Prólogo

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Me encontraba en casa. Bajaba las escaleras que tan familiares me eran después de haberme pasado toda mi vida subiéndolas para llegar hasta mi habitación. En el último escalón se encontraban mis hermanos. Todos sonreían con orgullo mientras me observaban de arriba abajo. Les devolví el gesto, mientras llegaba hasta ellos lentamente, intentando que mis piernas no flojearan por los altos tacones que habían escogido para mí. El vestido con la larga cola blanca tampoco ayudaba demasiado. Abracé delicadamente a Dani, que fue el que me ofreció su brazo cuando mis pies tocaron el suelo. Todos tenían el mismo traje: camisa blanca, chaleco y americana negros. Tampoco faltaba la rosa azul que llevaban en el bolsillo de la misma, como homenaje a mí y mi color favorito. Estaban guapísimos, sin duda intentando llamar la atención entre las invitadas.

- Estás hermosa -dijo mi hermano dándome un beso en la mejilla. Los gemelos lo siguieron y luego los demás los imitaron. Me sentí querida y no podía ser más feliz que como lo era en esos momentos.

Mi padre, George, apartó a sus hijos para llegar hasta mí. Sin perder la sonrisa le di un beso y me abracé a él. Vi a mi madre, Jessica, llorando como una madalena, pero orgullosa del trabajo que había hecho conmigo. El maquillaje que tenía puesto, así como el peinado, eran obra suya. Ésta me lanzó un beso con la mano y yo bromeé cogiéndolo en el aire y llevándolo a mi corazón. Se echó a reír por mi ocurrencia y se adentró en el coche que iba detrás del que habían alquilado para que me trasladara a mí. Estaba tan nerviosa que no me enteré de cuando me metieron en dl coche ni de las palabras que me decía mi padre, sentado a mi lado.

Para cuando llegamos a la Iglesia, las manos me temblaban y yo no paraba de morderme el labio inferior. ¿Y si no venía? ¿Y si había cambiado de idea y se había marchado dejándome sola? ¿Y SI CUANDO LE PREGUNTARAN DECÍA QUE NO? Empecé a hiperventilar, con la puerta del coche abierta y la mano de los gemelos extendidas hacia mí, buscando ayudarme a bajar sin estropear el vestido. Pero yo no me movía. Por un momento pensé en que saldría del coche, me iría a la parte del conductor, apartando al chófer y huiría hasta el fin del mundo para esconderme en una cueva y no salir jamás.

- Si no sacas tu hermoso culo de ese coche, te saco yo mismo, te cargo sobre mi hombro y te coloco en el altar aunque tengas que estar atada a una silla -aquella voz me hizo despertar de mi ensoñamiento. Durante una milésima de segundo pensé que las motitas de polvo de estaban en el reposa-cabezas del asiento de delante, eran lo más interesante del mundo. Sin embargo, parpadeé varias veces y recordé por qué estaba allí. Así que respiré hondo, tomé las manos de mis hermanos y salí del auto, encontrándome con unos ojos marrones y una sonrisa pícara-. Sí, señor, con dos cojones -

- Mira que eres bruto, Dek - le devolví la sonrisa y todos juntos entramos al recinto.

Mi madre se había lucido esta vez. Todo estaba decorado de manera impecable, utilizando distintos tipos de flores, juntando mis favoritas, con las de ella. Sin duda buscando dejar su marca personal. No había muchos invitados, mi familia y algunos amigos, pero no podía sentirme más cogida ni más feliz. Mi padre me guio hasta la entrada, sujetando mi brazo con orgullo y cierto miedo, pues las piernas me temblaban tanto que temía caerme en cualquier momento.

- Aún estás a tiempo, hija. Solo tienes que decirlo y tú y yo damos media vuelta -dijo mi padre colocándonos en posición. Unas niñas con cestas llenas de pétalos se colocaron delante de nosotros; un niño, el cual no había visto en mi vida, llevaba un cojín con los anillos. Menos mal que estaban atados, porque lo movía de tal manera que dudaba que llegaran al altar -. Nos escaparemos, solos tú y yo, nos cogeremos unas vacaciones. Tu madre lo entenderá -

- Dudo que lo entiendo con lo bonito que ha dejado este sitio. Nos mataría, a ambos -

- Probablemente - se encogió de hombros y ambos nos echamos a reír. Cuando la música empezó a sonar, nos cuadramos de hombros y comenzamos a caminar por aquel pasillo, bajo la atenta mirada de todos. Me pegué contra mi padre, buscando apoyo-. Tranquila, cariño, hoy es el día más feliz de tu vida –

Viviendo en el Bosque #2 [PAUSADA]Where stories live. Discover now