Rehén

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Mientras salían del salón se toparon con un grupo de chicos llorando que intentaban salir de la escuela, por instinto el castaño puso a Cassandra detrás de él, la miró por dos segundos, soltó su brazo y empezó dispararle al grupo. Cassandra no se movió. ¿Qué iba a hacer? Si corría no lograría alejarse  lo suficiente para evitar la lluvia de balas que probablemente el asesino crearía sobre ella.

La chica, lentamente, se giró sobre los talones. Vio otro grupo que intentaba escapar, pero que estaban paralizados al ver como el castaño asesinaba a los alumnos frente a ellos. Cassandra les hizo una señal con la mano, indicándoles que corrieran en sentido contrario a donde estaban ellos. Daniela, quien era una de las únicas personas que habían mostrado interés por hacerse amiga de Cassandra (sin lograrlo), fue la primera en reaccionar, le dijo a los demás con señas que la siguieran. El grupo corrió en silencio. De repente Cassandra escuchó un fuerte ruido a lado de su oreja y vio como uno de los chicos del grupo caía muerto. Se tapó el oído con una mano; el sonido era demasiado fuerte y estaba muy cerca de ella. El asesino a su lado la sujetó de nuevo por el brazo con fuerza mientras le seguía disparando al grupo frente a ella. Cassandra buscó con la mirada a Daniela pero no la vio, lo cual era bueno porque significaba que no estaba entre los muertos, aún.

– ¿Qué hiciste? –. La regañó sacudiéndola un poco.

– ¿Qué? ¿Crees que porque no me interesen los demás significa que considero que matar a lo pendejo es bueno? –. El chico puso los ojos en blanco y se dirigieron a la puerta de salida/entrada de la escuela.

– Me agradas, pero si no finges que no quieres morir tendré que matarte. –le susurró en el oído cuando se detuvieron frente a la puerta. Cambió de arma por una más pequeña que tenía en la cintura. La luz del sol la cegó por unos segundos impidiéndole ver. El castaño cubrió su cuerpo con el de la chica y pegó la pistola a su sien.

– ¡Suelta el arma! –. Gritó un policía.

– ¡Suelta a la chica! –. Gritó otro.

– ¡Vamos a disparar! –. Amenazó alguien.

– ¡No! ¡Por favor! –suplicó Casandra llorando; de un segundo para otro sus mejillas estaban empapadas. Sintió que el asesino se tensaba ligeramente, tal vez por la sorpresa de su actuación – ¡Ayúdenme!

– ¡Suéltala! –. Gritaron varios.

– ¡Me van a dejar ir, y si veo que alguien me sigue la mataré! –. Gritó el castaño sin dejar de apuntarle a la cabeza.

– ¡Por favor, no! –. Lloró aún más Cassandra. Lentamente caminaron hasta un auto y sin soltarla, de algún modo, el castaño logró subirse.

– Siéntate sobre mis piernas. –le dijo.

– ¿Qué? –. Preguntó ella sin entender.

– Si intentan dispararme sólo te darán a ti –explicó–, no correrán ese riesgo.

– ¿No crees que sospechen que estoy de tu lado? Además, ¿cómo vas a manejar conmigo encima de...? –. El castaño disparó al suelo justo a lado de su pie derecho haciéndola gritar de la sorpresa. Escuchó como todos los policías quitaban el seguro de sus pistolas.

– ¡No me hirió! –. Cassandra levantó su brazo libre para indicar que todo estaba bien, pero su mano temblaba tanto que era imposible que alguien no lo notara. De alguna forma logró sentarse sobre las piernas de aquel asesino de tal manera que aún así él podría conducir "cómodamente".

Cuando estuvieron en la carretera se estacionó por 30 segundos para que Cassandra sentara en el asiento del copiloto y él pudiese conducir mejor. Hasta ese momento había estado vigilando los retrovisores en busca de alguna patrulla que lo hubiese seguido, pero no había nada en el camino detrás de ellos.

– ¿Cómo le hiciste para que tus lágrimas se vieran tan reales? –. Preguntó el chico admirado mientras regresaba a la calle.

