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Prólogo

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Desbordada de alegría, la reina extendió sus enormes alas, tan grandes como el cielo y más negras que aquella noche sin luna. En su rostro, se dibujó una helada y dura sonrisa. Sus ojos rubí, de expresión irónica pero llenos de triunfo, se posaron sobre el campo y fijaron su atención en la colina del sueño. Ahora se encontraba muy cerca, tan cerca de aquello que durante miles de años anheló.

La sombra, gran compañera de la reina y fiel sirvienta del emperador, temblaba sólo de pensar en el regreso de los temibles y letales mordaces, y llena de miedo, se dirigió a cumplir lo que se le ordenó. Pero sus temores se agudizaron al comprender la magnitud de la tarea encomendada por su reina aquella noche de sangre.

En un instante, el bosque que rodeaba la colina se encendió, el fuego consumía todo a su paso, los frondosos árboles caían destruidos, derrotados, aniquilados. En la oscuridad del cielo resaltaban las espesas ráfagas del ejército de la reina, quienes atacaban por doquier. Ahora se había desatado un nuevo combate, el cual no sería uno más para la historia, al contrario, este sería decisivo para el futuro. El desastre se hizo inminente y con ello la desesperación.

Escondidos, y angustiados, los enamorados comprendieron que debían separarse. Pero también eran conscientes de que la muerte, podría reclamarlos aquella noche y dar fin a su prohibida relación. El, sin pensarlo, y a pesar de las circunstancias, intentó cambiar la expresión preocupada de su rostro, y con una forzada sonrisa en sus labios, la miro tiernamente diciéndole:

-Si sobrevivimos, desearía que al menos me regalaras una noche, después, si quieres, podemos continuar como perfectos desconocidos. Pero nuestra historia debe escribirse, así sea que la única escena que habite en nuestro libro sea la de nuestros cuerpos desnudos sobre la cama de una pequeña habitación, en plena oscuridad.

Él, tomo una pausa sin abandonar los ojos de su amor, los cuales contempló en silencio por algunos minutos más, hasta que al fin continuó y dijo:

-Mis anhelos no te querrán sólo para una noche, sino para una eternidad, pero las reglas, las circunstancias y los demas caprichos de esta vida no pueden quitarnos el gusto de vernos a los ojos en plena intimidad. Sé que ella y mucho menos la muerte nos quieren juntos.

La chica lo miró sorprendida, pero analizaba cada palabra que atentamente escuchaba, hasta que éste, finalizó su discurso diciendo:

-Solo una última cosa te diré, el tiempo puede amargarnos la existencia con el arrepentimiento, pero no con lo que hacemos de corazón, y vaya que sería doloroso esperar nuevamente a la muerte sin una sonrisa en el rostro al recordarnos juntos, piel con piel.

Y retrocediendo, fue soltando lentamente la mano de la chica, a quien no había dejado de mirar, pero esta vez lo hacia con profunda tristeza, y bajando al fin su ristro, dió un giro y se marchó a la batalla donde la reina recien empezaba a desatar su furia.

Mientras caminaba, en direccion al caos, elevó su mirada al cielo ennegrecido y recitó en voz alta:

-!La amé desde el primer momento en que su intensa luz se apoderó de mis ojos. Siempre llevaré conmigo el recuerdo de su frondosa melena, mas roja que el fuego, embelesando mis sentidos mientras solo creía verlo ondear en el viento. Sus ojos, como dos brillantes esmeraldas, iluminaron los más oscuros rincones de mi alma. Siempre me preguntaré como una pálida sonrisa logró expulsar los demonios que encerraba y que escaparon como bichos desesperados de su escondite. Su piel canela, me recordará las dulces galletas recien horneadas que nunca más volví a probar...!Así es Aurora!, su nombre en mi vida no es casual, eso lo compruebo ahora, ella será muy grande, tan grande que todos la amarán, porque ella simplemente es, nuestra mejor esperanza en las tinieblas!.






Los Legendarios y El Roble de Plata. Libro #1 Los Nativos.Stories to obsess over. Discover now