Prólogo

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[Revisado]

Tres años atrás

El tiempo transcurría con normalidad, como siempre lo hacía. Los segundos pasaban y luego los minutos.

No se detenía, seguía su curso.

Como también la vida de las demás personas a mí alrededor.

A través de las ventanas del auto podía ver la vida en las calles a aquellas horas de la tarde. Gente caminando, platicando, corriendo, sonriendo.

Viviendo, sintiendo aquellos minutos irse con rapidez.

Y debería de haber pasado lo mismo conmigo; que mis segundos se sintieran tan efímeros como lo eran cada día. Que los minutos pasasen con rapidez y luego llegasen las horas.

Pero todo se había detenido y no había vuelto a su transcurso natural. El tiempo pasaba de una forma diferente para mí y estaba tan enfocada en el hueco de mi pecho que no podía prestarle atención a aquel detalle.

Desde que mi tía había hablado desde la otra línea del teléfono, que sentía como toda mi realidad solo había cambiado.

Se había deformado, transformado. Convertido en esta especie de pesadilla que no terminaba. Que se alargaba con el pasar de los segundos y me envolvía en sus brazos, provocando que mi mente no se pudiese enfocar en otra cosa que no fuese lo que mi tía había pronunciado a penas.

«Tus padres tuvieron un accidente. Un camión golpeó su auto y... fue bastante malo. Los están llevando al hospital, así que pasaré por ti».

Me había quedado estática en mi puesto cuando aquellas palabras fueron procesadas por mi cerebro, aun cuando mi tía ya había cortado desde la otra línea.

Intentaba comprender la razón por la cual me había dicho aquello porque no podía ser cierto.

No, ellos no podían estar siendo llevados hacia el hospital por haber tenido un accidente.

No.

Mi mamá se había sentido mal y papá fue el que se encargó de llevarla a urgencias. Por esa razón fueron al hospital, no por algún tipo de accidente.

Ellos volverían a casa y retomaríamos la película que había quedado a medias cuando mamá se sintió mal. Iríamos al sur, a aquel viaje que por mucho tiempo habíamos planeado y disfrutaríamos de esos días.

Llenaríamos el álbum que mi madre había comprado con fotos de nuestro viaje y hasta necesitaríamos de otro más. O tal vez dos más.

Celebraríamos su aniversario de matrimonio en algún restaurante que nos gustase y llenaríamos nuestros estómagos hasta tal punto que con cada movimiento el dolor se hiciese presente.

Pasaríamos los tres juntos esas vacaciones que nunca habíamos tenido y sería un hermoso recuerdo para los años venideros.

Eso tenía que pasar. Exactamente eso, no otra cosa.

Pero cuando mi tía me fue a buscar y vi aquel terror en su rostro, todas aquellas ideas comenzaron a fragmentarse.

Comenzaron a desvanecerse sin yo quererlo y un pánico latente ocupó su lugar. Un pánico que sentí deslizándose con tranquilidad hacia mi sistema, apretando mi pecho y aturdiendo mis pensamientos.

Y no podía hacer nada para detenerlo. Solo no podía.

Mi mente se había bloqueado, solo permitiendo que las palabras de mi tía se repitiesen una y otra vez, zigzagueando entre mis pensamientos difusos.

Sentirse Viva (#1 Sentirse Viva)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora