Capítulo 13. Hacia atrás

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CAPÍTULO 13. Hacia atrás

"Cuando parecíamos avanzar en la dirección correcta, el destino se empeñaba en hacernos retroceder, en advertirnos. Pero siempre fui mala siguiendo indicaciones.
SM

Calor y sueño. Eso es lo que siento al momento de despertar.

Trato de incorporarme, pero un fuerte brazo me lo impide. Suspiro pesadamente. No es necesario voltear para saber de quién se trata. Su delicioso olor infernal me envuelve, mientras su respiración acompasada produce cosquillas en mi cuello. Frustrada y sin más que hacer, comienzo a pensar en lo que pasó ayer. Lo último que recuerdo es estar muy cansada y no querer subir las malditas escaleras.

Luego nada.

Tengo que cuidarme un poco más, no puedo dejar que esto me controle. La última vez que me dio uno de esos bajones o más bien apagones, fue cuando papá enfermó. Pensando en él, debo llamarlo y también a Char, pero antes tengo deshacerme de mi esposo. Bueno, eso sonó algo violento. No se preocupen, no lo mataré, aunque ganas no me falten cuando sonríe de esa forma arrogante y

<< ¡Alto ahí, loca! >>
<< Lo siento Dora, un momento de debilidad >>

Como una serpiente, comienzo a moverme intentando soltarme de sus brazos. No es fácil. Alexander es como una prisión que no permite escapar aferrándose a mí con brazos y piernas. Contoneándome poco a poco logro salir y no puedo evitar sonreír victoriosa al poder levantarme. En completo silencio tomo mi celular, me calzo las garritas y bajo las escaleras como un maldito ninja sumamente silencioso.  En la cocina enciendo la luz para hurgar en el refrigerador. Diez minutos de ardua búsqueda después, me encuentro viendo el microondas girar con mi celular en la oreja. Son las cuatro de la mañana y estoy llamando a la única persona más loca que yo en este feo mundo. Todos sabemos de quien hablo.

—¿Quién es y qué quiere? —contesta malhumorada además de bastante adormilada, haciéndome sonreír.

—Buenos días para ti también, fuego mágico...—canturreo burlona.

—Joder. La única persona que me dice así está del otro lado del jodido mundo—dice de forma dramática con la voz algo ronca. Al parecer estaba durmiendo. No me sorprende para nada. Sólo Charlotte Evans podría igualar o superar mi talento para dormir.

—Que dramática eres niña, ¿recuérdame por qué somos amigas?—pregunto divertida, mientras como el rico spaghetti hecho por Anne. Esa mujer sí sabe cocinar.

—Porque estoy igual de loca que tú, soy tu jodida otra mitad y nadie más te aguantaría claro está.— cierto.

—Buen punto—respondo con la boca llena.

—Estás comiendo—afirma y yo asiento como si pudiera verme. Ruedo los ojos ante mi estupidez. —Ahí no deben ser más de las cuatro de la mañana, ¿¡te sucedió algo!? ¿Estás herida? ¿Me necesitas? Pero qué pregunta, ya voy para ahí, diablos, necesito dinero y un vuelo, o un avión y...—

—¡Charlotte! —grito en tono ahogado, intentando no despertar a Alexander. —Cálmate mujer, que estoy bien. Sólo me desperté por comida— me apresuro en aclarar. La escucho respirar aliviada y sonrío enternecida. Mi Char puede ser muy paranoica tratándose de mí y la amo aún más por eso— Quería hablar contigo. Me ha vuelto a pasar, ¿sabes? Luego de tanto tiempo casi me desmayo, si no fuera por el idiota que me cogió antes de que me desnucara en las escaleras no sé qué habría pasado—relato afligida.

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