En un lugar frío y tal vez, un poco pequeño, habitaba un niño cuyos ojos claros eran capaces de reflejar el cielo y las millones de estrellas que paseaban en el, sus cabellos dorados se mecían suavemente con el viento y su piel blanca era iluminada por la tenue luz que emanaba el suelo bajo sus pies. Sentado sobre su manta, cantaba dulcemente la canción que su madre le había enseñado. Su madre, la luna, era su única compañía en ese solitario lugar al que le gustaba llamar su hogar.
»La luna lo sabe todo« pensaba él.
El niño, curioso como cualquier otro, formulaba millones de preguntas sobre todo aquello que sus ojos alcanzaban a ver y la luna con paciencia respondía cada una de ellas, sin embargo, como un -click- una pregunta apareció en su mente, y sin pensarlo mucho, la dejó salir "¿Qué es el sol?" preguntó con emoción en la voz mientras en su rostro se dibujaba una suave sonrisa, la pregunta hizo eco y el silencio fue su respuesta. —¿Qué es el sol?— repitió. De nuevo no obtuvo respuesta.
Su cielo había estado siempre repleto de numerosas estrellas, pero una de ellas abriéndose paso entre todas había llamado totalmente su atención ¿y cómo no iba a hacerlo si brillaba en gran diferencia comparada a cualquier otra que haya visto? y vaya que él había visto muchas.
Era imposible no notar su presencia en el cielo, era más grande y brillante que todas, lucía tan lejana pero podía sentir su calidez al observarla a través de su telescopio. Pasaba todo el día sumido en sus ensoñaciones, hasta que la luna cantaba su canción y era entonces la hora de dormir.
En su sueño—este siempre acompañado con la dulce canción de la luna— un niño de piel canela y ojos felinos hacía aparición sentado en la arena de un cálido lugar que jamás había visto, su rostro estaba serio mientras sus manos jugaban sin interés con la arena que cubría el suelo. El niño de la luna no pensó dos veces en acercarse a él, nunca había conocido nadie más allá de la luna.
La calidez perteneciente al lugar envolvía su cuerpo al igual que una manta, y una vez frente al niño, éste subió el rostro dejando que sus miradas se encontraran. Su corazón dio un brinco al observar sus ojos, poseía unas orbes color avellana increíblemente hermosas.
—¿Quién eres?— preguntó con algo de timidez y un suave color carmesí subiendo a sus mejillas. El niño de orbes rojizas lo miró con confusión
— Soy un astro, como tú.— le respondió
—¿Eres como yo?— dijo con emoción, pero el niño no respondió.
—¿Cuál es tu nombre?— preguntó ahora. El niño de orbes rojizas bajó su rostro, y con sus dedos dibujó lentamente en la arena »El niño del sol« podía verse escrito en ella, subió su rostro y lo miró inclinando su cabeza
—¿Cuál es tu nombre?— repitió. El niño de la luna copió sus acciones, escribiendo en la arena su nombre »El niño de la luna«
Emocionado, se sentó junto a él en la arena— ¿Cuanto tiempo llevas aquí?— el contrario lo miró con rareza una vez más.
— Desde siempre.— respondió tras un rato en silencio.
— Tu hogar es hermoso ¿no lo crees? es muy cálido, mi hogar es totalmente diferente— dijo con nostalgia mientras sus manos jugaban con la arena
—¿Cómo es tu hogar?— preguntó con curiosidad el niño del sol a la vez que apoyaba su cabeza en una de sus manos
