Anatema

273 27 5
                                        

Dipper Pines ajusto el maletín sobre el regazo, una de sus manos se encontró apoyada cerca de la ventanilla. Su mal humor solo empezó a incrementarse cuando recordó la conversación que había tenido la noche anterior.

—No creo que sea buena idea —fue la declaración final de Stanley Pines, Dipper había viajado de Atlanta a Nueva Orleans, Stanley; tío abuelo de Dipper y dueño de una casa de baratijas en el barrio francés se encontró rellenando algunos frascos de cabezas reducidas.

La cabaña del misterio, era una estructura atemporal dentro de las bonitas casas altas de estilo francés, una herencia familiar por parte de su bisabuela Caryn quien en el pasado se dedicó a leer la fortuna. Como pseudo psíquica había amasado una cuantiosa fortuna que empezó a despilfarrarse con el paso del tiempo.

Dipper dio un breve vistazo al lugar, talismanes, muñecos vudús, camisas con estampados psicodélicos, collares de Mardi Gras fueron los que llenaron los estantes de la cabaña, sin embargo, la atracción principal no fue ni más ni menos que varios animales disecados y mal pegados unos a otros que representaron las más oscuras y horrendas historias de avistamientos crípticos en nueva Orleans como el resto del mundo.

Dipper hizo mueca cuando miro la parte superior de un xoloitzcuintle con piernas cebra y escamas de lagarto.

—Solo será un par de días.

El sonido de las cabezas siendo metidas en formol se detuvo.

—¡Dipper, te vas a casar en un par de semanas!

—¿Y crees que no lo sé? ¡Eh estado probando más de 40 diferentes muestras de pasteles en una semana con Pacifica, y he estado en reuniones con la planeadora! ¡Ni siquiera sabía que el tipo de flores que se suele usar depende de la temporada!

Stanley suspiro.

—Mira, lo entiendo muchacho, necesitas un respiro de toda esa locura, sin embargo, ¿Un viaje en estos momentos? —alzo una ceja, una mano se había colocado en su hombro.

—No es como si estuviera huyendo, las invitaciones ya fueron enviadas, solo necesito hacer esto ¿Bien? —suspiro.

—Supongo que la idea de ser visitado por tu sobrino favorito era demasiado buena como para ser verdad —Stanley se apartó.

—¡No! ¡Espera, no es lo que piensas!

—Puedes quedarte esta noche, sin embargo, sigo pensando que es una pérdida de tiempo.

Dipper suspiro, de reojo miro al hombre que tenía sentado a un lado cuando su cabeza cayo por sobre su hombro, la regordeta mejilla solo se vio más regordeta cuando esta quedo aplastada, el hombre en cuestión ya estaba ocupando la mitad de su asiento lo que había generado que Dipper se apretara contra la ventana.

Sin querer sus manos aferraron con fuerza la correa de su maletín. De alguna forma las palabras de su tío solo parecieron el inicio de un mal presagio que solo amenazaba a volverse peor. Estaba claro que sería un largo viaje.

Dipper estiro su magullado cuerpo cuando bajo del avión, el olor de comida se le pego a la ropa, un poco de salsa quedo estampado sobre su camisa a cuadros, no había sido su mejor vuelo, pero al fin había llegado a Grants Pass.

Grants Pass era una ciudad ubicada en el condado de Josephine en el estado de Oregón. A pesar de ser pequeña era un centro turístico muy visitado por la gente.

Además, había sido el último lugar donde su tío Stanford había vivido.

Dipper respiro el aire fresco, el clima era agradable, a pesar de encontrarse a finales de la temporada de lluvia, algunos pinos y abetos relucieron ante el roció. Dirigiéndose a la avenida principal tomo un taxi en busca del hotel en el que había hecho una reservación.

AnatemaStories to obsess over. Discover now