Prólogo

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Un manto azul bañó toda la habitación en cuanto se abrió la puerta. 

Mi fiel espada apoyada en mi hombro izquierdo y mis infinitas flechas en el izquierdo. 

Miré hacia adelante. 

Un gran lagarto del color de la habitación, con un increible nivel 82 y tres barras bajo el dato, Junto a una gran y fina espada estaban apareciendo.

Miré a mi alrededor y la tierra tembló. 

Al menos diez dragones habian dado vuelo con sus poderosas alas, llendo directamente hacia el lagarto. 

Perecieron en un parpadeo de ojos. 

Los gritos de mis compañeros dieron comienzo a la verdadera batalla.

Corrieron. Todos juntos. 

Espadas, Escudos, Arcos, Hachas, Cetros y demás se alcanzaban a ver entre tantos colores de las armaduras que todos llevaban. 

Magia volando de aquí para allá. 

Tomé mi fiel espada, respiré hondo. 

En este mundo no se necesitaba oxigeno pero mi verdadero yo del otro lado si que lo necesitaba y al parecer, tenia una respiración muy agitada acompañada del sudor en mis manos. 

Corrí todo lo que mi habilidad me permitia. Sobrepasé a todos los de la línea de defensa en cuestión de segundos y me lancé contra el monstruo del calabozo.

"¿Era solamente alguien impertinente que se creia suficiente para salvarlos a todos de este juego?"

Cuando me fijé en cuanto estaba quitandole de vida al lagarto, vi que le quitaba más de lo que esperaba. Alguien más tenia que estar atacándole. Vi a mi lado y ahí estaba él. Luchando contra el monstruo y protegiendome con su gran escudo.

Sin quererlo realmente, sonreí. 

Seguí atacando al monstruo y todos los demás al rato se nos unieron.

Cuando la vida del lagarto marcó rojo, desapareció en un montón de cristales.

Todos gritaban, celebrando. Yo simplemente buscaba un poco de calma y tranquilidad.

Sentía mi cuerpo pesado y algo adolorido. 

Miré mi barra de HP*, estaba roja y me quedaba menos del 10%. 

Bajaba poco a poco y un chico de la delantera se me acercó corriendo junto con una poción de curación. 

Apenas la bebí, mi vida llegó solo hasta la mitad. Pero la pesadez de mi cuerpo y el cansancio que sentía se fue en su mayoría.

Abrieron la puerta que daba hasta el siguiente piso y todos la pasamos. 

Como siempre, un laberinto para salir del lugar. 

Y mientras, recorríamos el laberinto con extrañas y muy altas paredes crema, iguales a la de la Ciudad de los Comienzos, recordé el como llegué aquí. 

Quien iría a pensar que algo que parecía un simple juego llegara ser una lucha continua por sobrevivir.

*Health points: Vida de los jugadores. 

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