Escuchaba Old Ways a través de mis audífonos. Sentía la melodía recorrer todo mi cuerpo y el ritmo latir como si fuera el de mi corazón, haciéndome sumergir en mi propio mundo, solo yo y la música, dándole rienda suelta a mi imaginación. A veces suelo pensar en mi futuro, pero muchas de las veces lo interrumpe mi pasado.
El horrible olor a humo y el color ceniza fuego, destacaban esa noche. Sus brazos rodear mi espalda y cubriéndome de la horrible imagen. Los sonidos de los bomberos venir a toda velocidad, la voz de unos de ellos preguntándonos por nuestro bien estar. Y de repente todo estaba perdido.
El auto se detiene y abro los ojos cerrados, haciéndome despertar de todo aquel drama. Drama que fue parte de mi vida. La brisa calma mi ansiedad, pero esta vuelve.
Apago la música, abro la puerta y bajo. Me detengo frente de la que será mi casa en los próximos años universitarios y suspiro intentando calmar todos mis sentimientos en este momento.
El Sr. Rodríguez abre el maletero y baja mi maleta con mucha dedicación. Como extrañaré las tarde de merienda con él y sus chistes malos.
—Mei, ¿quieres que te acompañe hasta la entrada? —dice el Sr. Rodríguez con cierta calidez.
—No, gracias. Ya ha hecho mucho por mí, no debí molestarlo, vive al lado del orfanato y sin tener ninguna obligación, me trajo hasta aquí. Le agradezco de todo corazón —me acerco a él y le abrazo.
—Tranquila, te he visto crecer allí, era lo menos que podía hacer por ti. Ahora me voy, no quiero retrasarte más —dice con una amarga sonrisa, sé que va a extrañarme cómo yo también lo extrañaré a él.
Le devuelvo la sonrisa en forma de que no hace falta expresar con palabras lo tanto que nos extrañaremos. Pero es así, llegó mi tiempo de crecer.
—Está bien. Conduzca con cuidado —digo, mientras este sube al auto.
Ya dentro de él me saluda con la mano, como última despedida. Y arranca para luego acelerar.
Las tardes de chistes, chocolate caliente en invierno y jugo de naranja de verano, se fueron cuando él aceleró con miedo de mirar atrás. El Sr. Rodríguez es como un abuelito y en serio lo voy a extrañar.
Con lágrimas que no dejo salir, me doy vuelta. Es hora de un nuevo comienzo, de una nueva vida. Trago todo dolor del pasado. Agarro mis maletas, dispuesta a entrar a la casa. Mi nueva casa, donde pasaré muchas emociones juntas y donde también creceré como persona. Conoceré a gente nueva y más de una entrará en mi corazón, ganándose de él lo mejor de mí.
¡Ahora si! ¡Empecemos!
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🍭Lo Dulce del Silencio🍭
Teen FictionDean es un chico callado por el peso de un gran secreto. Mei, aún con una infancia marcada por la muerte de sus padres, es curiosa por naturaleza. Su amor, aunque puro, se verá afectado por los secretos, los misterios y el suspenso, todos intensif...