– ¿Quién dice que no eran reales? –. Cassandra levantó la ceja aunque él no pudiese verla por mantener la vista al frente.

– No lloraste cuando te apunté en el salón, ni cuando maté a tus compañeros.

– Supongo que sólo soy buena actriz. –se encogió de hombros.

– En ese caso eres una excelente actriz, ¿haz pensado en dedicarte a eso?

– ¿Crees que si quisiera ser actriz estaría estudiando medicina? –. No estaba segura de que hablarle de esa manera fuera lo mejor pero no podía evitarlo.

– Claro... ¿En qué te quieres especializar?

– ¿Qué te importa? –tal vez se había pasado de la raya así que buscó rápidamente otro tema de conversación.– ¿Por qué la escuela? –. Preguntó ella subiendo sus pies al asiento.

– Estudio... Estudiaba ahí, supongo que ahora estoy expulsado. –bromeó. Cassandra intentó recordar si lo había visto antes en algún pasillo o en el comedor, pero no lo consiguió, tal vez él era aún más invisible que ella.

– ¿Por qué? ¿Qué te llevó a querer matar a todos?

– No voy a hablar de eso.

– ¿Cómo te llamas?

– ¿Acaso eres una sociópata como yo? –preguntó de repente.

– Si lo fuera –respondió– hubiera sido yo quien entró a esa escuela a asesinar a cada persona que me pasase enfrente. –se dejó caer un poco en su asiento.

– ¿Entonces qué eres? –. Preguntó él un tanto confundido.

–Creo que la mejor definición es psicópata. -respondió ella encogiéndose de hombros.

– ¿Eso no es peor? –. Se burló él.

– Para los demás sí –explicó, ya había buscado en internet, incluso sus padres la habían mandado con un psicólogo cuando era niña porque a ellos les preocupaba que su hija no mostrara interés en relacionarse con alguien–. Si quisiera matar, planificaría todo para que no me atraparan en vez de entrar a una escuela disparando a lo idiota.

– ¿Asesiné a algún amigo o amiga? –. Volvió a cambiar de tema. Cassandra empezó a sospechar que aquel chico no sabía cómo mantener una conversación con alguien más.

– Te dije que no tengo amigos, sólo Daniela, es lo más cercano...

– Daniela es buena. –Cassandra se acomodó en el asiento y volteó a verlo.

– ¿La conociste?

– No exactamente... Sólo fue amable conmigo siempre... Por eso no la maté... Creo. –soltó una pequeña risa.

– ¿Tu mamá es drogadicta? ¿Tu papá te golpeaba? ¿Te hacían bullying?

– ¿Qué? –. La miró por una fracción de segundo antes de regresar la vista al frente.

– ¿Por qué entraste a tu escuela a matar a todo el mundo? –. Suspiró.

– Acertaste a dos de esas tres preguntas, pero no te diré en cuales –sonrió al ver que la dejaba con la duda–. Sólo quería tener el poder por un momento, estar por encima de los que siempre pasaban por encima de mí, patear a los que me patearon. En realidad tenía planeado suicidarme después de matarlos a todos... Pero entonces te vi, la única chica que no lloraba, que no suplicaba por su vida, que no se dejó intimidar.. No pude jalar el gatillo. –Cassandra tragó saliva. El asesino hablaba como si ella no mereciera una bala en la cabeza. Como si la conociese de toda la vida.

– Lo entiendo, ¿sabes?... –pensó unos segundos antes de volver a hablar–. Pero matar no es bueno, las personas no son cosas que puedas desechar.

– ¿No decías que eres psicópata? –. Bromeó.

– Sí... En realidad te acabo de decir la frase que me dijo mi mamá todas las mañanas desde que tenía 14 años. –ambos soltaron una carcajada.

Cassandra nunca había matado a nadie pero como sí mostraba sus tendencias psicópatas desde joven, su madre prefería prevenir que lamentar.

– ¿Cómo te llamas? –. Preguntó ella acomodándose de nuevo en el asiento.

– Víctor, ¿y tú?

– Cassandra.

El asesino de la escuela¡Lee esta historia GRATIS!