Aureum Academy fue construida para formar a los mejores alfas. Ahora, por primera vez, sus puertas también están abiertas para los omegas.
En una sociedad que aún intenta decidir quién merece liderar y quién debe seguir, Kim Seokjin está decidido a...
Black Sea 🔹Torta de chocolate amargo rellena de mousse de chocolate amargo, cubierta con una brillante capa de ganache y delicadas escamas de sal marina.
Recomendación de la casa: Espresso negro.
Oops! This image does not follow our content guidelines. To continue publishing, please remove it or upload a different image.
EN UN PEQUEÑO RINCÓN DE COREA DEL SUR, escondida entre calles tranquilas, se encontraba una cafetería llamada The Blue Crown. Bastaba con cruzar sus puertas para que el aroma a café recién molido y dulces recién horneados envolviera a cualquiera con una calidez difícil de explicar.
El murmullo de las conversaciones, el suave tintinear de las tazas y el constante sonido de la máquina de espresso hacían que el lugar se sintiera vivo. Sus meseros y meseras, vestidos como príncipes y princesas de un cuento, recibían a cada cliente con una sonrisa tan cálida que era imposible no sentirse bienvenido.
-Adiós, estimado cliente. Lo estaremos esperando nuevamente-Mi voz y la de Sana sonaron al mismo tiempo mientras despedíamos al primer cliente del día. Él respondió con una sonrisa y unas mejillas apenas sonrojadas antes de desaparecer tras la puerta.
Era mi primer día trabajando allí.
Había imaginado que estaría lleno de gente apresurada, pero era todo lo contrario. Algunos clientes leían en silencio mientras sostenían una taza entre las manos; otros conversaban en voz baja, y algunos simplemente disfrutaban del aroma del café y los postres sin decir una sola palabra.
Llevé una mano hasta el moño celeste de mi cuello y lo acomodé por quinta vez en lo que iba del día, después alisé las pequeñas arrugas de mi chaleco color crema, comprobé que los botones celestes siguieran perfectamente abrochados y acomodé un poco el pantalón.
Nunca había usado un uniforme tan bonito.
Y, por alguna razón, eso me ponía todavía más nervioso.
Hasta que un aroma tenue a café tostado con canela anunció la llegada del próximo cliente incluso antes de que la campanilla pudiera hacerlo
Ding.
La campanilla de la puerta sono. Sana me dedicó una sonrisa alentadora antes de alejarse discretamente. Todo indicaba que esta vez me tocaba atender solo.
Respiré hondo intentando calmar mis nervios.
-Bienvenido, estimado cliente.-Hice una pequeña reverencia antes de levantar la vista. Unos ojos rasgados y curiosos recorrían el salón con tranquilidad. No había incomodidad en su expresión; simplemente observaba cada detalle con genuino interés. Por un instante, aquellos ojos me recordaron a los de un gato
Le sonreí con un poco más de nervios de los que me habría gustado mostrar.
-Por favor acompáñeme- Lo guié hasta una mesa junto a la ventana y, con cuidado, dejé el menú frente a él.