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La noche jamás le había parecido tan tétrica, pero tampoco tan maravillosa.

Apenas podía distinguir los edificios que estaban a unos cuantos metros de su posición y solo había unas pocas estrellas visibles gracias a la contaminación.

La luna parecía haber perdido su brillo desde hace tiempo; todo en realidad.

El presente era un infierno y ni siquiera se podía imaginar el futuro sin que las ilusiones se tornaran en algo tan horrible que tenías que ponerte a pensar en el pasado; eso te ponía melancólico y si te ponías melancólico te morías.

Así de asqueroso era vivir.

"Esto no es vivir, solo es evitar la muerte. Aunque sería mejor estar 30 metros bajo tierra. No tendrías que escuchar gritos de auxilio o romper cráneos de cuerpos que se mueven por el deseo de comer carne humana."

Ese era uno de los pensamientos recurrentes del muchacho que estaba sentado en lo más alto de un mástil de radio.

El grupo de kruntons que lo había perseguido de repente había perdido el interés en él y ahora merodeaban los alrededores sin hacer ruido.

Parecía que intentaban pasar desapercibidos y se agazapaban de vez en cuando, como si algo los preocupara.

Jamás había visto esa actitud por parte de las criaturas y la curiosidad lo llevaba a escribir o dibujar todo en uno de sus tantos diarios de campo.

Escribía con rapidez. No despegaba el lápiz de la hoja debido a que estaba concentrado en no perder de vista al krunton que parecía dirigir al grupo.

Se desesperó cuando la punta de su lápiz se rompió y trató de encontrar otro en su mochila.

En el momento exacto en que apartó sus ojos de la escena escuchó un rugido estruendoso casi igual a un grito de guerra y un delicioso olor a rodomiel inundó el aire avivando sus sentidos.

Se olvidó por completo de lo que estaba haciendo debido a que le había surgido la imperiosa necesidad de encontrar la fuente de ese olor y su vista se paseó con rapidez en los alrededores hasta dar con su objetivo.

En otro instante hubiera estado asombrado por ver los cuerpos destazados de un par de kruntons pero su atención absoluta  se la llevó la criatura gigantesca que se encontraba mordiendo con furia el cuello del líder de la manada.

Si hubiera tenido que describirla no dudaría en decir que era un tipo de lobo descomunal con fauces y garras tan letales que desgarraban la gruesa piel de sus contrincantes sin dificultad.

El panorama que tenía era el de una carnicería grotesca en la que partes de cuerpos deformados se regaban en los callejones y el ácido típico de la carne de esas cosas corroía el suelo dejando agujeros que emulaban a charcos de sangre. 

Y seguía sin importarle en lo más mínimo pues estaba inmerso en la existencia de ese "lobo".

Se dio cuenta de que casi no tenía pelaje pero este era de un precioso color marfil que por alguna razón le parecía suave aún sin haberlo tocado; poseía algunas cicatrices; las patas delanteras eran más grandes a comparación de las posteriores, lo cual provocaba que estuviera encorvado cuando se irguió para olfatear el aire mientas movía su nariz rápidamente.

Cuando pareció ser que había encontrado la fuente del aroma que le atraía, se giró a su dirección casi como si tuviera prisa y sus ojos rojos se clavaron en su figura.

Contrario a lo que muchos hubieran experimentado en ese momento, el chico de cabellos citrinos sintió que su pecho se había vuelto una caja de fuegos artificiales que fue encendida por accidente.

Todo retumbaba dentro de él.

Una plenitud extraña seguida de la felicidad inmensa que le provocaba ser notado desbordaba como una cascada de chispas coloridas por su torrente sanguíneo que lo hacía sofocarse gracias al súbito calor que se apoderó de su cuerpo.

Su lobo interno aúllo; expuso su cuello y se acostó boca arriba para mostrar sumisión absoluta; rascó con insistencia en un intento de hacer que se encaminara para quedar frente a frente con el otro ser mientras gritaba con euforia "alfa, alfa, alfa" sin cesar y chilló de la emoción al ver a su pareja con el mismo deseo que lo carcomía.

El pecoso había perdido la capacidad de pensar y al ver como esa criatura que probablemente era mítica corría hacia a él no dudó en bajar a toda prisa del mástil.

Quería verle de cerca. Quería impregnarse de su aroma. 

Quería que lo reclamara como suyo.

Después de un par de minutos  llegó a la planta baja del edificio y no tuvo que molestarse en ir a abrir la puerta ya que esta salió disparada hacia atrás.

Su corazón sufrió un pequeño paro antes de volver a latir con fuerza, su estómago se llenó de mariposas y su nariz se deleitó con el olor que emanaba de la criatura.

Algo le dijo que se quedara quieto, que solo se dedicara a observar.

El piso de piedra se cimbró ante el avance imponente que el ser daba.

Un crujir de huesos se escuchó mientras la piel se quedaba sin pelaje y comenzaba a cambiar drásticamente de forma.

Volvió a erguirse cuando su tamaño se había reducido lo suficiente. Ahora le faltaba un metro y medio para tocar el techo.

Su cuerpo fue cambiando hasta ser el de un humano y ante la mirada atónita de su acompañante solo atinó a sonreír de manera ladina.

Sin reparo alguno se inclinó ligeramente hacia el cuello ajeno para extasiarse con el aroma a cítricos y flores. Tomó de la cintura a su pareja con cariño y junto su frente a la suya.

Deku.


Las lágrimas comenzaron a salir de los preciosos ojos del chico de pecas e inmediatamente abrazó con fuerza al rubio que lo miraba con amor.

Kacchan.


Ambos tenían demasiadas dudas y tanto que preguntar sobre lo que había pasado en los años en los que no se habían visto.

 Aunque tendrían que esperar para poder aclararlas.    

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⏰ Last updated: Jul 12, 2019 ⏰

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