"¡No intentes fingir que eres una buena persona!"

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Cuando Víctor regresó a la casa lo hizo con bolsas del súper.

– ¿Cómo conseguiste que te vendieran algo? ¿No te reconocieron? –. Preguntó ella ayudándole con algunas bolsas y colocándolas sobre la vieja barra de la cocina.

– ¿Quién dijo que pagué por esto? –Cassandra puso los ojos en blanco. Empezó a guardar las cosas en su lugar cuando Víctor salió de nuevo por unos segundos y regresó con un chico que temblaba.

– ¿Qué haces? –. Preguntó ella acercándose. El chico tenía las manos amarradas y las mejillas mojadas por el llanto.

– Necesitaba un rehén... –se justificó.

– ¿Ahora qué? ¿También lo vas a mantener aquí?

– Jamás me pasó eso por la mente. –sacó una pistola de su pantalón y la apuntó a la sien del chico que empezó a suplicar por su vida tanto como pudo.

– No lo hagas –pidió ella sin apartar la vista del chico, aunque su voz seguía tan fría como siempre–, es sólo un niño.

– Es apenas unos años menor que tú.

– Víctor, no... Él... –Cassandra sintió la sangre del chico en su rostro casi al instante en el que el arma se disparó. Suspiró limpiándose la cara con el suéter roto que tenía–. Gracias, necesitaba un poco de color rojo en mis mejillas. –Víctor soltó una carcajada. La chica giró sobre sus talones y fue a la habitación cerrando con seguro la puerta detrás de ella. El castaño tocó para que le abriera pero ésta lo ignoró.

– ¿Qué pasa, Cassie?

– ¿Ahora sí te interesa lo que tengo que decir? –el chico recargó su espalda en la puerta y se deslizó hasta sentarse en el suelo jugando con el arma en su mano.

– ¿En serio te enojaste por ese mocoso? ¡Ni siquiera te importa su muerte! ¡Puedo apostarte a que no sentiste nada al ver su cerebro perforado por una bala!–Cassandra abrió la puerta tan rápido que al chico no le dio tiempo de reaccionar y cayó de...

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– ¿En serio te enojaste por ese mocoso? ¡Ni siquiera te importa su muerte! ¡Puedo apostarte a que no sentiste nada al ver su cerebro perforado por una bala!–Cassandra abrió la puerta tan rápido que al chico no le dio tiempo de reaccionar y cayó de espaldas.

– ¡Que no haya sentido nada no significa que no me importe! –Víctor se puso de pie.

– ¡Eso ni siquiera tiene sentido! –. Levantó las manos hacia el aire. Cassandra estuvo a punto de cerrar la puerta en la cara del chico pero este la detuvo con la mano. – ¿Sabes por qué te elegí? ¿Por qué no te maté en la escuela? –la miró seriamente. Supo que había ganado su curiosidad pues ella no intentó cerrar la puerta de nuevo–. Porque eres como yo... –intentó tomar su mano pero ella dio un paso atrás.

– No... La diferencia entre tú y yo es que yo distingo el bien y el mal y sé que las personas son seres humanos y no objetos.

– ¡Vamos! ¡Eres una psicópata! ¡No intentes fingir que eres una buena persona! –la chica le dio una cachetada sin poder evitarlo. Víctor la miró furioso lo que hizo que la chica pensara que esos serían sus últimos segundos de vida.

– No he matado a nadie. –dijo ella en un susurro.

– Aún... –su rostro se suavizó mostrando una ligera sonrisa.

– ¿Qué?

– Ven conmigo. –Víctor no esperó su respuesta. La tomó de la mano y la llevó al carro sin decir nada más. Pasaron a lado del cuerpo sin vida del chico al que Víctor acababa de disparar.

– ¿Qué haces? –preguntó ella una vez que estuvo en el asiento del copiloto.

– Voy a enseñarte que eres como yo. –dijo sin más y arrancó el auto.

– Ni siquiera moviste el cuerpo, ¿y si los vecinos llaman a la policía?

– No lo harán.

– ¿Cómo lo sabes?

– Un día sin escuchar disparos en esa zona es casi un milagro, ya estamos acostumbrados. –si lo pensaba bien, lo que el chico acababa de decir era algo triste. Cassandra no volvió a abrir la boca hasta que Víctor estacionó el carro.

– ¿Qué hacemos en una guardería? –preguntó mirando el edificio junto al que se encontraban.

– ¿Tú qué crees? –. Le sonrió antes de salir del coche.

– No, no, no. Víctor, no lo harás. –ella lo siguió hasta la cajuela, de donde estaba sacando unas armas gigantes.

– ¿Quieres hacerlo tú? –le extendió una pistola pequeña. Cassandra negó con la cabeza dando un paso hacia atrás.

– Cuando la policía llegue van a disparar, y prefiero vivir, gracias.

– Te tomaré de nuevo como mi rehén. –acomodó una escopeta en su espalda.

– ¿No te parece que estoy muy grande para estar en una guardería? –preguntó ella con una ceja levantada. Él rió un poco.

– Ya veremos, que el Víctor y la Cassandra del futuro se preocupen. –cerró la cajuela y se dirigió a la entrada de la guardería.

El asesino de la escuela¡Lee esta historia GRATIS!