PRÓLOGO
Fui su regalo.
Aunque al principio no entendí qué significaba aquello.
Pensé que era una amenaza. Un castigo. Una forma de demostrarle a alguien que podía tomar lo que quisiera sin importar las consecuencias.
Nunca imaginé que el regalo era yo.
Me poseyó.
Me arrancó de mi vida como si nunca hubiera pertenecido a ella. Me alejó de las personas que amaba, de mis costumbres, de mis sueños... de todo aquello que me hacía ser Abigail Renchiert.
Y, poco a poco, cambió mi mundo monótono por uno que jamás había pedido.
Un mundo de hombres que hablaban de poder como si fuera una religión.
De armas.
De sangre.
De secretos.
De familias cuyo apellido podía condenarte antes siquiera de conocerlas.
Y en el centro de todo estaba él.
Dimitri D'Alessandro.
El hijo del Don.
El hombre al que todos obedecían incluso antes de que heredara el imperio de su padre.
El hombre que me secuestró.
El hombre que convirtió mi vida en algo que ya no reconocía.
Tomó lo mejor de mí y me destruyó en el proceso.
Me marcó como su pertenencia.
Y yo cometí el peor error de mi vida.
Me enamoré.
Porque...
¿Quién en su sano juicio se enamora de su secuestrador?
Yo lo hice.
No sé exactamente cuándo ocurrió.
Quizás fue aquella primera vez que me miró como si pudiera leer cada uno de mis pensamientos.
Quizás cuando descubrí que detrás de aquella crueldad había heridas que nadie conocía.
O tal vez fue cuando comprendí que, aunque él podía ser el hombre más peligroso de la habitación, conmigo siempre había algo diferente en sus ojos.
Pero enamorarse de Dimitri D'Alessandro tenía un precio.
Y yo pagué cada centavo.
Él solo sabía dañar.
Y lo hizo.
Me rompió.
Me reventó en mil pedazos hasta que ya no supe quién era.
Lo peor no fue perder mi libertad.
Lo peor fue que, cuando finalmente tuve la oportunidad de recuperarla...
ya no estaba segura de querer irme.
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Mi Condena
ActionFui su regalo. Aunque al principio no entendí qué significaba aquello. Pensé que era una amenaza. Un castigo. Una forma de demostrarle a alguien que podía tomar lo que quisiera sin importar las consecuencias. Nunca imaginé que el regalo era yo. Me p...
