PRÓLOGO

539 23 1
                                        

Hoy es el día. Miro a mis padres y me despido de ellos.

—Intenta no meterte en líos —dice mi madre con cara de póker. No me extraña la verdad, a veces pienso que no le caigo bien a mi propia madre.

—Tranquila, no lo haré —contesto—. Os echaré de menos —digo esta vez dirigiéndome a ambos.

—Nosotros también —responde mi padre dándome un abrazo—. Llama de vez en cuando.

Asiento y me adentro en el aeropuerto. Mis padres se van haciendo más pequeños a medida que voy avanzando y me despido de ellos por una última vez con la mano desde lo lejos.

No me puedo creer que esto vaya a suceder, echaré de menos a mis amigas el año que estaré en Florida, menos mal que hemos quedado en hablar todos los días, pero también estoy muy emocionada por saber como será mi vida allí.

Para nada lo que me imaginaba. Se supone que el mandarme a otro país a estudiar es parte de un castigo dado a mi mala conducta, que yo más bien lo veía como una oportunidad, después de la ruptura con mi novio por así decirlo, pero sé que en realidad es una manera de que mis padres no tengan que hacerse cargo de mí y que han camuflado con la idea de que seré más responsable en un país desconocido, además de irme sola.

Después de diez horas de un incómodo viaje en avión, por fin aterrizamos en Gainesville, Florida. Tengo que esperar lo que se supone que es media hora hasta que llegan mis maletas, aunque más que treinta minutos la espera se me hace de un día entero. Una vez la he cogido veo a un hombre con un cartel sosteniéndolo en alto el que pone mi nombre, Olivia González. Decido ir hacia el hombre, el tipo puede tener sus cincuenta años y que con esa barriga cervecera y esa calva brillante me recuerda a Homer Simpson; éste me conduce hasta el taxi y mete las maletas dentro.

En el trayecto al campus veo lo diferente que son las casas, las calles, edificios e incluso las farolas en comparación con las de España, o Toledo por lo menos.

Cuando me bajo del coche me quedo petrificada al ver toda la gente que hay en el campus; algunos están atravesándolo, otros están reunidos con sus amigos charlando y riendo, y otros, como yo, están bajando del coche para adentrarse en este nuevo mundo que es la universidad, mundo o cárcel, según lo mires. Cojo mis cosas del maletero y enseguida echo a andar hasta que llego a la residencia. En recepción, después de esperar media hora, la secretaria se digna a darme la llave de la habitación y me dirijo a ella.
Abro, pero no hay nadie, solo hay dos camas: la izquierda repleta de cajas y la de la derecha vacía, así que pongo la mochila encima y comienzo a sacar la ropa para colocarla en el amplio armario.

Cuando he terminado salgo de la habitación y decido dar una vuelta para conocer el campus y ver los clubes que ofrecen, hay algunos que están bastante bien pero no me siento muy cómoda con esto de unirse a este tipo de clubes. Pasado un rato decido volver a la habitación.

Subo al cuarto y empiezo a hablar con Alba, una de mis mejores amigas. Sólo espero hacer amigos pronto, porque no quiero pasarme el resto de mi estancia encerrada en cuatro paredes comunicándome con amigas a través de skype, que por cierto va fatal porque aquí el internet es una mierda.

Nunca me he considerado una chica antisocial, así que supongo que no estaré mucho sola y que no me costará relacionarme con alguien.

Quizá aquí pueda olvidarme de lo que mi ex novio me arrebató, la virginidad, entre otras cosas.

I WILL NEVER FORGET YOUWhere stories live. Discover now