Capítulo 0

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Jessica miró el cielo con lágrimas en los ojos, por un momento pensó que el tiempo la acompañaba en sentimiento ya que las inmensas nubes grises empezaban a llorar con ella. Su papá, el único hombre de su vida había fallecido después de meses luchando contra el cáncer de pulmón; su madre, a su lado lloraba desconsoladamente ante los ojos empáticos de los demás, el dolor de perder a alguien a quien amabas era inimaginable. Con tan solo once años Jung Jessica se encontraba perdida, y a tan corta edad vio como antes la perfecta caligrafía tatuada en bronce en la muñeca izquierda de su madre con el nombre de su fallecido papá cambiaba a un color rojo sangre. Solo había visto ese color en su abuelo paterno.

Días después aprendió junto con su hermana menor (Wendy) que cuando conoces a tu alma gemela su nombre quedará tatuado en cualquiera de tus muñeca con un color representativo... Sin embargo, nunca será rojo mientras esté vivo.

Durante los siguientes años le restó importancia, le era más interesante aprender a tocar piano, dibujar y cantar.

Eso duró hasta que tuvo quince años y durante una de las tantas fiestas organizadas por su grupo de amigos, el sonido efímero de la guitarra y una voz dulce llegó a sus oídos.

Su nombre era Taeyeon, Kim Taeyeon.

Para la americana de cabello castaño, la rubia de baja estatura se volvió el centro de su universo, así que un día no se sorprendió cuando su nombre apareció en su muñeca derecha en una perfecta caligrafía de color azul perlado. No odiaba el azul pero tampoco era su color favorito, no obstante, estaba feliz, así que corriendo para dar las nuevas noticias se dirigió a la casa más hermosa que había en la urbanización: la casa de los Hwang.

Stephanie era su amiga de la infancia. Nacieron en el mismo hospital en California y desde entonces eran inseparables, hasta el punto de llorar los domingos cuando una tenía que volver a su casa después de pasar todo el fin de semana durmiendo en el hogar de la otra.

Yep. Bff's.

Sin embargo, cuando llegó al jardín jadeando por el esfuerzo se sorprendió al encontrar a la rubia riendo a carcajadas con la chica de ojos como luna. Una punzada de celos tocó su corazón, así que decidió por segunda vez en su vida no compartir un secreto con su mejor amiga.

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Nunca se imaginó que un amor correspondido doliera tanto. Porque así como cuando en tu muñeca se marca el nombre de tu alma gemela, esta misma arde como si te echaras limón y vinagre en una herida abierta cuando hay sentimientos románticos de por medio y para colmo de los colmos no es correspondido.

Jessica se despertó a las tres y cincuenta y seis de la madrugada con su muñeca ardiendo a más no poder, lágrimas surcaban su rostro mientras aguantando algún quejido para que no la oyeran bajaba corriendo las escaleras a buscar hielo. Las letras azules ardían, sus bordes antes finos ahora se encontraban engrosados y en carne viva con un ligero brillo dorado. ¡Para! ¡Para! ¡Para!

El hielo había funcionado pero horas más tarde cuando iba camino al colegio una ligera sensación de quemadura seguía en su piel, las ojeras marcaban sus delicadas facciones y el humor a perros acentuaba más la falsa personalidad fría que se ganó en toda la institución.

Agradeció que empezaba la estación de otoño y el clima cálido daba paso al frío para poderse cubrir con un sueter que le quedaba grande de brazos y así ocultar sus manos, esa marca estaba horrible. Quería faltar, quería largarse de ahí, ocultarse debajo de sus sábanas y llorar hasta quedarse sin lágrimas, no quería las miradas de los demás encima de ella, por lo menos no por ese día.

Se sintió idiota al pensar que podía ocultarles su mala cara a sus amigas que aunque no la bombardearon con preguntas sus miradas eran un libro abierto.

Esa persona, tú. (TaenySic)Stories to obsess over. Discover now