7. "Exasperante"

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—Quítate de mi camino —mi voz suena más irritada que nunca, pero no puedo evitarlo. No cuando tengo casi veinte minutos intentando salir de mi habitación sin hacer una escena.

Rael, quien se ha instalado debajo del marco de mi puerta, me mira con aire reprobatorio y expresión severa.

—No vas a ir a ningún lado sin mí —suelta, tajante y no puedo evitar soltar una risotada carente de humor cuando añade—: Se supone que debo cuidar de ti y en este estado no puedo abandonar este lugar, así que no puedo permitir que te marches.

—Por si no te has dado cuenta, Rael —digo, con todo el tacto que puedo imprimir en mi tono ya irritado—, soy perfectamente capaz de cuidar de mí misma. No te necesito en lo absoluto.

Las facciones del ángel de los ojos amarillos se endurecen considerablemente.

—Se me ha ordenado cuidarte y no voy a permitir que vayas a exponerte cuando no hay necesidad alguna de hacerlo —suelta, con aire enojado.

— ¡No necesito que me cuides, por el amor de Dios! —Chillo—, ¡apártate de una maldita vez!, ¡tengo que ir a la universidad!

—La universidad ahora mismo no es importante, Annelise. Estamos hablando del posible inicio del Fin del Mundo —la seriedad con la que Rael habla, me hace soltar otra carcajada.

—No voy a dejar de hacer mi vida sólo porque tú y los tuyos le temen al poder de un demonio —suelto, con brusquedad—. El mundo no se ha terminado aún y yo no voy a dejar de hacer mi vida sólo por miedo a que me asesinen. Si Mikhail desea acabar conmigo, adelante, que lo haga. Estoy harta de toda esta situación. Me haría un favor inmenso, si me lo preguntas.

— ¿Tienes una idea de lo idiota que suenas?

— ¿Tienes una idea de lo poco que me importa?


La mirada furibunda del ángel que tengo enfrente me hace sentir ligeramente intimidada, pero trato de no hacérselo notar. Trato de mantener mi expresión dura y enojada, mientras que él cuadra sus hombros y sus piernas para dibujar una postura más amenazante que la anterior.

—No vas a marcharte de aquí sin mí, Bess Annelise Marshall —escupe, irritación.

El reto que hay en su voz, sólo hace que mis ganas de empujarle lejos aumenten. Sería tan fácil hacer uso del poder de los Estigmas. Sería tan fácil enredar las hebras de energía a su alrededor y moverle de aquí...

—Hablo en serio, Rael, apártate ahora mismo.

¿O qué?

—O voy a moverte a la fuerza.

—Atrévete a ponerme una mano encima y...

—Ni siquiera voy a tocarte —lo interrumpo y, para probar mi punto, envuelvo los hilos de los Estigmas alrededor de sus manos. Me toma un poco por sorpresa la facilidad con la que puedo manipularlos, pero me las arreglo para no esbozar ninguna expresión que delate mi asombro.

Acto seguido aprieto mi agarre un poco. Sólo lo suficiente como para que él sienta su poder.

La expresión del ángel cambia ligeramente, pero no da señal alguna de estar dispuesto a ceder. No da señal alguna de darse por vencido.

—No te tengo miedo —dice, sin apartar sus ojos de los míos.

—No me obligues a hacerte daño —advierto, pero no estoy muy segura de querer obligarlo a moverse. No cuando no sé cuán lastimado está realmente.

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