Final alternativo

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Cassandra pestañeó un par de veces saliendo de sus pensamientos. Sabía lo que iba a pasar si jalaba del gatillo. Bajó la pistola lentamente hasta dejarla caer sobre la cama.

– Tienes razón. –susurró con los ojos llorosos. Nunca había querido llorar en su vida.

– ¿De qué? –preguntó él aún sorprendido de que no lo matase.

– Soy como tú.

– No, no –se incorporó hasta que sus pechos casi chocaron y la sujetó por los brazos para que lo mirara–. Ahora me doy cuenta. Si fueras como yo habrías jalado del gatillo.

– Pero estuve a punto de hacerlo. Incluso sé que mataría a mis padres como tú quieres. Soy como tú.

– Oh, Cassie. –Víctor dejó caer sus manos hasta los muslos de la chica– ¿Después de dispararme que ibas a hacer?

– Iría a casa de mis padres... Pero probablemente a matarlos... Y después me quitaría la vida.

– Eso me excita un poco. –bromeó con una sonrisa de lado. Cassandra le dio un pequeño golpe en el pecho también riendo. El chico se acercó para besarla pero ella se alejó a tiempo.

– ¿Qué haces?

– ¿Es en serio? ¿Estamos en esta posición tan sexual hablando de qué somos iguales y no sientes nada? –Cassandra se miró, era verdad, ella aún estaba sentada sobre la cintura del chico–. Dime algo. –llamó su atención– ¿Alguna vez haz besado a alguien?

– La única vez que alguien se atrevió a intentarlo le di un cabezazo y le rompí la nariz. –recordó.

– ¡¿Tú eres la loca de la escuela?! –preguntó sorprendido Víctor pues había escuchado sobre la nariz rota de Quad pero nunca había sabido quien lo había causado.

– Y tú el asesino de la escuela.

– Creo que estábamos destinados a juntarnos. –empezaba a decir estupideces de nuevo. La chica puso los ojos en blanco y se bajó del chico.

– ¿Cuál es el plan ahora? –preguntó ella poniéndose sus jeans recién lavados.

– Matar a tus padres. –respondió bajando también de la cama.

– Víctor...

– Cassandra... –la arremedó en forma de burla.

– No vamos a matar a mis padres.

– ¿Y ahora por qué?

– ¡Porque no! Son mis padres, es mi decisión, no tuya. Ya descubrimos que sí soy como tú, no es necesario hacer lo que tú ya hiciste...

– Bien. Entonces, ¿qué procede? ¿Nos vamos de la ciudad?

– Supongo. –se encogió de hombros– ¿Sabes a dónde iremos?

– No... Subimos al carro y avanzamos...

***

Ya estaban terminando de subir todo al auto, mientras lo hacían Cassandra ponía atención a las noticias del televisor.

– Hoy, finalmente, Alejandra Pérez salió del hospital y hoy pudo concedernos una entrevista –en la pantalla había dos mujeres, la reportera y la maestra a la que Cassandra le había disparado–. Hola, Alejandra, ¿cómo te encuentras?

– Bien, gracias a Dios estoy viva.

No, gracias a mí, que convencí a Víctor de sólo dispararte en la pierna.

El asesino de la escuela¡Lee esta historia GRATIS!