Capitulo 5.

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Aunque sus palabras me golpearon de manera brutal y no me refiero a una forma ofensiva –si no a todo lo contrario- no comprendía porque el corazón no me dejaba de bailar en la boca del estomago, si ya hace mas de 15 minutos que las pronuncio, la veía allí sentada ante mi sin decir nada tan solo el silencio reinaba en la gran habitación, me miraba como si tratara de buscar algo o tan solo me estudiara como algo que un científico acabara de descubrir por primera vez.

Soltó un gran suspiro y se paro buscando algo debajo de su cama. Sacaba libros, zapatos, ropa interior, bolas de papel, cajas de cigarrillos y todo lo que se encontrara debajo de ella. Hasta que salió con lo que era un pequeño cofre. Lo abrió y saco una lámina tendiéndola ante mí. Cuando postre mis ojos sobre ella sin comprender el motivo de ese gran papel, fruncí el ceño. Era un mapa de todo el vecindario.

— ¿Lo hiciste tú?—pregunte tocando todo lo que había sido dibujado.

—Si prestas atención, te darás cuenta que la vieja casa abandonada del señor Mae está a dos cuadras. Aunque no creo que seas tan desmemoriado como para olvidar el día que me seguiste—sonrió mirándome de la manera más incomoda de mi existencia. Trague con fuerza y me pare mirando el reloj que reposaba en su mesa de noche—. Yo nunca olvido una cara, pero si no me lo quieres decir, lo voy a comprender.

— No sé qué decir...

—Solo cállate y no le digas a nadie de ese lugar. Todos lo ven, mas no saben que hay allí, simple.

— ¿Por qué le das tanta importancia si tan solo es una vieja casa abandonada?—me miro con pereza y rodó los ojos al cielo.

—Marihuana de la cara—asintió—. Hectáreas de marihuana escondo en esa casa—abrí los ojos a tope mirándola con asombro, sabía que la chica estaba loca, pero no la creía una traficante anónima—, ¿Qué acaso eres humano? Estoy enferma de la cabeza, pero no lo suficiente como para ser traficante anónima. Maldito enfermo—bufo recostándose de la cama.

—Pues perdóname por creer que eras ese tipo de persona, desquiciada—bufe en su contra.

— ¡Oye cálmate, aun no caigo en eso! ¡Después de todo sigo siendo una dama! ¿Qué acaso tu madre no te educo?

—Puedo decir que mejor que tú, si.

Los ojos de Beezus Greer Lowell quienes se habían mantenido sobre el mapa mediante cada palabra que decía, se postraron ante mí con aborrecimiento, trague con fuerza ante la mirada de la pequeña joven sin saber que decir, su pecho subía y bajaba con calma, se notaba que no estaba furiosa por lo que había dicho, pero juraba que sus ojos. Sus oscuros ojos cafés decían un millón de palabras que me atravesaban el alma.

—Lo sien...

— ¿Por qué?—pregunto—.'' Puedo decir que mejor que tú, si'' ¿Por eso? Las personas no decimos verdades para después disculparnos. Si las decimos es porque estamos seguras de ellas. No te disculpes por algo que crees cierto—escupió sin problema alguno.

Se paró de donde estaba y sonrió mirando todo a su alrededor, tomo una gorra que descansaba a mi lado y se coloco unos zapatos de goma seguido de un suerte, cogió una caja que reposaba al lado de su mesa de noche y la lanzo por la ventana.

—Piérdete.—me indico—. ¿Qué eres sordo? Muévete—me alzo y me empujo por la ventana, salió y quedo a mi lado observando la caja, se encaramo en el árbol y bajo, espere por lo menos un minuto antes de bajar notando como Beezus Greer Lowell revisaba la caja—. ¿Por qué tardas tanto en bajar?—ese día, sentía como la adrenalina cobraba vida en mi cuerpo, me sentía deseoso de saber que era lo que seguía una vez que bajara de ese árbol y me perdiera entre las calles junto con esa chica.

¡Hey Poppy! Fucked, fucked Poppy |H•S|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora