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Ya llegó el día de Navidad, y todos esperábamos con ansias los regalos que nos dejaba Santa Claus debajo del abeto. Fue una Navidad diferente, aquí me di cuenta de que aquel camión Monster Truck que me regalaron no me importaba tanto, en cambio el regalo de mi vecina Vicky me llamaba más la atención, era un una muñeca con todos sus accesorios, incluso le traía varios vestidos intercambiables. Desde pequeño ya me sentía diferente, yo no era un chico normal. Conforme van pasando los años he aprendido que salir del armario en un pueblo como este, no es algo bueno que digamos, es algo que llevarás tatuado en la frente, que te hará sentir diferente y despreciable. Hasta el día de hoy, este tema lo he dejado pasar y no creo que me atreva a desvelar mi secreto, y menos ahora que estoy en el instituto, una época buena para algunos y no tan buena para otros.

***

­-Buenos días, padre -dije al llegar a la cocina después de haber preparado las cosas que tendré que llevar a clase.

-Buenos días Nathan, ¿te enteraste?

-¿De qué?

-El hijo del dueño de la ferretería, le salió maricón -soltando una carcajada al final.

-¿Y cómo fue? -pregunté sorprendido, ese chico tuvo que ser muy valiente para decir eso en un pueblo como este.

-Pues el muy imbécil se lo soltó en medio de la tienda -mi padre siguió contándolo con esa carcajada detrás.

-¿Y qué es del chico?

-Yo creo que no volverá a hablar del tema durante un buen tiempo, el padre le aclaró las cosas mandándolo al hospital.

-Pero, ¿por qué? -pregunté con un tono de preocupación.

-Se lo merecía, es maricón, y encima ahora tendrá que pagar para poder llevarlo a un médico que le cure esa enfermedad.

-Ser gay no es ninguna enfermedad, es una condición sexual -corregí a mi padre.

-¡Es maricón! ¡Un perturbado! -mi padre gritó dando un fuerte golpe sobre la mesa y dejando caer la taza del café al suelo.

-¡Robert! -apareció mi madre por detrás-¿Qué son esos ruidos?

-Nada, Sue, que nuestro hijo dice que el mariconeo no es una enfermedad -le dijo mi padre a mi madre pero sin apartar esos ojos de psicópata de mi cara.

-Nathan, haz caso a tu padre, que sabe más que tu de la vida, que apenas eres un niño.

-Los que se equivocan son ustedes -fue lo último que dije en mi casa esa mañana, cogí mi mochila y marché para clase. De camino al instituto, me pusé los auriculares y dejé que David Bowie corriera por mis oídos, se dice que la vieja música es la realmente buena, y Bowie era muy bueno, era un artista psicodélico y sin miedo de lo que piensen de él, ojalá yo pudiera ser así, pero no correré ese riesgo, y lo único que hago es pasar desapercibido, mientras me dejo caer por esa jungla de animales, como la que es el instituto, que podemos dividir en secciones, claro está: primero los marginados, aquellos que son frikis o empollones o que visten diferente, al menos ellos no pasan desapercibido como mis amigos y yo, bueno mis dos únicos amigos, Annie, esa chica sencilla de pelo oscuro y piel blanquecina, y también Steve, mi amigo desde primaria, un chico alto, guapo y fuerte, que podría ser de los "pops", pero prefirió pasar desapercibido y ser nuestro amigo. Hablando de los pops o populares, estos sí que no pasan desapercibido, son siempre el centro de atención, los chicos y chicas más enrollados del instituto, pero que en el fondo todo el mundo odia, incluso entre ellos se odian, no me extrañaría que alguno se odie a sí mismo, resumiendo son todo físico y poco intelecto, cerrados de mente, como la mayoría en este pueblo.

-Hola Nathan -me saludó Steve-. ¿Y esa cara? -me preguntó.

-Nada, una pequeña discusión con mis padres.

-¿Una discusión? ¿Por qué?

-Bueno, me imagino que sabrás lo del chico este, que salió del armario, ¿No?

-Sí, sí, me enteré esta mañana, me lo dijo Haley-

Haley es su hermana, ella sí que es una pop pero no de las peores.

-Pues por eso, según mi padre ser gay es una enfermedad, y que deberías acudir al médico si te atrae alguien del mismo sexo.

-Todavía existe gente así en pleno siglo XXI, no se puede hacer nada.

-¡Chicos, chicos, chicos! -venía gritando Annie por todo el pasillo.

-¿Qué pasa Annie? -preguntó Steve.

-Me acaban de invitar a la fiesta de iniciación del instituto, en la casa de un pop, y puedo invitar a los que me dé la gana.

-Qué bien, ¿a qué sí Nathan?

-Bueno, yo preferiría pasar desapercibido -respondí en un tono suave.

-Siempre desapercibido, hay que disfrutar Nathan, ya verás que lo pasamos en grande -intentó convencerme Annie.

-Bueno me lo pienso, pero no te prometo nada, y ahora vamos a clase que llegamos tarde-

Por lo visto, este año en clase hay mucha gente nueva, incluso hay un chico marroquí, no sé cómo se adaptará aquí, es un pueblo muy pequeño para alguien que viene desde tan lejos, parece bastante majo, aparte de ese atractivo euro-árabe, piel morena, pelo oscuro y rizado y unos rasgos faciales muy marcados.

-Hola, me llamo Nathan -muestro interés-. Y ¿tú?

-Hola, me llamo Hakeem, un placer Nathan -me responde muy correcto y con una sonrisa en la cara.

-Eres marroquí ¿no?

-Sí, soy de Marruecos, de Agadir, una ciudad de pescadores, pero llevo desde los catorces años viviendo aquí.

-¿Y eso? -pregunté, espero que no pensase que soy un cotilla.

-Salí del armario, e imagínate en Marruecos, un pueblo musulmán, muchos son cerrados en este sentido, mi padre me echó de casa, y busqué refugio con mi hermana mayor que vive aquí, gracias a ella salí de ese país, donde no se me aceptaba por como soy.

-Debió ser muy duro, pero aquí mejor que no lo saques mucho, porque aquí tú tienes dobles motivos para que se metan contigo.

-Nathan, yo soy como soy y no voy a cambiar por nadie.

Este chico sí que tiene valor, no solo salir del armario en su país sino venirse a este pueblo de mentes cerradas y también mostrarse como realmente es.

-Bueno, yo no voy a hacer que cambies tu forma de ser, ya nos vemos.

La verdad es que este chico me vuelve loco, lo tiene todo, personalidad, aparte de ser bastante guapo, y no olvidemos que es muy valiente por abandonar su país.

De nuevo me encuentro con Steve y con Annie, pero está vez en la cafetería, y les cuento la historia de Hakeem, y todo lo que ha sufrido, lo que ha tenido que pasar para llegar hasta donde está.

-Y ¿por qué no lo invitas a la fiesta? -preguntó Annie.

-¿Estás loca? A ver si piensan que yo también soy gay -intenté escabullirme de la conversación.

-Pero no como pareja, tienes unas cosas.

-No sé, tampoco lo conozco tanto, y si se lleva con nosotros a lo mejor nos perjudica por ser gay -dije sin pensar lo que decía. En el fondo sé que siento algo por él pero no puedo arriesgarme, y menos aquí.


DesapercibidosWhere stories live. Discover now