¿Subes a tomar algo?

268 6 0
                                        

Le conocí en una cena con mis compañeros de clase.

Aquella noche me apunté al plan más que nada porque no tenía ganas estar en casa. Además, los que irían eran de los que mejor me caían, así que por qué no.

Él era compañero de piso del guapo de mi clase y había venido con éste. No era el tipo más atractivo del mundo, pero tenía el pelo larguito, como a mí me gusta. Es que da igual la cara de un tío, si tiene pelo largo a mí me llama la atención. Pero es que no era feo tampoco. Vestía así un poco roquero, con una camiseta de algún grupo de música.

No me fijé realmente en él hasta que nos sentamos a comer. La conversación fluyó fácil, comenzando por lo que teníamos en común, la universidad, siguiendo con nuestros planes de futuro y compartiendo nuestras aficiones. Él estudiaba arquitectura y hablaba apasionadamente sobre el tema. Me estuvo contando que, al parecer, en Holanda, sabían aprovechar los materiales de tal forma que los edificios no perdían calor y por tanto apenas tenían que gastar energía en calefacción. Me acuerdo por el entusiasmo contenido que ponía en ello. Es tan difícil encontrar gente apasionada hoy en día que, la verdad, me parecía muy sexi. Además sí, era roquero. Tenía un grupo de música y todos los fines de semana tocaban en algún sitio. Les costaba el dinero de la gasolina, pero ellos se lo pasaban bien, que era lo importante. Fue cuando me dijo que era el batería que me fijé en sus brazos. Ay omá.

Una vez acabada la cena, el grupo decidió ir a continuar la reunión a un pub o una discoteca. Yo ahí me despedí. Eran mis compañeros de clase, no mis colegas. Les veo las caras de lunes a jueves.

Él me preguntó que cómo me iría a casa y al contestarle que en autobús, él me dijo que no, que ni hablar, que él me llevaban, que era tarde y tenía el coche aparcado en su casa a sólo tres minutos.

Dios mío. Ahí fue cuando me permití empezar a fantasear. Porque para qué se iba a ofrecer a llevarme a casa si no era para meterme mano. Y yo que había estado conteniendo a mi mente calenturienta durante toda esa conversación de tío superienteresante. Pero claro, ya no podía más. Y encima él seguía hablándome de cómo había empezado a componer canciones, que no eran gran cosa, pero le daban variedad al repertorio y a mí se me iban mojando las bragas.

Claro que también me tuve que cortar, porque ni yo había actuado coqueta durante la cena ni él tampoco había dado señales de nada. Sólo había sido una conversación normal y bastante agradable.

Al llegar a su portal, llamó al porterillo para que el tercer compañero de piso le lanzara las llaves del coche por la ventana. Pero no contestó nadie.

Entonces dijo que si yo le decía que no, el viaje en coche no tendría por qué ser incómodo, pero que si quería subir al piso a tomar algo.

Y entonces sí que sí, apagué todos los sistemas de contención y un fuego me consumió de los pies para arriba. Que yo no le conocía de nada, pero a ver quién le decía que no a la parte baja de mi vientre.

Al cerrar la puerta, se acercó despacio hacia mí y me tomó un mechón del pelo, se acercó como a olerlo y me preguntó en un susurro que cómo me gustaba a mí. Yo le dije que ya le avisaría cuando algo no me gustara, pero que, mientras, podía hacer lo que quisiera conmigo.

A él le brilló la sonrisa de diablo y me llevó hasta su dormitorio. No encendió la luz. Desde la ventana, una farola de las naranjas iluminaba lo suficiente y le daba a aquella habitación un ambiente misterio y seductor. Hasta él me pareció más sexi.

—Quédate quieta —dijo en un susurro autoritario.

A mí no me gusta que me mandoneen, pero al decirlo en un susurro... me encantó.

¿Subes a tomar algo?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora