Vah Medoh estaba en posición de ataque, con sus alas extendidas y su objetivo fijado en lo que Revali había conocido como el imponente castillo del reino y que ahora ya no conservaba en sus destruidos muros la gloria de su pasado. La bestia divina se erguía orgullosa y lista para el momento en que tuviera que desatar en un solo ataque toda su ira contenida contra Ganon y cumplir así el cometido que habían dejado pendiente hace cien años.
Estaba ansioso porque ese momento llegara.
Link acababa de marcharse, tan silencioso como siempre se había ido sin decir ni una sola palabra. Le resultaba difícil de creer que él hubiera sido capaz de derrotar al enemigo que sometía a Medoh y contra el cual él vergonzosamente no había tenido oportunidad. No podía dejar de pensar en el hecho de que un simple chico sin alas había sido capaz de liberar su espíritu; ese hylian del que tantas veces puso en duda su capacidad le había demostrado que era digno de su destino.
Nunca lo admitió frente a nadie pero desde el momento en que supo de su existencia lo consideró un rival a vencer, una expectativa que superar; y después de ver como sin temor enfrentaba a sus enemigos ese deseo de batirse en un duelo contra él no hizo más que reavivarse, lastimosamente ya era muy tarde para eso.
—Esa princesa...lleva mucho tiempo esperándote— con esas palabras lo había despedido, después de haberle otorgado lo último que quedaba de su poder, lo único que permanecería de él en este mundo, la técnica creada como el resultado de todos sus años de entrenamiento.
Verlo a él le recordó uno a uno los eventos del pasado; desde el día en que la princesa acudió en su búsqueda por ayuda, hasta aquel atardecer en el monte Laynaru en el que la leyenda se cumplió y el cataclismo emergió.
Cuando la princesa le había propuesto ser el maestro de Vah Medoh había estado emocionado, finalmente el fruto de sus esfuerzos se estaba reflejando, poco a poco sus hazañas serían reconocidas y que mejor manera de comenzar que siendo el campeón que se enfrentaría al demonio Ganon. Mucha fue su decepción y humillación al saber que solo sería un peón más en el plan elaborado para detener el cataclismo, un simple ayudante encargado de servirle al caballero hyliano que tendría la verdadera batalla contra aquel demonio enigmático de las antiguas leyendas. En un principio se había determinado por rechazar tal ofrecimiento que de un halago pasó a convertirse en una burla a su ego; el gran guerrero orni Revali siendo solo un ayudante no encajaba en los planes que tenía para él mismo; si el caballerito quería la gloria de ser el héroe entonces que lo hiciera solo.
Pero entonces, cada vez que se decidía por negarse recordaba la mirada de la princesa, aquellos ojos verdes en silencio suplicaban por ayuda incluso más de lo que ella pudiera expresar en palabras, en su mirada pudo reconocer la determinación inocente de quien espera salir victorioso solo por tener un plan perfectamente organizado, y la audaz osadía de quien no se rendirá hasta lograr su objetivo. Tenía una meta y una motivación, en eso se parecían. Aceptó la propuesta por ella, porque con su petición había destruido la imagen de seres egoístas que tenía de los hylianos, le demostró que es posible preocuparse por otras especies y por otras personas, quería salvarlos, sinceramente y más que por obligación ella quería salvarlos, y en eso él le ayudaría.
O al menos eso había pretendido, pero ahí estaba ahora, su espíritu había sido liberado pero ya no había nada que pudiera hacer más que confiar en las habilidades de Link y el poder de la princesa.
Su vista panorámica se detuvo en los banderines ondeantes de la zona de entrenamiento, su lugar predilecto, no había otro donde disfrutara más de desafiar a la gravedad, de sentir las corrientes de aire helado deslizándose fuertemente en las plumas de sus alas manteniéndolo en el aire mientras con maestría soltaba flecha tras flecha dando en el objetivo de manera perfecta cada vez. Nunca se cansaría de la sensación de satisfacción que le producía soltar un tiro perfecto, de ser consciente de que tenía un talento que lo hacía especial, de saber que podría lograr lo que muchos ni siquiera imaginarían y menos atreverse a intentarlo. La arquería siempre fue su pasión, cada disparo en el instante adecuado y cada flecha que acertaba en el objetivo se sentía como una batalla lograda; cuando usaba su arco no tenía segundas oportunidades, cada flecha que osara disparar debía dar en el blanco para no convertirse en un tiro desperdiciado, en un fracaso, era un duelo contra él mismo que no se cansaba de pelear.
YOU ARE READING
La Furia de Revali
FanfictionRecordó uno a uno los eventos del pasado; desde el día en que la princesa acudió en su búsqueda por ayuda, hasta aquel atardecer en el monte Laynaru en el que la leyenda se cumplió y el cataclismo emergió.
