Hell is home

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El demonio había tomado una de las muchas y poderosas dagas que se encontraban en la estantería, y con mano firme la dirigió con su mano derecha a su espalda y comenzó a hacer cortes.

La daga tenía una forma curvada poco común en ese tipo de instrumentos, y a simple vista se percibía lo filosa y letal que era, tanto que con el simple hecho de tocarla podría cortar tu dedo profundamente.

Las heridas que el mismo demonio se infligía no eran sin un propósito, tenían una razón de ser.

Cuando lo considero suficiente, el demonio se dirigió sin ninguna prisa aparente, pero con una ansiedad a punto de salir en la boca del estómago hacia las cortinas para cerrarlas, que cubrían el gran ventanal de la habitación, apagando la poca luz que aquel tétrico lugar concedía.

Una vez todo preparado realizó con gracia y firmeza el último corte para poder por fin liberarlas.

Alas, unas bellas y majestuosas alas color negro salieron de su espalda a la vez que el demonio alzaba sus brazos en sincronía con estas, con unas plumas que, si bien parecían delicadas, a la vez poseían una apariencia letal, tanto como la misma daga que las liberó.

El color negro predominante en ellas se veía realzado por los detalles rojos en la punta de cada pluma, eran tan grandes como las del ángel, pero éstas eran incluso más anchas.

Nunca nadie había visto alas como las de aquel demonio, pero él no permitía que nadie viera sus alas.

No quería, no debía, no podía.

El demonio estaba tan ensimismado con la sensación tan reconfortante que sólo se permitía cuando ya no podía más, que no se dio cuenta que la puerta de la habitación se entreabrió dejando ver al ángel entrar poco a poco a la habitación pasando a través del umbral.

El ángel fue sigiloso, pero aun si no lo hubiere sido el demonio no se hubiese dado cuenta de su presencia, pues este estaba encarando el lado contrario de la habitación, con los ojos cerrados y aun con los brazos extendidos no siendo capaz de sentir nada más que su corazón y su alma gritando.

Como el ángel, él disfrutaba profundamente el sentirse libre, con las alas extendidas.

El ángel miraba embelesado las hermosas y perfectas alas del demonio, eran sin duda las alas más bellas que había visto, y se sentó embobado, simplemente observando las maravillosas alas del demonio, y, al darse cuenta de que lo estaba haciendo estaba mal se levantó asustado por su pecado, dio un portazo al salir de la habitación, y corrió hasta alguna habitación.

Para su mala suerte, lo obvio sucedió y el demonio se dio cuenta de que el ángel lo estaba observando al salir del trance gracias al estruendoso sonido que concedió la puerta al cerrarse abruptamente.

El demonio, ya sin importarle que vea sus alas corrió por el oscuro pasillo abriendo con enojo todas las puertas hasta dar con la penúltima, que era donde estaba el ángel.

Su mirada se dirigió automáticamente hacia el pobre ángel sentado en un rincón abrazando sus rodillas y con una expresión de puro terror plasmada en su bellísimo rostro, producto del tremendo estruendo que dieron las paredes por el fuerte azote que dio al la puerta el demonio una vez se encontraba dentro de la habitación, con fuertes pasos y una mirada fiera se dirigió al ángel, se hincó sobre una rodilla, posando un brazo sobre la rodilla que no estaba tocando el suelo, y con un deje de enojo dejo salir en una voz que hacia su mayor esfuerzo por no temblar:

- ¿Qué hacías?

El ángel se quedó totalmente paralizado mientras el demonio se le acercaba cada vez más en un intento de intimidarlo y ocultar lo vulnerable que se sentía al ser expuesto con sus alas al aire.

El pobre y soñador ángel, con nada más que pánico en la cabeza se sintió acorralado y su corazón no le mando otra solución más que usar esa técnica que sólo funciona en las películas.

Extendió sus piernas, tomo la cara del demonio... Y lo besó.















































































Lo que acabas de leer lo escribí hace ya mucho tiempo. Tenía 12 años, estaba molesta con mi vida,  tome una pluma y llorando simplemente escribí algo que me hiciera olvidar todo lo malo, y por unos minutos lo logre. Este pequeño escrito significa mucho para mi, soy consciente de que lo escribió una mocosa de 12 años con nula experiencia de escritura y con nada más que un alma rota y un pedazo de papel, por lo que la calidad es más que pésima, sin embargo te aseguro que ahí hay más sentimientos de los que puedes imaginar. 

Gracias por leer.

771 palabras

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