Capítulo 1: ¿Te pongo?

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P.O.V LOU

"Hey brother, there's an endless road to re-discover.

Hey sister, know the water's sweet but blood is thicker."

Mira que me gusta esta canción, pero después de escucharla sonar como tono de alarma un sábado a las 6 de la mañana, se me quitan las ganas de escucharla nunca más, Os preguntareis que hacia yo levantándome un sábado a las 6 de la mañana, ¿no? Resulta que Natalia y Nil, mis mejores amigos, había tenido la brillante idea -nótese el sarcasmo- de juntar a todos los amigos de la "infancia" y sus respectivas parejas para pasar las Navidades todos juntos.

Apagué la alarma y me levanté para irme a duchar sin pensarlo dos veces, ya que si me lo pensaba no me levantaba.

Entré directamente a la cafetería en la que habíamos quedado, a pedir un buen café a ver si me despertaba un poco (función que la ducha que me había dado hacía poco más de una hora no había logrado), antes de que llegaran los demás.

—Buenos días —me saludó una amable señora al otro lado de la barra—. ¿Qué desea?

—Un cortado, por favor —asintió y vi sentada en la barra como comenzaba a preparo y a los pocos minutos me lo sirvió con una sonrisa—. Gracias.

—Hola guapa, ¿te pongo? —me giré de golpe para ver quien había sido el sin vergüenza que había dicho e... ¡Dios, qué ojazos!

—¿Que si me pones el que, gilipollas? —escupí.

—¿Que si te pongo el azucar más cerca? —dijo haciendo un gesto con la cabeza señalando el café.

—Imbécil —murmure pero lo suficiente alto como para que lo escuchara pero sin girarme a míralo.

—¿Y qué hace una chica tan guapa como tú tan sola?

—¿Y qué hace un estúpido como tú todavía hablándome? —pregunté girándome para encararle— Mira —comencé—, no sé si este truco te funcionará para ganarte a las tías, pero conmigo lo único que vas a ganarte va a ser una buena ostia.

—La gatita tiene garras, me gusta —dijo acercándose más a mí, mientras yo me ponía de pie—. Pero no hace falta que te hagas la tonta y la difícil, estas cosas no funcionan conmigo. —explicó sonriendo ladeadamente y matando con ella a todo el sector femenino que había en la cafetería, había que reconocer que por muy idiota que estuviera siendo, tenía una sonrisa preciosa.

¡¿ESO QUE ACABO DE SENTIR ES SU MANO EN MI CULO?!

Lo último que se escuchó en la sala fue el sonido de mi mano impactar en su cara.

—¿¡Tú estás loca!? —exclamó llamando la atención de todo el local.

—Y tu imbécil, ¿quién mierda te crees para tocarme el culo? —Menos mal que alguien nos interrumpió antes de hacer otra tontería.

—James tío, gracias por invitarme, hay una chica ahí fuera que... —comenzó a explicar un chico moreno, tal vez unos dos años más que yo, hasta que pareció darse cuenta de mi presencia— ¿Y tú quién eres, preciosa? -pregunto mirándome de arriba abajo con todo el descaro, que maleducado, sin duda, un amigo del idiota.

—Já, a ti te lo voy a decir —musité empezando a caminar hacia la salida cuando recordé sus palabras- Espera, ¿has dicho James? —le pregunté—; ¿Te llamas James? —inquirí girándome hacia el susodicho.

—¡Buenos días! —exclamó saludando Natalia con su tan característica sonrisa, ¿quién sino iba a tener tanta energía un sábado a las 8 de la mañana?, envidiaba esa felicidad que derrochaba siempre mi mejor amiga—. Lou —me saludó—, ¿qué tal te ha caído Will, a que es simpático? —me preguntó con una sonrisa señalando al amigo del imbécil.

—¿Will?, ¿qué pintan ellos dos aquí? —inquirí muy confusa.

—¿Qué pinta esta niñata aquí? —preguntó el imbécil.

—¿A quién llamas niñata, imbécil?, ¿te has visto? —escupí con furia—. Le tiras los tratos a una desconocida en un...

—¿Desconocida? —repitieron Nil y Natalia al unísono, mientras Esty y Clara parecían estar divirtiéndose bastante con la situación, como si supieran algo que el imbécil y yo no.

—Creo que me acordaría de esta niñata si la conociera... —comenzó a decir confuso frunciendo el ceño—; ¿No?

—¡Que no soy una niñata! —exclamé encarándole.

—¡Parar ya! —exclamó Alex, un pelirrojo con el que había compartido clase tres cursos en la ESO y con el que me distancié cuando se empezó a juntar con un compañero con el que años después se convirtió en su mejor amigo—. Parecéis niños pequeños.

—¡Cállate Alex! —exclamamos al unísono fulminándolo con la mirada—. ¿De qué le conoces? —preguntamos de la misma manera que antes, a la vez—. ¡Deja de copiarme! —dijimos de nuevo a la par.

—¡Callar! —gritó Natalia para que paráramos de discutir—. Claro que os conocéis, ibais a la misma clase —nos dijo, nos miramos con el ceño fruncido, aun sin reconocer a la persona que teníamos delante y que teóricamente conocíamos— James González, Lou García —nuestras miradas se encontraron en menos de una milésima de segundo.

—¡Tú! —dijimos al unísono.

Don't forget me/No me olvides [VERSIÓN DEFINITIVA EN AMAZON]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora