Capítulo 3 parte II

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            —¡Louis, lee poesía! —gritó Melanie cuando Harry y yo llegamos a la casa. Suspiré y fui a buscar el poemario.

—¿Te he dicho alguna vez que me encanta cómo tratas a tu hermana? —preguntó mi mejor amigo mientras la pequeña iba a colocar alguna pieza en el reproductor de música más cercano.

—No —respondí de inmediato.

Lo vi enarcar una ceja.

—¿Estás diciéndome que nunca te digo nada lindo? —cuestionó con frustración.

—Oh, claro que me dices cosas lindas, sólo que siempre que lo haces es con sarcasmo o bromeando y yo entiendo que no es de verdad.

—¡Papá Louis! —Saltó la pequeña—. ¡El poema!

Sonreí y fui hasta donde estaba, acariciándole el cabello, y abrí el libro que tenía en las manos y leí el primer poema que encontré de forma arbitraria.

"No sabias bailar // No digas lo contrario // No sabias / y se notaba // Yo siempre / te seguía / el juego / para que no hicieras / el ridículo / solo / y... // No Mentira // Siempre / hacías / el ridículo // pero yo me unía / porque era divertido // y la razón por la que lo era / era porque era / contigo".

—¿Y qué sentiste cuando lo leíste? —preguntó Harry.

Sonreí forzosamente.

—Que ya es hora de que te vayas, Hazza, hasta mañana.


En esos días, escuché a Annel preguntándole a Montse por su nuevo dibujo. Quedé un poco sorprendido, debido a que, hasta donde sabía, ella tenía una especie de "bloqueo artístico", el cual le había impedido dibujar lo más mínimo en un buen tiempo. Cabe resaltar que esto no era común en ella; por el contrario, Montserrat era la clase de persona que dibujaba siempre, estuviera triste, feliz, hambrienta, enojada y pare de contar. Al preguntarle la razón de dicho bloqueo, claramente interesados, respondió que sintió que se quedó "seca".

—¿Dibujaste algo? —pregunté con alegría, ante lo cual ella asintió leve y tímidamente, cosa rara en ella, dado que, cuando se trataba de sus dibujos, solía saltar hacia nosotros en el mismo minuto en el que llegábamos, para mostrárnoslos.

Alcé las cejas, expectante, dándole a entender que quería verlo. No obstante, ella evadió mi mirada, dirigiéndola al piso, cosa que me dejó confundido. Annel interrumpió la extraña conversación carraspeando y se apresuró a sacar una hoja de una carpeta que tenía a la mano.

—Es este —forzó una sonrisa enorme, tendiéndome el papel.

Evalué lo que estaba en él. Varios dibujos caricaturizados de dos chicos se extendían a lo largo de la hoja en varias poses: abrazados, riendo, hablando, viéndose el uno al otro, tomados de la mano y besándose.

Una sonrisa se extendió a lo largo de mi rostro cuando vi la hoja. Los dibujos eran adorables e inspiraban ternura. Sin embargo, a medida que fui detallándolos, me di cuenta de una particularidad.

—¡Oye, qué curioso! —comenté—. ¡Se parecen a Harry y a mí!

Ella soltó una carcajada nerviosa.

—¿Cómo vas a creer eso? ¡Yo sería incapaz de shippearlos!

Posé mi mirada en Montse, quien suspiró sonoramente. Sacó un papel de su bolso y me lo extendió.

Homely [Larry] #Wattys2016Donde viven las historias. Descúbrelo ahora