Único

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No tenía que darme ánimos cuando sabía cómo iba a terminar todo. Quiero decir, ¿por qué tuve que esforzarme a ser bueno en esta vida? Cuando bien sabía que era malo en ésta.

Detallar lo que una vez fui no tiene sentido ahora mismo, ya que: 1. No vale la pena, 2. Ya pasó y, 3. Las dos anteriores. Sin embargo, es correcto que tengo un inconveniente que me trae a recordar el pasado, ése querido y amado pasado.

Yoon JeongHan. Un simple hombre cariñoso con veintiséis años —un año menos que yo—, soltero y alegre, muy alegre que daba terror en algunos casos.

JeongHan me preguntaba que cómo le estaba yendo a mi corazón —a pesar de que éste sabía que bombeaba sangre—, que cómo iban las cosas en mi casa —a pesar de que sabía que vivía solo y con un potus*—, si comía, ¡hasta si tomaba agua! Suena muy desesperante, en verdad lo fue, hasta que llegaron esos días en donde comencé a extrañar todas esas interrogaciones.

Y, básicamente, es una mierda. Supongo que entendí a las personas que decían «prefiero que mi ídolo sea gay a que salga con una mujer», pues; preferí que JeongHan sea homosexual a que salga con una inútil. Reconozco que soy un inútil, también, por ser egoísta.

Buscaba decirle entonces, que mi casa era un desastre y mi potus se había muerto, que mis comidas cada día eran miserias, que olvidaba tomar agua por lo que explicaría mi horrible piel y que, ahora yo suene desesperado; mi corazón se encontraba en el infierno. Dejó de cumplir su función de bombear sangre o bueno, lo hacía cuando te veía, te sentía. Por lo tanto, todo era un lío, un problema, ¡todo yo lo era! ¿Cómo podías preocuparte por alguien como yo? ¿¡Cómo!? Hiciste bien en casarte.

Pasó un año, a partir de aquéllos momentos, mis fieles compañeros eran los cigarrillos, todos apodados Potus por mí. JeongHan me llamaba, a veces, sólo cuando podía. Diciéndome algo como:

Deja los cigarros, Cheollie.

—Se llaman «Potus», Hannie.

Deja los Potus, Cheollie.

¿Cómo podías preocuparte tanto estando casado y con una niña en camino? Yo me estaba perdiendo, ya que me sumergí en los buenos tratos que me brindaba el alcohol —al cual, no lo apodé de ninguna manera— en las frías calles de Seúl. Yo quería irme, con mis pulmones llenos de humo, con mi sangre con alcohol y mi corazón sin cariño, o sin el cariño de un hombre alegre.

Peleé contra los pensamientos de acabar con todo, no obstante, muy adentro de mí, sabía que de todas formas, algo estaba acabándome y precisamente no era Yoon JeongHan.

JeongHan, después de llevar a su hija al jardín de infantes, me llevó de los pelos al hospital con urgencia. Cáncer no era cáncer, a cáncer lo bendecí como Potus Jr.
Dos días después, recuerdo una llamada con Yoon, se escuchaba a su esposa furiosa gritando cosas como «¡tienes que dejar a ese tipo!», «¡No puede continuar siendo tu amigo!», «¡Tiene que conseguirse a alguien que lo atienda y ése no eres tú!» Tampoco sé cómo me acuerdo de todo aquello, al fin y al cabo lo hago.

JeongHan tenía que dejarme ir, por éso lo dejé solo. No podíamos continuar siendo amigos. Pero, ¿tenía que conseguir a alguien que me haya atendido? No, claro que no. Tenía que encontrarme a mí mismo y amarme, decirme que saldría adelante porque sin mis palabras de aliento no iría hacia ninguna parte, uno tiene que levantarse por sí solo y no esperar a que otro venga. ¿Qué creen? Desde el día uno no tenía remedio.

Extrañaba sus llamadas y digo sus llamadas porque en una, me comentó que no lo llame más. Su esposa sospechaba que Yoon era homosexual, entonces, no me permitió llamarlo nunca más. Así que, morí extrañando sus llamadas en verano, cuando quería irme en invierno.

Estaba encerrado en mi cuarto, perdí la llave en el desorden. No tenía electricidad en casa ese día por un apagón, quiero decir, también: no tenía aire acondicionado. En esa habitación la ventana estaba trabada —pasó en invierno, cuando la cerré de golpe y nunca me ocupé en arreglarla—. Comencé a fumar desesperadamente, con mi garganta seca.

La alcoba se llenaba de humo, yo tenía que tomar mi medicación —que JeongHan pagaba por mí— y, al parecer, tomé la equivocada. O quién sabe, pues; mis medicamentos están uno al lado del otro. Al querer tomar una en específico, boté todas al suelo. Mi celular me hacía entender que todavía no apagaba la alarma —para las pastillas—, me ponía nervioso por las píldoras; así que las tragué con ayuda de una botella de 600 que dejaba al lado de la mesita de luz. Sé que fue una locura, pero lo hice.
Vi mi móvil brillando en la cama, apagué la alarma y seguía sin recibir llamadas de JeongHan.

Mis lágrimas se mezclaban con mi sudor. Mi estómago dolía ligeramente.

Pensé, a último momento, que podía llamar a emergencias sin importar si tenía o no Internet. En la llamada, sólo pude pronunciar las palabras de socorro y la calle de mi casa. Tosí mucho, muchísimo. Caí, recibiendo un golpe en mi nuca, dolía, pero más me dolía el estómago, o más me dolía no recibir las llamadas de Yoon.

Sentí los brazos de JeongHan mientras gritaba, estaba gritándole a su esposa, diciéndole que me amaba, ¡qué me amaba solamente a mí! Las lágrimas de Yoon cayeron en mi rostro, pude sentir cómo dentro de mí se helaba por completo. Lo estaba dejando. Me estaba dejando ir. Supe, entonces, que de alguna manera, me fui en invierno, feliz. Entendí que Hannie me amaba, en ése momento.

Es cierto, nunca pensé que lo haría. Nunca pensé que sintiera algo por mí. No obstante, ¿por qué no llamó? ¿Por qué dejó de cuestionarme? ¿Por qué me ama ahora que no estoy? ¿Quiso que me fuera desde un principio? No puedo comprenderlo, simplemente no. Tal vez, lo estoy culpando, él siempre tuvo que ser libre y ser el JeongHan alegre. Yo tenía que largarme, me tardé un poco, ¡compliqué la relación con su esposa! Es que de verdad, ya no me merecía un minuto más de vida.

Él lo tuvo todo, pareja —mejor dicho, familia—, casa, un buen trabajo, mi atención y mis sentimientos. Tuve que decirle algo como «soy malo en esto de vivir, lárgate de mi lado, no tengo que herirte» y verlo correr lejos, porque nada se podía hacer. Quizás, sin mí, JeongHan lo tiene todo.

Me tenía que recuperar yo, sin embargo quiero decirle que resista en esta vida, que sin mí lo tiene todo. Mientras yo siento todo un peso gigante en mis hombros y en el pecho, a la vez que me paseo por quién sabe dónde.

[...]

N/A: Potus*, o científicamente como «epipremnum aureum», es conocida por ser una planta de interior; con sus populares hojas verdosas con toques de tonos blancos, amarillos y verdes. Nativa del Sudeste asiático y Nueva Guinea.

Never Think + JeongCheol [ONE SHOT]Stories to obsess over. Discover now