Tiene dos.
Dos turnos a la semana.
Jueves y domingos. La chica que trabaja en la cafetería tiene tan sólo esos dos días y yo me hago un tiempo cada noche de ese jueves o de ese domingo para venir y pedir lo de siempre.
Apunto en mi cuaderno lo mucho que me gusta el vestido que lleva hoy.
Dibujo una carita al final.
Una carita feliz porque verla me hace sentir feliz.
Incluso si no hablamos.
¿Cuantos pensamientos así hay que tener para volverse un acosador profesional?
Oh, ahí viene.
Me ha preguntado qué voy a ordenar.
Pido un trozo de pie de manzana y una gaseosa.
Vale, eso está bien, creo.
—¿Algo más?—pregunta.
Pero le digo que no.
Así que ella se va y vuelvo a quedar sólo con mis Apuntes y mis pensamientos.
No tarda mucho en traer lo que he pedido y antes de volverse a retirar me sonríe.
«Hoy la chica del restaurante me ha sonreido».
Lo apunto en otro color y con otra carita feliz al final de la página.
Qué buen día ha sido éste.
Sí.
Qué buen día.
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Oliver
General FictionTendremos un pequeño problema si la chica que está en frente encuentra estas notas. Vale, tendré. Hablaré en singular porque, ¿quién demonios conmigo? Y preguntar no sé hasta qué punto fue malo, porque... bastaba eso para que un día apareciera Olive...
