INCOMPLETE HEART

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Sus ojos completamente oscurecidos, sin rastro de ese marrón y la calidez que los caracterizaba.

Él estaba furioso, realmente furioso, y con esa simple mirada podía hacer temblar a cualquiera.

Con zancadas se acercó hacia mí, con terror retrocedí todo lo que pude hasta sentir la pared chocar contra mi espalda.

Estampó su mano a un lado de mi rostro con tal fuerza que no pude evitar dar un salto y soltar un chillido como un pobre venado, encorvó su espalda levemente hasta estar a mi altura e hizo una profunda inhalación antes de hablar.

―¿Sabes cuántas veces te dije que no te acercaras a ellos y mucho menos a Kim Taehyung? ―preguntó entre dientes soltando aire fuertemente.

―Taehyung no es-

―¡No quiero que lo nombres nunca más! ―exclamó con furia, estampando su otra mano a mi otro lado. Estaba acorralada―. Me das asco escuchar su nombre y más saliendo de tu linda boca.

Decidí guardar silencio mientras intentaba tragarme el nudo que sentía en la garganta. Sólo quería que terminara pronto para poder volver a casa.

―Taeyong ―solté finalmente con una voz temblorosa―. Por favor...

El hombre sacó sus manos con brusquedad y, aun permaneciendo peligrosamente cerca, levantó su comisura derecha con burla.

Entonces tomó mi muñeca en un ágil movimiento sacándome del baño del local, la música se escuchó por unos brevemente debido a la rapidez con la que pasamos entre la gente que bailaba y disfrutaba. Nadie nos había notado.

Por favor, alguien...

―Duele, Taeyong ―me quejé, haciendo que me soltara, pero empujando mi cuerpo contra unos de los autos del estacionamiento―. ¡Estás exagerando demasiado las cosas, nunca sucedió nada entre él y yo!

Grité, aunque con gran temor, hacia el hombre que estaba hiriéndome física y mentalmente.

―¿Ah no? ¿Qué hay de las fotos en tu teléfono y los mensajes de medianoche? ―chasqueó la lengua y al no obtener respuesta por mi lado, siguió―. Yo mismo los vi en la mesa, él sólo estaba esperando el momento indicado para besarte y tú seguro no harías nada detenerlo.

―No es cierto ―me atreví a decir, a lo que él acercó y colocó su mano en mi mejilla.

―¿Es porque lo hace mejor en la cama? ―preguntó con una expresión sínica, mientras acariciaba mi mejilla―. Seguramente es por eso. Jennie, no puedes ser más zorra.

Apreté mis puños llena de furia, no debía permitir que me tratase y llamase así. Lo sabía muy bien.

Sin pensarlo, levanté mi mano y llena de indignación la estampé contra su mejilla. Su rostro se giró a la vez que el eco de la cachetada se escuchaba en el estacionamiento.

No debiste hacer eso.

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