tristeza. No supo qué hacer. Porque Izuku había sido la única persona que pudo hacerle sentir emociones tan intensas y puras. El que le devolvió la confianza en sí mismo, al que nunca le ocultaba nada, al que había entregado su corazón entero sin que el otro lo supiera. Porque Midoriya era dulce, amable y paciente; inteligente, generoso y altruista. Aoyama tenía muy en claro que la perfección no existía, pero Deku era quien más se acercaba a ella.
Al joven francés le gustaba fantasear con que Deku le correspondía. Que se quedaban abrazados dándose mimos, que se besaban, que se decían cuánto se amaban. Pero sabía que no podía ser así, y que aquellas se quedarían en simples fantasías, y hasta allá. No podía forzar a su mejor amigo a amarlo. Prefería ahogarse, en silencio, sin que él se enterara nunca. No podía decirle cuánto le dolía no poder ser su persona especial, que se sentía mal desde hacía un tiempo por eso, porque tal vez haría que Izuku se sintiera triste o molesto.
Habían llegado a un punto en el que Aoyama ya no sabía si seguía figurando entre la lista de personas importantes para Deku (si es que alguna vez lo había sido) o no. Porque ya no hablaban tanto, ya no comían juntos en el receso ni salían a ningún lado. Había vuelto a su soledad desde que Izuku intensificó su amistad con Todoroki, su persona especial. Los días dejaron de ser buenos, y volvieron a ser grises. No solo no era correspondido, sino que había sido abandonado. Si el rubio no iniciaba la conversación (que terminaba con rapidez, siendo que se volvía incómoda a falta de palabras), probablemente Midoriya no se acordara de él. Había llegado a pensar que tal vez estaba siendo muy dramático, pero nunca vio ni una pizca de interés salir del peliverde. Si había alguna, no podía verla.
KAMU SEDANG MEMBACA
épanouissement [One Shot Dekuyama]
Fiksi PenggemarAbsolutamente nada dolía más que ser olvidado por quien más amaba; ni siquiera las flores que crecían en su interior. Eso era lo que hacía de aquel dolor en particular, un arte. 🌸 Hanahaki Disease 🌸 One shot 🌸OOC: La personalidad de los personaj...
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