Capítulo XIV: Una noche para olvidar.

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- Hija, llevas comiendo pastelitos y escuchando la misma canción desde el viernes. – dijo mi mamá mientras dejaba ropa limpia encima de mi cama.

- ¿y qué? – pregunté con la boca llena.

- Yo sólo te decía. ¿Por qué no sales un rato? Es sábado, quizá a la casa de Ray. – sugirió ella.

- Está con Angel. – la acidez de mi voz no desalentó a mi mamá

- ¿Mikey? – continuó.

- Hoy tenía que ayudar a su mamá a no sé qué.

- ¿Charlotte?

No bromees.

- ¿y Gerard?

- Con su novia.

- ¿Gerard tiene novia? – mamá abrió los ojos desmesuradamente

- No.

- ¿entonces?

- Pero parece que tuviera una – tomé un almohadón y me lo puse en la cabeza.

- ¿estás celosa cariño?

- ¡No, mamá! No lo estoy! – hundí aún más mi rostro en la almohada.

- Si tú lo dices…

Mamá salió de mi habitación y cuando cerró la puerta yo tiré lejos mi almohadón.

La canción estaba por acabar, eso significaba que me tendría que levantar y ponerla de nuevo, cosa que no quería hacer.

Era ridícula mi manera de actuar, estaba alejando – una vez más – a todos de mí. Pero, ahora, era por culpa de Charlotte, se debería haber quedado en New York la muy….sanguijuela.

Golpearon mi puerta tres veces.

- pasé – dije mientras me comía el último pastelito.

- Eso engorda

- ¿Qué haces tú aquí? – era Rachel.

- Necesito tu ayuda – dijo mientras cerraba la puerta de mi habitación.

- ¿Mi ayuda?

- Quiero acabar el colegio, Ok?

- Ah…pensé que querrías ser la reina de la escuela por siempre.

- No me hace gracia. – ella se sentó a la orilla de mi cama.

- A mí sí.

- Me gustaría no ser yo…

- ¿No ser tú? ¡Cualquier persona desearía ser tú! – me senté en mi cama - Eres bonita, le caes bien a todos, te vistes a la moda, siempre tienes algún novio guapo, tienes una lista de chicas que mueren por ser tú y otra tanta que te teme…

- No hay día en que no pueda estar sin arreglarme, a veces, ni siquiera es por gusto, no puedo comer la comida que desearía para no engordar. No les caigo bien a todos, sólo a aquellos que quieren un poquito de fama, tú también has tenido un novio guapo y eso que no eres popular, y todas esas chicas de las que hablas intentan hacer cosas para dejarme en ridículo. No tengo ninguna amiga de verdad. – nunca creí escuchar algo así de parte de Rachel.

- Vaya…

- Estoy sola, Sophie. Sola. Desearía ser tú, o tener la mitad de lo que tienes tú.

- ¿Yo? – la miré con los ojos abiertos – Rachel, yo no tengo nada.

- Claro que sí. Eres inteligente, tienes a dos chicos que babean por ti, tienes amigos y son de verdad, además si te arreglaras un poquito más te verías muy linda.

Dulce y AmargoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora