Modus Operandi

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'Solo sé que no se nada' recordé. Las cosas estaban pasando demasiado deprisa para poder enterarme. Me costaba pensar, tenía dolor de cabeza. Los casos que me tocaban nunca eran los suficientemente fáciles. Eso me daba dolor de cabeza. Pero este caso era distinto. No solo se trataba que la víctima la conociese tan bien, sino la forma que el asesino había hecho su crimen. Tenía que meterme en su cabeza para poder saber cual sería su próximo paso, era un asesino en serie, y yo el encargado de hacer acabar esta serie. Tres asesinatos en una semana, la última una vecina mía, la del tercero, me intentaron retirar del caso, pero no lo consiguieron, supe defenderme.

Donde estaba el asesino, mataba y dejaba una nota en la escena del crimen. Ya teníamos tres notas. Todas ellas con la frase: 'La muerte da sentido a nuestras vidas'. La letra, en todas sus notas, era distinta. Esto nos llevo en un principio a creer que podía haber distintos asesinos, pero al ver el mismo modus operandi llegamos a la conclusión de que nos encontrábamos ante una mente desequilibrada con múltiples personalidades. Esto hacía el caso más difícil e interesante.

Había llegado en el peor momento. Mi concentración estaba al mínimo en toda mi carrera, me encontraba más perdido que cuando empecé. Me empezaba a cuestionar si quería seguir con este oficio, pero este asesino me estaba empezando a motivar. Mataba en sitios en los que frecuentaba, todos ellos sin mucha seguridad. Limpiaba la escena concienzudamente. Los lugares en los que asesinaba no seguían un patrón. Mis pensamientos se vieron interrumpidos por el sonido de unos nudillos que golpeaban la  puerta.

- Adelante – dije.

- Buenos días, Axel – dijo el joven que se situaba tras la puerta.

- ¿Qué ocurre, Walter?

- Un nuevo asesinato, el mismo modus operandi – me informaba mientras se sentaba frente a mí, al otro lado del escritorio -, está vez en un café. El dueño lo ha encontrado hoy al llegar de sus vacaciones. Le dejo el informe – dijo entregándome el informe y acto seguido salió por la puerta.

Abrí la carpeta y encontré unas fotografías con el horroroso asesinato. Era un estudiante, está vez más joven que los anteriores, los crímenes se iban encrudeciendo, no sabía que podría llegar a hacer ese monstruo si seguía así. Tenía que pararle los pies cuanto antes.

Al día siguiente, cuando fui a comprar el periódico la noticia estaba en primera plana, esta vez mi nombre salía como encargado principal del caso. Los medios hacían eco de los brutales crímenes. Este último asesinato había transcendido los medios. El caso se nos estaba yendo de las manos. La nota que dejo el asesino había sido publicada: 'La muerte da sentido a nuestras vidas'.

A partir de ese momento el asesino se lo tomó como algo personal y en cada asesinato me retaba a encontrarle. Por algún extraño motivo se medía conmigo. Empezaron a llegarme cartas que me provocaban y me volvían furioso. Después de un mes y tras cuatro horrorosos asesinatos, parecía seguirme la pista, en vez de yo a él. Todos los días revisaba los casos con la esperanza de encontrar algo nuevo, pero solo daba palos de ciego.

Llamaron a la puerta, supuse que sería un nuevo asesinato. Cuál fue mi sorpresa que no entró Walter, en su lugar entró una mujer.

- Soy Andrea, de ahora en adelante yo le traeré los casos.

- Soy Axel Esteff. ¿Qué ha pasado con Walter?

- A eso venía, señor Esteff.

- Siéntese – Andrea, se sentó sigilosamente. Tenía los cabellos oscuros que resaltaban más sus ojos verdes.

- Walter, ha sido la última víctima de su asesino en serie – no podía dar crédito a lo que oía -. Con el mismo modus operandi. La nota decía lo siguiente – abrió la carpeta y parándose en una hoja leyó – 'Cuando el Hombre no se encuentra a sí mismo no encuentra nada' – me di cuenta que había cambiado el mensaje de sus notas -. Le encontraron en los aseos de un bar. Le dejo aquí el informe – dijo mientras se ponía en pie y depositaba el informe encima de mi mesa -. Adiós – se despidió y salió por la puerta que un día antes atravesaba Walter.

Está vez me enfureció más de la cuenta. Walter no llevaba ni un año en esta oficina y ya habían acabado con él. Revisé el nuevo caso, está vez la cara que tenía la víctima no era de horror, ni de miedo, más bien de sorpresa. ¿Por qué? Me puse la chaqueta y guardé mi pistola. Giré el pomo de la puerta y al abrirla estaba todo igual pero distinto. No veía compañeros, veía personas que corrían peligro por un degenerado. Crucé la oficina intentando no hablar con nadie. Mi tono demostraría el miedo que tenía, no por mí, por mis compañeros. La cosa se estaba poniendo fea. Por fin llegué a la calle. Recorrí la ciudad a pie hasta mi apartamento, notaba su presencia, su aliento en mi nuca. Quería gritar, echar a correr... tenía que controlarme. No me podía afectar tanto. Este caso me estaba volviendo loco. Llegué a mi apartamento, abrí el buzón y recogí las cartas. Subí por las escaleras. Tenía dolor de cabeza, cogí la caja de aspirinas, estaba vacía. Miré las cartas y había una sin nombre, del asesino. Respiré hondo y la abrí, la leí en voz baja, intentando relajarme.

'Hola Axel, ¿le gustó la última víctima? Espero que haya encontrado algo nuevo. Estoy deseando poder hablar con usted y contarle como hice estos asesinatos...' paré de leer, estaba demasiado nervioso, no debía continuar, tan solo empeoraría las cosas, pero tenía una corazonada de que algo cambiaba en esta carta '..., es hora de vernos las caras. ¿Qué le parece hoy? Estaré en los contenedores del puerto, el quinto a la izquierda, de color rojo. A las once de la noche. Le aconsejo que venga solo.'

No me lo podía creer. Estaba quedando conmigo. ¿Sería una trampa? ¿Se estaba burlando de mí? Solo había una manera de saberlo. Ir. Decidido esto, tomé las llaves del coche y me dirigí al lugar y a la hora que habían sido convenidos en la carta. Tardé una hora en llegar, estaba nervioso, las manos me sudaban y los semáforos se habían puesto en contra mía. Al llegar, estaba todo desierto, la oscuridad envolvía todo. Sólo se oían mis pasos, sentía miedo, pero seguí para adelante. A cada paso que daba notaba más cercana su presencia. Al fin llegué, el quinto a la izquierda, rojo. Intenté abrir la puerta, la cerradura estaba oxidada, tuve que abrí la puerta de una patada. Por dentro estaba todo oscuro, busqué con la mano el interruptor, lo encontré. Una triste bombilla se encendió. Para mí sorpresa, la habitación estaba repleta de espejos. Donde mirase había espejos. Al principio no lo comprendí. Pero un escalofrío me recorrió la espalda. La sangre se heló en mis venas. Delante de mí tenía al asesino. En mis manos estaba acabar con él o perdonarle la vida. Al fin y al cabo, le debía mucho. Llegó en el momento más delicado de mi carrera, había hecho que recobrase el interés por mi trabajo. ¿Qué debía hacer? ¿Le mataba? ¿O iría a la que sería la última cita de Andrea conmigo? Con el asesino.

MODUS OPERANDIWhere stories live. Discover now