-Seulgi, te envidio -suspiraba Irene mientras leía felizmente un poema que le había escrito. Sabía que su amiga tenía mucho talento para ello.
Seulgi sonrió con entusiasmo y pasó su brazo por los hombros de su amiga.
-Entiendo que soy perfecta, hay muchas cosas que envidiar de mí -rió por la broma.
Irene guardó su carta en el bolso y luego miró a la escritora. La vio reír. Miraba delicadamente cada rastro de su cara. Sus hermosos ojos rasgados cuando reía, su nariz pequeña algo arrugada al sonreír, sus pequeños dientes perfectos... debía admitir que su amiga era bastante atractiva. Entonces, Seulgi se dio cuenta de ello.
-¿Qué miras tan atentamente? -preguntó curiosa.
-Cuando te veo, siento muchas cosas bonitas, y pienso que sería genial poder expresarlas en un papel y plasmarlas en forma de poema. Sin embargo, nada sale de mi bolígrafo -respondió Irene.
-Entonces deberías comprar otro bolígrafo -obvió la chica.
-¡No es culpa del bolígrafo, sino de mi imaginación!
-Perdona, dijiste que nada salía de tú bolígrafo. Había entendido que no tenías tinta.
Irene rió en una carcajada.
-Siempre lo tienes que comprender todo tan al pie de la letra.
Ambas reían mientras caminaba hacia ningún lugar premeditado.
La noche cayó, y las chicas se despidieron antes de volver a su casa. Pasar la tarde con Seulgi le hacía olvidar ciertas cosas que le estresaban pues ambas se comprendían perfectamente y podían desahogarse como querían. Cuando Irene abrió la puerta, se llevó no tan grata sorpresa de ver a Adam allí, junto a su madre. Sonriente de ver a ésta, se acercó a ésta, quién tenía un rostro de interrogación en aquel momento.
-Irene, te estaba esperando. Tu madre me dijo que habías salido con tu amiga así que no quise molestarte -saludó el chico.
-¿Por qué estás aquí? -preguntó algo decepcionada.
El chico se sorprendió.
-¿No quieres que te visite? Por cierto, hoy estás hermosa -comentó, cambiando de tema.
El chico procedió a tocar el rostro de la pelinegra, pero ésta le abofeteó la mano para acerla cambiar de rumbo.
-¡Irene, no seas grosera con él! -reprendió su madre, la señora Park.
//N.A: Me he tomado la libertad de inventarme el nombre de su madre.\\
Irene despreciaba a Adam. En el fondo era buen chico, pero sabía que era una estrategia de su madre para que ambos comenzaran una relación aunque sabía perfectamente que eso era imposible. Ella no se sentía atraída hacia él, y verlo casi todos los días forzosamente tan solo ralentizaría el proceso, en caso de que hubiese cierto proceso.
-Adam, es tarde, es mejor que regreses a tu casa; mañana tengo que ir a trabajar temprano -aconsejó la chica.
-Adam va a cenar hoy con nosotros -avisó la señora Park.
Irene abrió los ojos con sorpresa.
No quería seguir viendo la cara de aquél chico, y saber que tenía que hacerlo además mientras comía hacía que un nudo apareciese en su estómago, quitándole de inmediato las ganas de comer.
-En ese caso, espero que os aproveche -dijo la chica mientras subía la escaleras, pero su madre la detuvo de inmediato.
-De eso nada. Irene, cada día te veo más delgada y algo anémica. Debes comer algo. Apuesto a que sólo has desayunado rápidamente y almorzado en el día de hoy -dijo su madre-. Además, no puedes hacerle esto a un invitado.
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; She is a WoW Thing [Seulrene]©
RomanceIrene amaba escribir poemas, pero no se le daba tan bien; sin embargo, Seulgi sabía hacerlo muy bien y se los dedicaba siempre que podía. Con el paso del tiempo, ambas decidieron empezar una relación que estaba prohibida en los ojos de la madre de I...
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