Capítulo 23

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Un nuevo día ha llegado y con ello, un día más de práctica. La pequeña Julia Byington se encuentra sentada sobre sus rodillas, con los ojos cerrados, tratando de absorber energía de las flores. A su par, se encuentra una joven que vigila su avance.

A diferencia de otras jornadas, en esta ocasión Nicole ha captado una pequeña cantidad de energía que es atraída por su alumna. Si bien es cierto, esa mínima cantidad no es suficiente para emplear un ataque pero sí representa un gran progreso. Al parecer, la perseverancia y las sesiones de terapias de relajación, han brindado frutos.

Julia sonríe a pesar de sentirse cansada, ya que aunque no es una agente receptora como su maestra, puede sentir la energía que es introducida a su cuerpo que suma fuerzas con su poder psíquico.

―Buenos días, ¿cómo se encuentra su majestad? ―Saluda el otro maestro presentándose en el lugar.

La aludida no contesta, sigue con sus ojos cerrados mientras se centra en su tarea.

―Estamos ocupadas. ―Contesta Nicole―. Si no vas a ayudarnos, vete.

―Es una lástima, traía unos deliciosos caramelos para la princesa.

En cuanto escucha la palabra «caramelos», la niña abre sus ojos emocionada y extiende sus manos hacia el hombre.

―Quiero caramelos, por favor ―pide con cortesía y una hermosa sonrisa.

―Bien hecho, Gasser. ―Espeta Nicole sarcástica―. Has tirado el trabajo de varias semanas a la basura. ―Dirige su mirada a la pequeña―. ¿Cuántas veces debo recordarte que tienes que concentrarte no importa qué?

―Perdón ―dice la niña avergonzada bajando sus manos.

―A la persona que más le ha costado esto es a ti, valora tu esfuerzo y no pierdas contra algo tan trivial.

―¿No estás siendo muy dura con la princesa? ―Pregunta Dan ante la reprimenda.

―Te recuerdo que he estado con ella y creído en sus habilidades. ―Lo observa fijamente y le recuerda―. No fui yo quien la llamó inútil.

―Como quieras ―dice restándole importancia―. Iré con Leonti y John para que multipliquemos las medidas de seguridad. Pondré los caramelos en la cocina por si la princesa los quiere probar. ―Sonríe con malicia―. ¡Ah! Y por cierto... Princesa, recuérdele a Nicole que debe explicarle la muerte de la onceava.

El hombre de cabellos rojos se marcha prontamente al introducir de nuevo la cizaña. Con ello, demuestra que su mayor habilidad es darle dolores de cabeza a la señorita Carroll.

―Es cierto, se me ha olvidado preguntarle, usted dijo que lo hablaríamos después.

Nicole respira profundo y observa Julia que espera su respuesta. Si Dan no hubiese intervenido, talvez hubiera obviado por unos días más la situación. Ahora no hay forma de dar marcha atrás pero, ¿debería decirle a Julia la verdad o la versión oficial? De escoger lo primero, ¿cómo explicarle algo tan difícil? ¿Cómo describir el hecho del que ella tuvo en parte culpa? Y lo más importante, ¿Julia seguiría confiando en ella?

―Lo que voy a decirte es algo muy difícil para mí... ―dice escogiendo su primera opción pero se detiene unos segundos para encontrar valor―. La muerte de la onceava fue provocada por... yo no quería pero...

De pronto, la niña no puede escuchar las palabras emitidas por su joven maestra. Con miedo, lleva sus manos a sus oídos al entrar en pánico cuando sólo observa los labios de Nicole que se mueven y que no emiten ningún sonido. Empieza a mirar los colores difusos y poco a poco, todo desaparece de su vista.

Princesa Juliana: La maldición de la coronaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora